¡Bernanke extravió 500 mil millones de dólares en swaps!

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Alfredo Jalife-Rahme | jornada.unam.mx | 29-07-2009

Nos encontramos a comienzos del siglo XXI, cuando el avance científico ha sido prodigioso, por lo que un extravío de más de 500 mil millones de dólares en swaps por la Reserva Federal, que conduce Ben Shalom Bernanke, cuesta mucho trabajo digerir, aún a los propios legisladores de Estados Unidos, como Alan Grayson, representante Demócrata de Florida (Huffington Post, 24/7/09).

A la fecha no existe una explicación verosímil, ya no se diga creíble, sobre los 134 mil millones de dólares de bonos del Tesoro que, a mediados de junio pasado, dos japoneses intentaron ingresar a Suiza en un maletín a través de la frontera italiana (Bloomberg, 17/6/09).

Este grave contrabando ha sido exitosamente diluido cuando el gobierno de Estados Unidos ha preferido ahondar en otros fraudes menos comprometedores de cinco rabinos de Nueva York (The Jerusalem Post, 27/7/09).

Ya que hablamos de bonos y de japoneses, cabe recordar el superfraude de un bono japonés por 700 millones de dólares perpetrado por el inolvidable José Madariaga Lomelín (socio del no menos inmemorial Hildebrando Zavala Gómez del Campo), ex presidente de la Asociación de Banqueros de México y del Banco Mercantil Probursa (adquirido por BBV-Bancomer).

Más allá del lavado de dinero, del que ha sido señalado en incontables ocasiones el inimputable José Madariaga Lomelín, lo interesante de este caso macabro –sofocado expeditamente por los bomberos financieros de Joseph-Marie Córdoba y Zedillo– radica en la súbita exposición de este tipo muy sui generis de bonos japoneses que andan muy sueltos en cantidades estratosféricas.

Hechos: durante su comparecencia legislativa, Bernanke, mandamás de la Reserva Federal, declaró en forma asombrosa que desconocía a qué bancos foráneos había otorgado 500 mil millones de dólares en swaps. Por si lo ignora Bernanke, uno de los países destinatarios fue el México neoliberal.

Desde marzo pasado ya nos olía muy rara la masiva inyección de dólares de Estados Unidos a los bancos centrales foráneos (que incluyó a México) por el método de los swaps.

Tal colosal transferencia de swaps se realiza sin la aprobación ni el conocimiento, ya no se diga la vigilancia, del Congreso y la Casa Blanca.

Curioso modelo que practica esquizofrénicamente Estados Unidos: por un lado, la dictadura financiera; por otro, la democracia política relativa (todavía cuenta con el sistema decimonónico del voto indirecto presidencial que beneficia a la plutocracia).

¿Quién gobierna efectivamente Estados Unidos: su dictadura financiera o su relativa democracia decimonónica?

En estos momentos, pese a su debacle bancaria, su relativa democracia política decimonónica todavía está controlada por su dictadura financiera, que se subsume en las hazañas del banco Goldman Sachs.

La tríada Bernanke, Tim Geithner (secretario del Tesoro, que representa los intereses de Wall Street) y Larry Summers (consejero económico presidencial) tiene secuestrado a Obama, ya no se diga al Congreso, lo cual ha desembocado en una situación aberrantemente anómala en su economía: Goldman Sachs gana, mientras Estados Unidos pierde.

Una sola persona, Bernanke, sin haber sido elegido por los ciudadanos estadunidenses, decidió unilateralmente el destino de la colosal suma de los swaps, que representan un intercambio de divisas entre dos países en fechas futuras. Hasta donde nos quedamos, los swaps forman parte de la demencial especulación de los derivados financieros.

El legislador Alan Grayson cuestiona: “¿fue usado el dinero (nota: los swaps) para comprar bonos del Tesoro y apuntalar el dólar? La Reserva Federal dice ignorarlo (¡extra-súper-sic!)”.

Otra anomalía radica en que la misma Reserva Federal, que funge y finge como entidad semipública, está ampliamente controlada por los bancos privados.

La Reserva Federal no considera el cambio de divisas como riesgoso (sic), debido a que posee como colateral a las divisas de los bancos foráneos (nota: incluido México), alegato desechado por Alan Grayson, porque deja de lado el riesgo inherente de la especulación, que es lo mismo que realizan los hedge funds (fondos de cobertura de riesgo).

Algo sucedió con todo el juego y manoseo de las divisas y los swaps para que el balance contable de la Reserva Federal exhiba un pasivo 40 veces mayor a su capital.

A juicio de Alan Grayson, desde que se inició el juego de los swaps y su repercusión en la cotización del dólar, pareciera que Estados Unidos sufrió una pérdida de 100 mil millones de dólares, debido a que el valor de las divisas foráneas en manos de Estados Unidos se depreciaron una quinta parte.

¿Cuánto habrá perdido Banxico en la etapa aciaga del cordobista-zedillista Guilermo Ortiz, con el “crédito swap” por 30 mil millones de dólares que contrajo con la Reserva Federal, sin contar los otros 47 mil millones de dólares en créditos con el Fondo Monetario Internacional? Se recuerda que tales créditos, por un total de 77 mil millones, deben ser pagados. ¿Para qué sirvieron las tan cacareadas reservas del Banxico que parecen haberse esfumado?

¿Se quedó Banxico sin reservas?

¿Cuántos legisladores mexicanos (en especial Emilio Gamboa Patrón, cuya más reciente especialidad parecen ser las guarderías) sabrán qué es un swap y en qué consistió la hipoteca de las divisas de México por la Reserva Federal?

Después de la inyección masiva de swaps, el dólar se apreció sustancialmente mientras el peso se derretía, lo que Bernanke considera como simple coincidencia. Lo real es que la decisión unilateral del Banxico ha resultado en apuntalar al dólar y en socavar el peso.

Alan Grayson insiste en que alguien (sic) tuvo una pérdida mayúscula (¡super-sic!), que obviamente no fue la Reserva Federal. ¿Quién otro puede ser que el México neoliberal, hoy manejado por la kakistocracia (el gobierno de los peores) panista?

Las fuertes ganancias del dólar que obtuvo la Reserva Federal (y su corolario de fuertes pérdidas de los países que, como México, depositan ingenuamente sus divisas en Washington) gracias al operativo swap se debieron, a juicio de Bernanke, a que los bancos extranjeros pagan intereses. ¿A poco Estados Unidos no paga intereses?

El grave problema reside en que la Reserva Federal se encuentra inmune a una auditoría independiente, que ya empieza a ser exigida por Ron Paul, otro representante texano, éste del Partido Republicano.

¿Quién audita en forma independiente al Banxico?

Por lo menos en Estados Unidos existen legisladores preocupados por los manejos turbios de la Reserva Federal, a diferencia de sus homólogos mexicanos, totalmente ausentes de la debacle financiera en curso y quienes se han hecho cómplices, por omisión o comisión, de la conducción dictatorial del Banxico, que confunde las cuentas con los cuentos y gran responsable de la catastrófica devaluación del peso –junto con Calderón y Carstens, desde luego.

Es urgente quitar la autonomía al Banxico, que goza de inimputabilidad dictatorial en la rendición democrática y transparente de las cuentas.

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Test bancario en EEUU

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El Tesoro de EEUU evalúa las necesidades de capital de los grandes bancos. El resultado del stress test, que se ha retrasado, incluye diversos escenarios para calcular las supuestas pérdidas bancarias. Según Nouriel Roubini, la recesión en EEUU ya supera al peor de estos escenarios oficiales.

Las bolsas de medio mundo se están viendo impulsadas por los inesperados beneficios que ha registrado Goldman Sachs en el primer trimestre de 2009. Sin embargo, es pronto para lanzar las campanas al vuelo. El Gobierno de EEUU está estudiando los balances de los 19 bancos más importantes del país con el fin de estimar los agujeros financieros que aún acumulan y así poder inyectar el capital necesario, ya sea público o privado, para evitar nuevas quiebras bancarias.

Se prevé que la publicación de los resultados del citado test se retrasen hasta finales de abril para no detener la euforia que últimamente vive la banca. Y es que, dichas subidas bursátiles chocan con las previsiones de algunos destacados inversores, tales como George Soros, Jim Rogers o el profesor de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini. Todos ellos coinciden en que los grandes bancos del país son insolventes.

En este sentido, Roubini considera en su último análisis que la grave crisis económica que sufre la primera potencia mundial supera al peor escenario que contempla el stress test del Tesoro y la Agencia de Garantía de Depósitos (FDIC) a la banca del país. Así, los datos macro correspondientes al primer trimestre de 2009 superan las previsiones de referencia contempladas por el FDIC en para 2009 e, incluso, las más pesimistas.

El test bancario se centra en la posible evolución de tres variables básicas -crecimiento, desempleo y depreciación de activos inmobiliarios- para estimar las posibles necesidades de capital que precisará la gran banca de EEUU. Tal y como refleja Roubini, el escenario base que emplea el Gobierno ya no sirve como referencia. Es el “escenario más adverso” el que debe servir de base para evaluar la insolvencia real de las entidades a la vista del creciente deterioro económico que sufre el país.

La siguiente tabla muestra los datos trimestrales:

test01

Desempleo

La tasa de paro en EEUU ascendió al 8,1% en el primer trimestre de 2009 y, por tanto, supera al escenario base (7,8%) y al más adverso del test bancario (7,9%). El problema es que la mayoría de analistas coinciden en que el desempleo seguirá creciendo a lo largo del año, y se prevé que supere el 10% e, incluso, el 11% a finales de 2009. De hecho, este dato superaría el paro que contempla el peor escenario del FDIC para 2010 (10,5%).

Así, por ejemplo, en una reciente nota Standard & Poor´s prevé que la recuperación económica no se produzca hasta finales de 2010 con tasas de desempleo superiores al 10%. Un escenario mucho más realista que los contemplados por el Gobierno de EEUU para estimar la debilidad de la banca. Además, un desempleo superior al 12% pondría en aprietos aún más serios a la mayoría de entidades debido al creciente volumen de impagos crediticios.

Recesión económica

Algo similar ocurre con la evolución del PIB en EEUU. La realidad supera al “escenario más adverso” del FDIC. El consenso económico prevé una contracción del PIB próxima al 5% anual en el primer trimestre de 2009, en línea con el escenario base. Aunque otras estimaciones de organismos privados, como el de Goldman Sachs y el de Paul Kasriel, analista de Northern Trust, se aproximan al peor escenario del FDIC.

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Precios inmobiliarios

Por último, el desplome que ha experimentado el precio de la vivienda en EEUU también supera al “escenario base”, tras registrar caídas superiores al 14% interanual. En realidad, el precio de los activos inmobiliarios registra descensos próximos al 20%, y descensos acumulados superiores al 26% interanual, tal y como avanzó LD. Es decir, la depreciación de activos está ya en línea con el “escenario más adverso” del test bancario (-22%).

El siguiente gráfico compara la evolución real de precios con las previsiones del Tesoro en su escenario de referencia y en el más pesimista -la caída de precios en enero se situó en línea con el “escenario más adverso” del test oficial-.

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De este modo, Roubini advierte de que los “actuales datos macroeconómicos para 2009 son ya peores que el peor escenario que contempla el stress test“. Por ello, es éste último y no el escenario base el que servirá de referencia para evaluar las necesidades de capital de la banca estadounidense. De ahí que los analistas e inversores no confíen demasiado en los buenos resultados que presentan algunas entidades en el primer trimestre del año, informa Bloomberg. No se descarta una tercera ronda de inyección pública a la banca e, incluso, la nacionalización parcial de entidades, tal y como alertó recientemente Roubini.

* Tomado de Libertad Digital

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Un homenaje inmerecido a Friedman – Monumento a la explotación de los muchos por unos pocos

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Los planes de la Universidad de Chicago, anunciados en junio, de establecer un instituto de investigación económica con el nombre del ganador del premio Nobel Milton Friedman, profesor monetarista, propugnador del libre mercado, en la universidad de 1946 a 1976, enfrentan una fuerte oposición ni más ni menos que de los propios colegas de Friedman en la universidad.

Friedman fue considerado por doquier como líder espiritual de la Escuela de Chicago de economía monetaria, que subraya la importancia abrumadora de la cantidad de dinero como instrumento de la política económica gubernamental como determinante de ciclos de negocios e inflación. También fue un franco defensor de los mercados libres, a los que vinculó inevitablemente con la libertad política.

Friedman recibió el Premio Nobel/ Nobel/Sveriges Riksbank de economía en 1976. El comunicado de prensa del premio mencionó que Friedman acuñó el término “el dinero importa” o incluso “sólo el dinero importa” como un eslogan atrayente para el monetarismo. El 17 de noviembre de 2006, un día después de su muerte a los 94 años, el Wall Street Journal publicó un artículo de opinión de Friedman intitulado: “Por qué importa el dinero.”

El comunicado de prensa oficial del premio explicó la elección de Friedman como sigue:

Este fuerte énfasis en el papel del dinero debiera ser visto a la luz de como economistas – usualmente propugnadores de una interpretación estrecha de la teoría keynesiana – han ignorado casi enteramente durante mucho tiempo, la importancia del dinero y de la política monetaria al analizar ciclos macroeconómicos que afectan a los negocios y la inflación. Hasta comienzos de los años cincuenta, Friedman fue pionero en la fundamentada reacción a la anterior parcialidad pos-keynesiana. Y tuvo éxito – sobre todo gracias a su independencia y brillantez – en el inicio de un debate científico muy animado y fructífero que ha estado continuando durante más de una década. De hecho, los modelos macro-econométricos de la actualidad difieren considerablemente de los de hace un par de decenios en cuanto a los factores monetarios – y esto se debe en gran parte a Friedman. El amplio debate sobre las teorías de Friedman también llevó a reexaminar políticas monetarias aplicadas por los bancos centrales – en primer lugar, en EE.UU. Es muy raro que un economista ejerza tanta influencia, directa o indirectamente, no sólo sobre la dirección de la investigación científica sino también sobre políticas efectivas.

El comunicado de prensa fue objetivo en algunos aspectos y categóricamente inexacto en otros. Es exacto que Friedman subrayó fuertemente el papel del dinero. Pero es inexacto si se describe a Friedman como alguien que invirtió el sentido de la “interpretación estrecha” de la teoría keynesiana, porque “sólo importa el dinero” es literalmente un enfoque reductor en medio de la amplia gama de factores que la teoría keynesiana considera normalmente en la formulación de política económica, incluyendo factores monetarios.

Es exacto decir que Friedman fue un temprano pionero en la reacción al post-keynesianismo, pero no es exacto calificar al post-keynesianismo de parcial. De hecho “sólo el dinero importa” sonaba definitivamente más parcial a la mayoría de los oyentes. La reacción de Friedman al keynesianismo es difícilmente bien fundamentada, aunque hay que reconocer que es reaccionaria. Como señaló el informe de prensa, el énfasis en el dinero de Friedman es importante para el análisis del ciclo de los negocios y la inflación. Pero los ciclos de los negocios no son la economía, son sólo un aspecto de ella. De hecho, la falla fundamental de Friedman es su obsesión por el ciclo de negocios tal como lo expresa el mercado bursátil, en lugar de considerar toda la economía con una amplia variedad de aspectos de meta-finanzas tales como la economía agrícola, la economía laboral, la economía de la población, la economía de la guerra, de la contaminación, del desarrollo, etc. La lista es larga e interconectada y cualquier economista que ignore parte de la lista corre riesgo de ser parcial.

El mercado es sólo el registro transaccional de la economía. Estudiantes de la economía de mercado tienden a confundir los negocios, que son transados en el mercado, con la propia economía en su conjunto. Es el problema con los economistas de las escuelas empresariales que realmente debieran ser llamados “negocio-mistas” en lugar de econo-mistas porque por definición y por propósito no se preocupan de ‘eco’, la palabra griega oikos, que quiere decir “casa”. La palabra describe las complejas relaciones simbióticas de todos los organismos vivientes en relación con su entorno en el eco-sistema. Los negocios son sólo un subsistema del ecosistema socio-económico. El objetivo de los negocio-mistas es alejar el ciclo de negocios de caídas recurrentes incluso si significa que se destruye la economía al hacerlo. Para lograr ese objetivo, se inventaron los bancos centrales.

Con lo dicho no se pretende denigrar a los expertos en negocios. Todos los expertos, por limitado que sea su campo, realizan funciones útiles, y los expertos brillantes merecen admiración. Sólo sucede que debieran abstenerse de fantasear que son generalistas que tratan la economía. Los negocios existen para obtener beneficios para el empresario y no hay nada malo en eso mientras se observen las reglas éticas. A diferencia del negocio, la economía existe para realzar el progreso en la civilización. Lo primero es artificial, lo segundo es real. El problema crucial en las últimas décadas de monetarismo de Friedman no ha sido que importe el dinero sino que importa demasiado.

Friedman también escribió copiosamente sobre política pública, siempre con un énfasis primordial en la preservación y extensión de la libertad pública, yendo más allá de la economía. Sus libros, columnas en los periódicos, comparecencias personales en los medios, y una serie en 10 partes en 1980 en Public Television con el grandioso título de “Libertad de Elegir,” seguida por una segunda serie en tres partes en 1984, que en conjunto ocuparon más tiempo en el aire que la serie en 10 partes sobre la Civilización de Kenneth Clark, le convirtieron en un influyente formador de opinión nacional, más allá de la economía. Con el tiempo, Friedman se transformó fácilmente del papel de sociólogo al de evangelista trotamundos, pregonador de la fe en lo que más adelante un banquero central japonés llamó ‘economía de poción milagrosa’.

En 1988, Friedman recibió la Medalla Nacional de la Ciencia de la Fundación Nacional de la Ciencia y la Medalla Presidencial de la Libertad del presidente Ronald Reagan. Alentado de esa manera, Friedman pasó a publicar en 2002 “Capitalismo y libertad,” en el que se hizo apasionadamente eco de llamados oficiales para extender la libertad económica individual y limitar la acción gubernamental, excepto en asuntos exteriores. El libre comercio, oficialmente apoyado por seudo-ciencia, se ha convertido desde entonces en el foco central de la política exterior “transformacional” de EE.UU. para llevar la libertad a todo el mundo. Es Adam Smith puesto patas arriba.

El presidente George W Bush ha defendido una agenda de libre comercio en términos moralistas. “El libre comercio no es sólo una oportunidad económica, es un imperativo moral,” declaró en un discurso del 7 de mayo de 2001. “El comercio crea puestos de trabajo para los desocupados. Cuando negociamos a favor de mercados abiertos, estamos suministrando nuevas esperanzas para los pobres del mundo. Y cuando promovemos el comercio abierto, promovemos la libertad política.” Aunque esas afirmaciones siguen siendo altamente controvertidas cuando son examinadas con datos reales, explican por qué Friedman, un economista de libre comercio, recibió la Medalla Presidencial de la Libertad.

Phyllis Schlafly, una columnista conservadora publicada en todo el país, respondió tres semanas después en un artículo “El libre comercio es un tema económico, no moral”. En él señala que mientras los conservadores deberían estar felices de tener por fin un presidente que agregue una dimensión moral a sus acciones:

La Biblia no nos instruye respecto al libre comercio y no es uno de los Diez Mandamientos. Jesús no nos dijo que Le siguiéramos por el camino al libre comercio… Tampoco existe algo en la Constitución de EE.UU. que nos exija que apoyemos el libre comercio y que execremos el proteccionismo. En los hechos, el proteccionismo fue el sistema económico en el que creían y que practicaban los artífices de nuestra Constitución. Los aranceles proteccionistas fueron la fuente principal de ingresos de nuestro gobierno federal desde su comienzo en 1789 hasta la discusión de la Enmienda 16, que creó el impuesto federal a los ingresos, en 1913. ¿Fueron negligentes todos esos responsables públicos, durante esos más de cien años, al no adherir a una “obligación moral” de libre comercio?

A duras penas puede decirse que hayan sido negligentes, argumenta Schlafly, cuyos puntos de vista fueron dignos de mención porque la política de EE.UU. estaba en esos días atrapada en una lucha entre paleo-conservadores construccionistas estrictos y neoconservadores moral-imperialistas. A pesar de la ascendencia del neoimperialismo en la política exterior de EE.UU. el proteccionismo sigue siendo fuerte en la cultura política de EE.UU., particularmente entre conservadores y en el movimiento sindical. Y ahora en 2008, un nuevo populismo crece contra la versión estadounidense del libre comercio.

Redefiniendo la moralidad humanista, EE.UU. afirma que el comercio mundial es un imperativo moral y que un libre comercio semejante impulsa la democracia, la libertad política y el respeto por los derechos humanos en las naciones que participan en el comercio. Por desgracia, la igualdad de ingresos y de la riqueza no forma parte de los beneficios promovidos por el libre comercio. Incluso si la validez de esa afirmación ideológica deformada no fuera cuestionada, contradice evidentemente la práctica del embargo comercial de EE.UU. contra países que EE.UU. considera antidemocráticos, carentes de libertad política y deficientes en el respeto a los derechos humanos. Si el comercio pudiera promover semejantes condiciones apetecibles, la práctica de vincular el comercio a la libertad equivale a negar medicinas a los enfermos.

El amor es ciego y el engreimiento disimula los defectos como si fueran virtudes. Tal como Rudyard Kipling se enamoró de la magnificencia del colonialismo y vio la explotación racial como “la carga del hombre blanco,” Friedman se enamoró del Hong Kong colonial, seducido por la generosa hospitalidad de sus amos coloniales y compradores de la elite antes de que China recuperara su soberanía en 1997. Friedman confundió el sistema económico colonial de Hong Kong con libre mercado, a pesar de la prolongada historia de Hong Kong como estructura económica colonial de comando altamente organizado. La economía de Hong Kong adorada por Friedman prosperó como resultado de la tensión geopolítica de la Guerra Fría, no de un principio de libre mercado. La crisis financiera asiática que estalló en Tailandia el 2 de julio de 1997, un día después de que China recuperó Hong Kong, hizo caer en desgracia en Asia el fundamentalismo de mercado monetarista.

El nuevo Instituto Milton Friedman será financiado con capital iniciador de la Universidad de Chicago para lanzar una campaña a fin de reunir 200 millones de dólares de donantes privados, que se espera donen cada uno 1 millón de dólares o más, provenientes sin duda de fuentes que se han beneficiado magníficamente con las ideas descabelladas de Friedman.

Edward Snyder, decano de la Escuela de Administración de Empresas [GSB] de la universidad, declaró a Bloomberg News, “que se coloque el nombre de Friedman al instituto honorará al economista, cuyas teorías libertarias ayudaron a difundir los sistemas capitalistas de gobierno, y atraerá a donantes de todo el mundo. Cuando se piensa en la gran batalla entre el socialismo y los libres mercados – encabezó la carga por cuenta de la Universidad de Chicago. Hay mucha gente que donará por su nombre, esfuerzo y legado.” El capitalismo de compinches está dando a luz al intelectualismo de compinches.

En un giro imprevista del “dinero importa” de Friedman, un Comité por la Investigación Abierta de Economía y Sociedad (CORES) ha sido formado para protestar y oponerse al propuesto Instituto Friedman. CORES es co-presidido por Bruce Lincoln, Profesor Caroline E Haskell de Historia de Religiones de la Universidad. Más de otros 100 miembros titulares del cuerpo docente de una amplia variedad de disciplinas que están preocupados por la promoción de la hegemonía doctrinaria por el poder del dinero han firmado una petición oponiéndose al concepto y a la estructura de un instituto cuyo objetivo declarado es promover y legitimar un escolasticismo basado en la ideología, estrecha, controvertida (ampliamente desacreditada por los eventos), incompatible con la tradición de una universidad abierta dedicada a la investigación independiente de la verdad.

Lo que está en juego es la fuerte influencia que la Escuela de Chicago ha ejercido en los últimos decenios sobre la política gubernamental y la actitud de las corporaciones respecto a la exultación basada en la fe de los supuestos méritos del fundamentalismo de mercado que, sin embargo, ha producido evidentes resultados malsanos en todo el mundo durante las últimas dos décadas.

La Escuela de Economía de Chicago está estrechamente identificada con una oposición vehemente a la intervención gubernamental en las economías nacionales y con el rechazo masivo de la regulación en mercados libres. Su inclinación ideológica, basada en su apego a la teoría del precio, es que en temas económicos, o incluso en todos los temas, el mercado siempre lo sabe mejor. Se estima que la intervención gubernamental, incluso si fuera bien intencionada, siempre hace más daño que bien. El adelanto de la civilización puede ser intermediado a través del mecanismo del precio en mercados libres. Este dogma ha sido reforzado por estudios exhaustivos de datos históricos y racionalizado con una amplia reserva de teorías innovadoras para puntear agujeros conceptuales creados por una generalización que no da para más.

La Escuela de Chicago, refugio para fundamentalistas de mercado desairados durante la era keynesiana, comenzó a gozar de un amplio apoyo del establishment después del fin de la Guerra Fría, cuando la única superpotencia restante ya no necesitaba ganar los corazones y las mentes del mundo frenando la explotación sistémica de los débiles por los fuertes. La función del gobierno pasó de la protección de los débiles contra los fuertes, a dar rienda suelta a los fuertes para que desguazaran a los débiles bajo la doctrina de que la supervivencia del más apto fortalece la especie.

Económicamente, el giro comenzó cuando Friedman llegó a ser asesor político del candidato republicano conservador Barry Goldwater en su fracasada campaña presidencial de 1964 contra el demócrata liberal Lyndon Johnson. En su discurso de aceptación de la candidatura Goldwater dijo: “Compatriotas estadounidenses, la marea ha estado actuando contra la libertad. Nuestro pueblo ha seguido a falsos profetas.”

El clímax de su discurso fue: “Quiero recordaros que el extremismo en la defensa de la libertad no es un vicio. Y permitid que os recuerde también que la moderación en la busca de la justicia no es una virtud.” Goldwater atacó el liberalismo de Kennedy/Johnson como una amenaza para la libertad, en violación de las reglas nominales de la epistemología política.

En 1976, Friedman escribió un ensayo que declaraba: “la Gran Depresión fue producida por mala administración gubernamental,” ignorando el hecho histórico de que la no interferencia del gobierno en el mercado durante toda la era posterior a la Primera Guerra Mundial produjo el frenesí del mercado bursátil de los “Felices años veinte”. En todo caso, tanto la no intervención como la intervención son políticas gubernamentales sólo que la primera es positiva y la última normativa.

Las doctrinas fundamentalistas de mercado de la Escuela de Chicago fueron adoptadas con entusiasmo por oportunistas con intereses creados. Por fin, se santificaba el buitreo como una ley positiva natural. La opresión económica mediante el poder desigual en el mercado fue redefinida como ley natural. La Escuela de Chicago gozó de un día al otro de apoyo entusiasta del sector financiero porque sus teorías oblicuas podían ser explotadas para enriquecer de modo espectacular a financistas que buscaban presionar el envoltorio ético del comercio sin interferencia del gobierno. Las instituciones y conglomerados financieros transnacionales utilizaron el fundamentalismo de mercado para tentar a responsables políticos del Tercer Mundo para que aceptaran el neoimperialismo disfrazado de neoliberalismo.

El objetivo de la cruzada evangélica de Friedman era John Maynard Keynes y los keynesianos que dominaron la política gubernamental desde el Nuevo Trato. En realidad, tanto Keynes como Friedman fueron economistas favorables al mercado. La diferencia fue que mientras Keynes proponía salvar al mercado de sus tendencias autodestructivas, Friedman afirmó que el mercado podía autocorregirse con una simple política gubernamental de concentración en el suministro de dinero. El presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker probó la fórmula de Friedman en 1980 con su “nuevo método de operación” de controlar el suministro de dinero mediante una aguda volatilidad de los tipos de interés y casi llevó a que la Reserva Federal perdiera el control de la tasa de los fondos de la Reserva, el instrumento más efectivo para controlar el suministro de dinero sin apelar a la artillería pesada de la tasa de descuento y de los requerimientos de reservas bancarias.

Su sucesor como presidente, Alan Greenspan, también siguió el consejo de Friedman de administración monetarista de la economía y llevó a la economía global a un paseo en coche de dos décadas de burbujas seriales con su uso incontrolado del laxativo de liquidez. En 2007, lanzó al mundo a la peor crisis financiera desde la Gran Depresión. (Vea “Greenspan, the Wizard of Bubble Land,” Asia Times Online, 14 de septiembre de 2005.)

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Caricatura añadida por el editor del Blog

Igual como declarara el presidente Nixon: “Ahora somos todos keynesianos” al reintroducir el control de salarios y precios y separar el dólar del oro en 1971, Larry Summers, Secretario del Tesoro en los últimos años del gobierno de Bill Clinton, escribió: “Todo demócrata honesto admitirá que ahora somos todos friedmanitas,” al rendir tributo a Friedman cuando murió en 2006, cuando las señales de un colapso inminente del fundamentalismo friedmanesco de mercado libre ya eran claramente visibles para los que no operaban en un modo de negación.

La Escuela de Chicago se identifica fuertemente con el monetarismo en la microeconomía. Banqueros centrales, muchos de ellos entrenados por monetaristas de la Escuela de Chicago, se cegaron ante Friedman. El monetarismo de la Escuela de Chicago gozó de un respetuoso temor reverencial de banqueros centrales porque les ofrecía una fórmula simple para manejar problemas complejos. Lo hizo al aceptar que la inflación es siempre y por doquier un fenómeno monetario, lo que los liberó del dilema de elegir entre el pleno empleo y la estabilidad de los precios. Una tasa natural de desempleo es estructural en una economía de mercado y por ello no es por culpa de los banqueros centrales. El pleno empleo ni siquiera es una prerrogativa política del banco central.

Los críticos han señalado que los datos detrás de las teorías de la Escuela de Chicago son recolectados selectivamente y ordenados para que apoyen una ideología preconcebida, lo que es más un sistema vertical de creencias que el resultado de un estudio científico verdaderamente abierto. Las ciencias económicas son un tema complejo. Cualquier tema, por complejo que sea, si es considerado correctamente, se hará aún más complejo. Por otra parte, si es mirado de un modo simplista, puede conducir a conclusiones convenientes pero engañosas. Esta verdad se escapa a numerosos expertos que tienden a evitar meticulosamente pequeños errores mientras pasan rápidamente hacia grandes falencias. Es lo que sucedió con los economistas de la Escuela de Chicago.

En su ensayo de 1953 “”The Methodology of Positive Economics”, Friedman argumenta contra la “confusión básica entre la exactitud descriptiva y la significación analítica que subyace a la mayoría de las críticas de la teoría económica.” El documento afirma que realidades complejas pueden ser científicamente reducidas a simples estructuras fundamentales. Y la prueba de esta hipótesis son sus frutos. Una teoría es la forma en la que percibimos “hechos” y no podemos percibir “hechos” sin una teoría.

David Hume (1711-86) señaló en su “Investigación sobre el entendimiento humano” que ya que la conclusión de una inferencia válida no podía contener información no encontrada en la premisa, no podía haber una conclusión válida de los fenómenos observados a los no-observados.

Immanuel Kant (1724-1804) emancipó el dominio humano del conocimiento del escepticismo de Hume. En su “Crítica de la razón pura” (1781), subrayó la contribución del conocedor al conocimiento. Mientras admite que los tres grandes temas de la metafísica – Dios, libertad e inmortalidad – no podían ser determinados lógicamente, afirmó que su esencia no es una presuposición necesaria. En sus subsiguientes publicaciones: “Crítica de la Razón Práctica” (1788) y “Crítica del Juicio” (1790), Kant estableció como una ley moral su famoso imperativo categórico que requiere acciones morales para ser incondicional y universalmente vinculante para la buena fe absoluta.

La buena fe está extraordinariamente ausente en el fundamentalismo de mercado. Dios y la inmortalidad parecen haber sido reivindicados por algunos fundamentalistas de mercado sobre la base de su supuesta lógica sobre el tema de la libertad.

Preguntas positivas/normativas se distinguen por la dicotomía “es/debiera.” John Neville Keynes, padre menos conocido de John Maynard Keynes, dividió las ciencias económicas en “positivas” (el estudio de “lo que es”, y la forma como funciona la economía), “normativas” (el estudio de lo que “debiera ser”), y el “arte de las ciencias económicas” (ciencias económicas aplicadas – como convertir “lo que debiera ser” en “lo que es”). Entonces, la intervención es ineluctable para el progreso.

En el mismo ensayo de 1953 sobre el positivismo, Friedman trató de negar la dicotomía “es/debiera” argumentando que las respuestas a las cuestiones sobre “debiera” dependen necesariamente del establecimiento previo de “lo que es”. No obstante, la mayoría de los críticos de la metodología positiva de Friedman piensan que estaba argumentando contra las ciencias económicas normativas y por lo tanto asumen que sólo argumentaba a favor de las ciencias económicas positivas. Sin embargo, “lo que es” determina “lo que debiera ser,” lo que se refleja sobre el juicio del valor del economista aplicado. Por lo tanto la metodología positiva debe preceder a las prescripciones normativas. Pero si se utiliza la metodología positiva para justificar “lo que es” sin proceder a “lo que debiera ser”, la investigación positiva se hace superflua.

La afirmación de la Escuela de Chicago de que la prosperidad provendrá de mercados dejados libres de interferencia gubernamental es cuestionada por los hechos revelados. Crisis financieras recurrentes parecen haberse concretizado en un modelo de ciclos de diez años, como lo evidencian las bajas de 1987, 1997 y 2007. A estas alturas, después de tres décadas de dominación hegemónica en la política gubernamental y en la filosofía de la empresa privada, la teología de la Escuela de Chicago ya no puede descansar sobre su plataforma segura de poder político disfrazado de supremacía teórica.

El colapso del fundamentalismo de mercado en economías por doquier pone a prueba la teología de la Escuela de Chicago. Su gran mentira ha sido desenmascarada por hechos a dos niveles. La afirmación de los Chicago Boys de que la ayuda a los ricos ayudará también a los pobres no sólo es desenmascarada como falsa, resulta que el fundamentalismo de mercado daña no sólo a los pobres y a los que carecen de poder: daña a todos, ricos y pobres, pero de maneras diferentes. Cuando los salarios son mantenidos a bajo nivel para combatir la inflación, el régimen de salarios bajos causa sobrecapacidad a través de sobre-inversiones por exceso de beneficios. Y la relajación monetaria bajo tales condiciones produce híper-inflación que también afecta a los ricos. Los frutos del test de Friedman están a la vista – y son todos pésimos.

La ascendencia política de la Escuela de Chicago se desarrolló alrededor del núcleo de monetarismo macroeconómico, del cual Friedman fue el principal gurú. “El dinero importa” se convirtió en su eslogan popular. Pero el eslogan es sólo verdad a medias. El dinero importa lo suficiente para que no sea sólo un tema económico; es un importante tema político. Los estudiosos de historia monetaria saben que el dinero ha sido un tema de intensa discordia política a través de toda la historia. Para EE.UU., una nación comparativamente nueva determinada a buscar una nueva forma de gobierno mediante la democracia popular, el tema del dinero apareció en cada capítulo de su historia política.

Pero la Escuela de Chicago es más que sólo un movimiento de teoría económica. En las últimas décadas, se ha convertido en un agente agresivo del imperialismo intelectual, abordando el polvoriento manto del darwinismo social, aplicando sus doctrinas económicas a otras disciplinas como ser las ciencias políticas, la teoría legal, la historia, la sociología, las relaciones internacionales e incluso la teología.

Enriquecerse se ha convertido en el equivalente de hacer un trabajo divino en el capitalismo de mercado. Sin embargo, muchas religiones consideran la actitud hacia el dinero como más indicativa a menudo del verdadero valor de una persona que la mera posesión de este último. Lo mismo vale para las civilizaciones. Esto explica el motivo por el cual sociedades modernas, cuyos miembros pueden obsesionarse por una búsqueda determinada de riqueza material, se enfrentan constantemente a crisis recurrentes de valores. La búsqueda de la maximización de la riqueza lleva inevitablemente a la traición de valores humanos que de otra manera vedarían la explotación desmedida de otros y el desdén impersonal hacia ellos. Los valores humanos no pueden ser intermediados a través del precio, a pesar del infame memorando del Banco Mundial de Larry Summers sobre la eficiencia económica lograda a través de la adjudicación de la contaminación al Tercer Mundo.

Los súper-ganadores en el capitalismo de mercado son no sólo respetados y admirados por lo que hacen para ganar en el mercado sino también por su supuesta sabiduría en la vida. Se les busca constantemente para que opinen sobre los grandes problemas de nuestros tiempos, incluso a aquellos que están muy alejados de sus campos de competencia.

La Universidad de Chicago apuntó históricamente a alentar una comunidad de hombres de letras de diversos puntos de vista y experticia para germinar amplias ideas sobre grandes problemas sociales, no a través de la realización de una tímida investigación empírica sobre el status quo, sino de atrevidos saltos nuevos de intelecto puro que serán temas futuros de investigación empírica, como bajo las presidencias de gigantes de la educación como William Rainey Harper y Robert Maynard Hutchins. Es por lo tanto irónico que sea la sede de la Escuela de Ciencias Económicas de Chicago, vista generalmente como una plaza fuerte doctrinaria.

En 1856, el senador demócrata Stephen A Douglas, famoso por los debates Lincoln-Douglas, quien introdujo la doctrina Freeport contra la esclavitud que permitió que los nuevos territorios excluyeran la esclavitud en nombre de la soberanía popular, ofreció una donación de 0,4 hectáreas de terreno a los presbiterianos “para un lugar para una Universidad en la Ciudad de Chicago.” Los elitistas presbiterianos declinaron y la oferta recayó por defecto en la populista Primera Iglesia Bautista de Chicago, que creía que la gracia de Dios es para todos y no sólo para individuos predestinados.

Los administradores bautistas se apoyaron en cuotas suscritas por ricos chicaguenses para financiar el edificio de la universidad. Sin embargo, el Gran Incendio de 1871 y el Pánico de 1873 destruyeron el valor de una gran parte de las cuotas que habían sido conseguidas incondicionalmente. Esas calamidades endeudaron considerablemente a la universidad, que nunca pudo pagar sus deudas. La puesta en marcha del 16 de junio de 1886, marcó el fin de la primera Universidad de Chicago.

Para mantener en vida a la Universidad, el administrador bautista Thomas Goodspeed pidió apoyo financiero a John D Rockefeller, también devoto bautista, que nunca había visitado Chicago. En esos días, Rockefeller estaba pensando en crear una gran universidad bautista en Nueva York. Después de negociaciones entre Nueva York y Chicago, con la intermediación del clérigo bautista Frederic Taylor Gates y del erudito judío William Rainey Harper, Rockefeller optó por Chicago. Gates fue un asesor crucial para convencer a Rockefeller de su necesidad de filantropía a fin de desarrollar un propósito social para su enorme riqueza y para reconstruir la imagen pública de su nombre apoyando proyectos e instituciones dedicadas al bien público.

Con la Ley Interestatal de Comercio de 1887 y la inminente Ley Antimonopolista Sherman de 1890, Chicago tenía la ventaja de estar lejos de Wall Street y de que evitaría el habla sobre una relación especial entre intereses adinerados y la nueva universidad. La Escuela de Ciencias Económicas de Chicago y el propuesto Instituto Milton Friedman parecen haber superado totalmente una susceptibilidad semejante.

En 1890, Rockefeller aceptó donar 600.000 dólares (el equivalente de 14 millones de dólares en dólares de 2008 – muchos menos de lo que se busca ahora para el Instituto Milton Friedman) si los chicaguenses locales ofrecían otros 400.000. Goodspeed recurrió al banquero y filántropo de Chicago, Charles Hutchinson, para que dirigiera a la élite de Chicago para que cumpliera con la condición de Rockefeller y así nació la nueva universidad. El comerciante Marshall Field donó el terreno para un nuevo campus en Hyde Park.

Harper fue nombrado presidente y abrió la nueva Universidad de Chicago el 1 de octubre de 1892. Fue un prodigio académico que obtuvo un doctorado en Yale a los 18 años. Formado en hebreo y estudios bíblicos, Harper disponía de competencia lingüística en arameo, árabe, siríaco, y acádico. Como primer presidente de la nueva universidad, anticipó un glorioso futuro para la Universidad de Chicago, que sería destinada a competir con las ocho universidades más prestigiosas de EE.UU., como Harvard y Yale, no copiándolas sino dejándolas atrás. Rockefeller hizo su primera visita a la universidad recién en 1897, la que terminó por crecer hasta ser una de las mayores del mundo. También marcó el inicio de un masivo programa de filantropía de Rockefeller en la educación en todo el globo.

Los últimos decenios del Siglo XIX fueron un período turbulento para la economía de EE.UU. Graves pánicos financieros y crisis agrícolas aparecieron junto con la emergencia de monopolios que actuaron como comadrones para el nacimiento de la economía industrial. La concentración de la propiedad a través de finanzas depredadoras, mientras facilitaba un crecimiento espectacular, causó resentimiento público debido al fraude generalizado, la manipulación financiera y el abuso de la fuerza de trabajo. Cruzadas agrarias y sindicalismo fueron enfrentados con indescriptible violencia por parte de capitalistas y gerencias que contrataron a matones como fuerzas de seguridad privada que prácticamente tomaron la ley en sus propias manos. Reformadores populistas como Henry George, monetaristas bimetálicos, progresistas, e incluso republicanos Silveritas entraron en escena y buscaron consejo de economistas progresistas para un apoyo conceptual para sus posiciones políticas.

La nueva Universidad de Chicago, encargada de la visión de Harper de sobrepasar a los centros de poder académicos del este, inició un agresivo programa de agenciarse de jóvenes estrellas ascendientes de instituciones destacadas, una estrategia copiada posteriormente por todas las universidades con medios financieros. Como prácticamente todos los economistas respetables de la época eran, en diferentes grados, apólogos que defendían el nuevo capitalismo industrial, con todos sus defectos, la universidad invitó en 1892 al economista archi-conservador J Laurence Laughlin a formar su primer departamento de ciencias económicas. Laughlin había estudiado bajo Charles Dunbar en Harvard, más tarde abandonó el entorno académico para hacer una pequeña fortuna en los seguros, y luego volvió para enseñar en Cornell durante dos años antes de recibir el llamado de la Universidad de Chicago.

En la universidad, Laughlin estableció una tradición de expansión del espacio intelectual y nombró a varios institucionalistas, notablemente a su antiguo estudiante en Cornell, Thorstein Veblen, para que dirigieran el Journal of Political Economy de Chicago. “Teoría de la clase ociosa,”, una crítica clásica del consumismo, fue escrita por Veblen.

El propio Laughlin, ávido partidario del libre mercado, junto con Frank Taussig en Harvard, Arthur T Hadley y el social darwinista William Graham Sumner, ambos en Yale, se negaron a ser miembros de la Asociación Económica Estadounidense, que había sido concebida por la “nueva escuela” como equivalente en EE.UU. de la “Asociación de Política Social,” Verein fur Sozialpolitik, alemana, convirtiendo por defecto a la asociación en un baluarte de los emergentes institucionalistas. La reputación de Laughlin en el establishment se basa en su trabajo en la economía monetaria, como elocuente oponente al bimetalismo y enérgico impulsor del sistema de bancas centrales.

Los American Apologists [economistas y sociólogos archi-conservadores de fines del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX, N. del T.] emplearon argumentos religiosos y morales para defender el status quo del capitalismo industrial como obra de “leyes eternas de la economía, benditas por Dios y la moral, incluso si no es totalmente justo. Todo intento de interferir, como ser la legislación anti-monopolista o sindicatos legalizados, era antinatural si no directamente inmoral, y terminaría por significar la autodestrucción de la especie humana, destruyendo su instinto de supervivencia. Veblen, junto con Henry J Davenport y Frank H Knight, lo pasaron regio ridiculizando a los Apologists con sus propias declaraciones insensatas.

Frank H Knight, conocido como el “Gran Patrón” de Chicago, era tan respetado como Joseph Schumpeter en Harvard. Junto con Jacob Viner, Knight presidió el Departamento de Ciencias Económicas de Chicago desde los años veinte hasta fines de la década de los cuarenta, y jugó un papel central en el establecimiento del carácter del departamento. Su famosa disertación “Riesgo, Incertidumbre y Beneficio” (1921), sigue siendo una de las lecturas más interesantes sobre economía, particularmente en estos días.

Knight hizo una distinción entre el “riesgo” y la aleatoriedad con probabilidades cognoscibles y la “incertidumbre” resultante de la aleatoriedad con probabilidades incognoscibles, que es conocida ahora como Teoría del Cisne Negro, acuñada por Nassim Nicholas Taleb, el brillante teórico sobre finanzas cuantitativas. Frank planteó el papel del empresario en una teoría característica del beneficio e hizo una de las primeras presentaciones de la famosa ley de las proporciones variables en la teoría de la producción.

Viner fue un keynesiano al revés en que creía que las depresiones se debían a que la deflación en los precios de producción ocurría a un ritmo más rápido que el colapso en costes. La recuperación, creía, requería una restauración de los márgenes de beneficio, incluso si se producía una inflación inducida por el gobierno, pero no centrándose en la expansión monetaria o en la inflación, sino más bien mediante gastos fiscales deficitarios para crear el necesario aumento de precios mientras los costes seguían rezagados y los beneficios aumentaban. Friedman describió erróneamente a Viner como un monetarista de la primera hora. El agujero en la receta de Viner es que sin aumento de los salarios o pleno empleo, no puede recuperarse ninguna depresión. Es particularmente verdad en la actualidad cuando la sobrecapacidad es un problema central. Como descubrió Henry Ford, el camino al beneficio es mediante salarios más elevados que los de subsistencia mínima.

El empuje intelectual de la Escuela de Chicago de 1920 a 1950 difirió significativamente de su encarnación posterior. Dirigida por Knight, la escuela sospechaba fuertemente de la metodología económica positiva para el estudio del trabajo normal de la economía. Los miembros del cuerpo académico denunciaron el imperialismo intelectual, argumentando a favor de un papel limitado para el análisis económico. Sospechaban de las afirmaciones de eficiencia de la economía del laissez-faire, y las aceptaban sólo sobre una base no-consecuencial. La eficiencia no es contagiosa; tiende a aumentar mediante una disminución de la eficiencia en otras áreas.

Los Chicago Boys de esta era aceptaron políticas activas del gobierno para curar recesiones, incluidas el Plan Chicago de Henry Simons para una política monetaria anticíclica. En la facultad estaba Paul Douglas, apasionado liberal del Nuevo Trato, quien partió para ser senador de EE.UU. con gran influencia incluso en la política exterior. Mediante la Escuela de Sociología de Chicago, Douglas desarrolló una afinidad intelectual con Jane Adams, reformadora social y la primera mujer estadounidense en recibir el Premio Nobel de la Paz. Otro miembro fue el socialista activo Oskar Lange quien desarrolló un modelo para el socialismo de mercado. Se esperaba que Lange llegara a ser un personaje importante en el departamento pero abandonó Chicago a fines de la Segunda Guerra Mundial para unirse al nuevo gobierno comunista en Polonia y sirvió como su embajador ante la nueva Naciones Unidas.

En la década de los sesenta, el departamento comenzó a cuajar en una nueva forma, dirigida por George J Stigler y Friedman. A esto se refieren a veces como la Segunda Escuela de Chicago, famosa por su polémica anti-keynesiana. Terminó por ser conocida como la Escuela de Ciencias Económicas de Chicago, tal como se entiende actualmente ese término. El período Stigler-Friedman de economía neoclásica niega obstinadamente la posibilidad del fracaso del mercado, con una hostilidad militante contra la competencia imperfecta que restringe el ingreso al mercado, como en el caso de los monopolios. Los Chicago Boys de esta era se vieron a sí mismos como instrumentos natos de perdición de la economía keynesiana.

Los Chicago Boys fueron destacados propagandistas, que hicieron buen uso de sus dos publicaciones influyentes – la Journal of Political Economy y la Journal of Law and Economics – como heraldos de la verdad. Aprendiendo del éxito secular de la Escuela de Economía de Manchester, de libre comercio, que había sido reforzada por apoyo político directo del gobierno británico y por el patrocinio financiero de la industria, la Escuela de Chicago se concentró en la forja de alianzas ideológicas dentro de Washington con conservadores sobre temas internos y con neoliberales en cuestiones internacionales, alianzas financieras con banqueros de Wall Street que querían menos interferencia gubernamental, y alianzas con banqueros centrales que querían fórmulas simples que los absolvieran de ser responsabilizados.

Esos fundamentalistas de mercado se ocultaron detrás de sus vigorosas metodologías de investigación para secuestrar a la verdad como su propiedad privada, a pesar de que otros economistas igualmente vigorosos sacaban conclusiones diametralmente opuestas, pero menos sensibles a los intereses adinerados. Los Chicago Boys capturaron rápidamente puestos clave en el aparato político del gobierno y puntos de poder en la administración de los negocios para vengarse por sus años en el desierto durante la era keynesiana.

En la microeconomía, dirigidos por George Stigler, el paradigma neoclásico fue ampliado para incorporar nuevas observaciones sensibles al análisis económico, allanando nuevos derroteros con interpretaciones económicas del capital humano, de los derechos de propiedad y de los costes de transacción, asignando valores mensurables a todas las cosas para que la utilidad marginal pudiera informar la toma de decisiones.

Era un enfoque que permitía que la eficiencia eclipsara a la dirección. No importaba adonde iba la nación mientras lo hiciera rápido y a bajo coste. Los negocios y las finanzas, previamente de incumbencia para las escuelas vocacionales, fueron introducidos a la filosofía del campo intelectual en la universidad e incorporados a la economía neoclásica. La planificación corporativa se hizo indispensable para la supervivencia y para empresas respetables, pero la planificación nacional fue considerada como una amenaza para la libertad. Los beneficios comenzaron a lograr una condición equivalente a la inmortalidad. Las ciencias políticas y la teoría institucional fueron reestructuradas para que tuvieran una base financiera en lugar de un fundamento económico, incluso en el caso de la seguridad nacional y las relaciones internacionales.

A un cierto nivel, la controversia del Instituto Milton Friedman en la Universidad de Chicago es un tema local en una universidad privada. Pero la Universidad de Chicago es una institución de clase mundial con conexiones e influencia en todo el mundo.

Lo que sucede en Chicago conlleva amplias implicaciones en otros sitios del mundo.

En ese ámbito, la lucha en Chicago es global. Instituciones de educación superior por doquier luchan todas contra el uso ilegítimo de recursos financieros abrumadores, mal ganados, para perpetuar ideologías defectuosas que han racionalizado semejantes ganancias mal obtenidas a costas del bienestar de miles de millones de personas en todo el mundo, y para aumentar ciegamente la eficiencia de un régimen de explotación global. El problema es especialmente agudo en las economías emergentes.

La lucha en la Universidad de Chicago podría actuar como un fanal en todo el mundo para despojar al fundamentalismo de mercado de su pretensión seudo-científica y desenmascararlo como un artefacto propagandístico para racionalizar la explotación de los muchos por unos pocos en todo el mundo.

————–

(El profesor Lincoln de CORES alienta a todos los que se identifican con la lucha en Chicago a expresar su apoyo a través del sitio en la Red mencionado a continuación: http://www.stat.uchicago.edu/~amit/MFI/)

Henry C K Liu es presidente de un grupo de inversiones privadas basado en Nueva York.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

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Henry CK Liu

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Pánico en EEUU: los inversores prefieren perder dinero a mantenerlo en el banco

EEUU, Entidades Financieras, Globalización Económica, Neoliberalismo, Recesión No hay Comentarios »

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Jornada negra histórica. Tras el rescate público de AIG, han saltado los rumores acerca de una posible fusión de Morgan Stanley, al tiempo que el banco británico HBOS ha negociado su fusión con Lloyds. Además, el Tesoro de EEUU inyectará 40.000 millones de dólares a la Reserva Federal para mantener sus vías de financiación a la banca. El pánico ha atenazado a los inversores, que han acudido en masa a comprar deuda pública, aun perdiendo dinero, antes que mantener sus saldos en el banco. El precio del oro también se ha disparado en los mercados.

LD (M. Llamas) La jornada del miércoles será recordada como una de las más negras de la historia financiera reciente. Pese a que la Reserva Federal (Fed) ha acudido al rescate de la aseguradora AIG, mediante la concesión de un crédito de 85.000 millones de dólares, la quiebra de Lehman Brothers el lunes, sumado a la compra de Merrill Lynch por parte del Bank of America y la nacionalización de los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac la pasada semana, han desembocado en una situación de pánico bursátil en EEUU similar e, incluso, peor a la vivida tras la quiebra de Bear Stearns el pasado mes de marzo.

La Bolsa de Nueva York cerró con una caída del 4,09 por ciento en el Dow Jones de Industriales. Según los datos disponibles al cierre, dicho índice, el más importante de Wall Street, bajó 451,88 puntos (4,09%) hasta 10.670,14 unidades.

La bolsa de EEUU cae un 4,09 por ciento

El mercado Nasdaq descendió 109,05 puntos (4,94%) hasta 2.098,85 unidades, mientras que el selectivo S&P 500 retrocedió 57,54 puntos (4,74%) hasta 1.156,06 unidades. Mientras, la bolsa española bajó el 2,29 por ciento y concluyó la sesión en el mínimo anual de 10.661,40 puntos, afectada por los problemas del sector financiero y por la publicación de malos datos de coyuntura en Estados Unidos.

Los principales bancos de EEUU y, sobre todo, las entidades de inversión, Morgan Standley y Goldman Sachs, registraron importantes caídas en el valor de sus acciones ante el temor de que precisen del respaldo de algún banco comercial, tal y como avanzó LD. Pese a ello, al cierre de esta edición, los rumores de fusión entre Wachovia y Morgan Stanley disparó las acciones de ambas entidades un 6% en el mercado continuo.
Demanda masiva de deuda pública
Pero más allá de los datos bursátiles, el reflejo del temor vivido por los inversores se ha manifestado en toda su crudeza en el mercado de deuda pública. Así, la rentabilidad de los bonos del Tesoro de EEUU a 3 meses se hundió al 0%. Es decir, el precio de la deuda pública se disparó debido a que los inversores acudieron en masa a refugiarse de nuevas pérdidas.
Este dato refleja que los inversores no quieren tener sus saldos de caja en el banco. La gente está dispuesta a inmovilizar sus ahorros en deuda pública con tal de recuperar el principal (es decir, no perder dinero), aun sin exigir ninguna rentabilidad a cambio.
Es más, la rentabilidad de los treasury bills a un mes (deuda del Tesoro) llegó incluso a situarse por debajo de 0. Es decir, hasta tal punto llegó la demanda de la deuda pública para refugiarse de la crisis que se estaría pagando con tal de tenerla. Es decir, están perdiendo dinero.
Tal y como explican los expertos del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, (OCE), una deuda pública a 3 meses a un tipo de descuento de 0%, junto a la deuda a un mes con tipo de interés negativo significa que “los inversores están dispuestos a renunciar a parte de su dinero con tal de conservarlo dentro de un mes”. En otras palabras, “si hoy compro una letra del Tesoro a un mes por 1.000 dólares, al cabo de 30 días recibiré, por ejemplo, 990”.

Es decir, los inversores están saliendo de los “depósitos bancarios para adquirir deuda pública a un tipo de interés negativo”, lo cual evidencia el rechazo que se ha llegado a vivir en los mercados respecto a los pasivos bancarios ante el riesgo de nuevas quiebras.
El Tesoro inyecta dinero en la Fed
Por otro lado, los rescates bancarios aprobados por la Fed tienen un precio. El Gobierno de EEUU emitirá deuda pública adicional, con carácter temporal, a petición de la Reserva Federal (Fed), con una partida inicial de 40.000 millones de dólares. El objetivo consiste en facilitar dinero extra al organismo regulador, ya que las inyecciones de liquidez y la aceptación de colateral crediticio de baja calidad han deteriorado el balance de la Reserva.
Los rescates financieros, las masivas inyecciones de liquidez y la apertura de líneas de financiación extra a las entidades de crédito están pasando factura al balance de la Reserva Federal (Fed), que ahora precisa más capital para mantener sus vías de financiación a las banca estadounidense.
El programa, con carácter temporal, según el Tesoro, servirá para inyectar dinero en las deterioradas cuentas del organismo regulador del sistema financiero estadounidense. Tras el anuncio el precio del oro se ha disparado.
La medida consiste en una venta adicional de “letras del Tesoro”, más allá de las emisiones que tenía programadas el Gobierno norteamericano, según este departamento. El nuevo proyecto “proporcionará efectivo a la Reserva Federal” para que pueda mantener las vías aprobadas para facilitar liquidez a las entidades de crédito y empresas de Wall Street, informa Bloomberg.

El Tesoro entregará el dinero en efectivo a la Reserva Federal. La primera operación tendrá lugar este miércoles y en ella el Tesoro ofrecerán bonos a 35 días de vencimiento por valor de 40.000 millones de dólares.

El problema consiste en que la Fed, poco a poco, está nacionalizando la mala deuda que acumulan los bancos. En abril se produjo una operación similar entre la Fed y el Tesoro de EEUU para facilitar liquidez  a través de la emisión de deuda pública, tal y como avanzó LD.
El balance de la Fed se ha deteriorado enormemente en los últimos meses como consecuencia de la aceptación de colateral de muy baja calidad, que sirven de garantía para prestar liquidez a los bancos. Es decir, la Fed ha adquirido activos que, en su mayoría, eran ilíquidos o su valor era muy inferior al real, tales como bonos hipotecarios e, incluso, acciones empresariales.

Desde el pasado mes de diciembre la Fed habilitó tres ventanillas adicionales para expandir el crédito, la TAF (Term Auction Facility), la PDCF (Primary Dealer Credit Facility) y la TSLF (Term Securities Lending Facility). La primera destinada a que los bancos descuenten a medio plazo activos de mala calidad (como bonos hipotecarios), la segunda a que los dealers primarios puedan obtener letras del Teroso contra activos de mala calidad y la tercera a que esos mismos dealers primarios puedan obtener fondos contra sus activos de mala calidad.
La Fed acepta deuda de baja calidad
Así, las diferentes ventanillas de descuento para facilitar liquidez a las entidades a cambio de colateral crediticio han terminado por provocar un fuerte deterioro en los balances de la Fed, hasta el punto de que el Tesoro se ha visto obligado a incrementar la emisión de deuda pública con carácter de urgencia para recapitalizar a la Reserva Federal.
A ello, se suman además los cuantiosos créditos concedidos por el organismo que dirige Ben Bernanke a JP Morgan para adquirir Bear Stearns (30.000 millones de dólares), así como a AIG para posibilitar su rescate financiero (85.000 millones).

Todo ello ha reducido enormemente su capacidad tanto para prestar como para acudir a nuevos rescates bancarios. Sin embargo, se trata de una crisis de solvencia, no de liquidez, por lo que tales inyecciones servirán de poco para evitar nuevas quiebras. De hecho, cabe recordar que el rescate de Bear Stearns auspiciado por la Fed se argumentó diciendo que la medida evitaría la quiebra de otras entidades.

Oro, como valor refugio
Sin embargo, desde el pasado mes de marzo, han caído bancos de la talla de IndyMac, los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, Lehamn Brothers, Merrill Lynch (adquirido por Bank of America) e, incluso, se habla ya de la difícil situación que atraviesa Morgan Stanley, entre otros.
Justo después de conocerse la decisión del Gobierno para inyectar liquidez a la Fed, los mercados han reaccionado de inmediato y han acudido a la compra de oro. Los precios de los contratos más negociados de oro subieron 70 dólares. Su mayor subida en dólares en una sesión desde 1980 en la Bolsa Mercantil de Nueva York (Nymex), por el aumento de su atractivo como “refugio” para los inversores coincidiendo con la crisis en Wall Street.

Además, se trata de la mayor subida porcentual desde septiembre de 1999, informa Efe. Durante la sesión, el oro llegó a tocar un máximo de 870,90 dólares.

El precio de prestar dinero se dispara en el interbancario
Por último, el temor también se ha trasladado al mercado interbancario. Tras la quiebra de Bear Stearns, el libor a 3 meses (tipo de interés en EEUU al que se prestan dinero los bancos) proporcionaba una rentabilidad un 350% superior a la deuda pública a 3 meses.
Sin embargo, en la jornada del miércoles se llegó a ofrecer un 10.000% más. La siguiente gráfica tan sólo refleja un spread (diferencial) análogo en el que se ofrecía una rentabilidad un 50% superior para hacerse una idea del temor que recorrió el mercado bursátil estadounidense.

Tal dato implica que si un banco “vendiera deuda pública al descubierto y prestara ese dinero a otro banco, obtendría una rentabilidad del 10.000%”, según el OCE.
Mientras, durante la jornada del martes, tras la quiebra de Lehman Brothers, el libor a un día alcanzó el 10%. Es decir, los bancos con excedente dispuestos a prestar dinero a otra entidad exigían un interés (precio del dinero) del 10% de un día para otro. En resumen, mucho miedo. Más bien pánico a nuevas quiebras.

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El Super Crash: “quiebras bancarias”, “desaparición de la FED” y “fin del dólar”

Dólar, EEUU, Entidades Financieras, Neoliberalismo, Recesión 1 Comentario »

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Tan sólo unos pocos gurús e inversores han logrado anticipar la llegada de la crisis subprime, antes de que ésta tuviera lugar, frente a la mayoría de los economistas. Dichos analistas prevén ahora un oscuro futuro para el sistema financiero internacional. El exitoso inversor Jim Rogers apuesta por la “desaparición de la Reserva Federal (FED)” y el inicio del “fin del dólar” como moneda de referencia internacional. El economista Nouriel Roubini alerta que todo el sistema financiero es “subprime”, y que quebrarán cientos de pequeños bancos y decenas de grandes entidades. Mientras, el ex-economista del FMI Kenneth Rogoff prevé un largo período de “estanflación”.

EEUU tiene ya 117 bancos en riesgo de quiebra

LD (M. Llamas) ¿A qué nos enfrentamos? Se trata de una mera crisis coyuntural, cuyo origen radica en la concesión de dinero fácil en forma de crédito a compradores de vivienda insolventes (hipotecas subprime), tal y como se ha mantenido hasta ahora, ¿o va más allá? ¿Crisis sistémica? Algunos prestigiosos analistas hablan ya sin tapujos de esta posibilidad, en referencia a la quiebra del actual sistema financiero e, incluso, monetario.

No es nada nuevo. Un proceso de características similares tuvo lugar durante los años 30 del pasado siglo, tras el estallido del crack financiero de 1929, en donde el patrón oro fue sustituido por un sistema de arbitraje cambiario dirigido por los recién nacidos bancos centrales.

La clave del actual problema radica en la reducción artificial de tipos de interés puesto en marcha por la FED y el Banco Central Europeo (BCE) durante los últimos años, que permitió una elevada expansión del crédito sin contar con el necesario ahorro previo. Así, las entidades de crédito han seguido una estrategia de alto riesgo, centrada en adquirir deuda a corto plazo (mediante titulización de préstamos y complejos vehículos de deuda crediticia) para sufragar inversiones a largo (hipotecas y distintos productos financieros), aprovechándose de los bajos tipos de interés, tal y como avanzó LD.

Desde el estallido de la crisis subprime, numerosos analistas, incluido el ex presidente de la FED Alan Greenspan, advierten de que asistimos a la peor crisis desde la Gran Depresión. Y si entonces aquel terremoto logró modificar los cimientos de la economía internacional, el actual Super Crash (tal y como lo denomina el inversor Peter Schiff) amenaza con provocar un ajuste similar.
Causa y origen de la crisis crediticia

Al menos, esto es lo que predicen algunos de los nuevos gurús económicos del siglo XXI, tales como el exitoso inversor Jim Rogers, el profesor de Economía de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini, o el ex-economista del FMI Kenneth Rogoff.

Algunos de estos analistas anticiparon la llegada de las subprime en EEUU el pasado verano, y las posteriores turbulencias financieras que se han desencadenado desde entonces. Por el contrario, los que hasta ahora era considerados como gurús, así como los principales organismos internacionales de análisis (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, bancos centrales, grupos de estudio, agencias de calificación y todo tipo de gobiernos) han errado constantemente en sus previsiones.

De hecho, la mayoría de ellos aseguraban el pasado verano que la estabilidad financiera se recuperaría, como muy tarde, a finales de 2007. Si los citados expertos siguen acertando en sus previsiones, la economía internacional se enfrenta al peor de los escenarios conocidos en el último siglo. De hecho, lo peor está por llegar.

Quiebras bancarias en EEUU y la mayor recesión en décadas

“Ésta será de lejos la peor crisis financiera desde la Gran Depresión”. Roubini estima que la actual crisis provocará unas pérdidas bancarias próximas a los 2 billones de dólares, frente al billón que prevé el FMI en la actualidad. Es decir, casi el doble.

Los impagos se están trasladando desde las hipotecas subprime, a los créditos de alta calidad (prime) destinados a la compra de vivienda en EEUU, tal y como avanzó LD. De este modo, la morosidad amenaza ya a hipotecas por valor de cientos de miles de millones de dólares; pero además, se trasladará igualmente a diversos tipos de productos crediticios, tales como, préstamos al consumo, tarjetas de crédito, deuda municipal y bonos comerciales, entre otros.

Como resultado, Roubini asegura que cientos de pequeños bancos en EEUU están en riesgo debido a su “elevada exposición al mercado inmobiliario”. De hecho, “docenas de bancos regionales e, incluso, nacionales (como el ya fallido Indy Mac) también se dirigen hacia la quiebra”. Además, “algunos de las entidades de crédito más grandes del país son, igualmente semi-insolventes”, arrastrados por la crisis que vive el mercado inmobiliario norteamericano.

Desplome del mercado inmobiliario

“Durante la recesión de principios de los años 90, el precio de la vivienda cayó de media un 5 por ciento con respecto a su valor máximo”. Sin embargo, en la actualidad, los depreciación de los inmuebles se aproxima al 18 por ciento, y amenaza con continuar. “Si una caída del 5 por ciento en el precio de la vivienda fue suficiente para convertir en insolvente a Citi en 1991, ¿cuántas entidades se verán afectadas si la depreciación alcanza el 30 por ciento y los impagos masivos se extienden por otro tipo de productos financieros?”, se pregunta Roubini.

Durante la recesión de los 90 quebraron casi 1.000 entidades en EEUU. Hoy, algunas instituciones (Fortis) apuntan que caerán 6.000 bancos, de los cerca de  8.500 que operan en el mercado norteamericano. El modelo que impera en la mayoría de las entidades de crédito, consistente en “endeudarse a corto e invertir (prestar) a largo no puede sobrevivir” si los bancos carecen de fondos propios suficientes, o sin el apoyo de un  “banco central que actúe como prestamista en última instancia”, advierte el economista.

En este sentido, cabe destacar los recientes rumores de quiebra de los gigantes hipotecarios Fanie Mae y Freddie Mac, con las nefastas consecuencias que conllevaría su rescate gubernamental, así como la caída de algún otro banco de gran tamaño en los próximos 6 meses, según prevén los inversores internacionales.

A este respecto, el ex-economista del FMI Kenneth Rogoff coincidía recientemente en este diagnóstico durante una conferencia celebrada en Singapur. “Lo peor de la crisis financiera aún está por llegar en EEUU, y uno de los grandes bancos estadounidenses quebrará en los próximos meses”, indicaba.

Según Rogoff, profesor de economía en la Universidad de Harvard, aseguró que “no serán únicamente los pequeños y medianos bancos los que caerán, sino que uno de los grandes sufrirá también este mismo destino”. De hecho, “Fannie Mae y Freddie Mac dejarán de existir”.

PIB negativo en países desarrollados

Ante este panorama, Roubini avanza que EEUU padecerá la “peor recesión económica de las últimas décadas”, una vez que desaparezcan los efectos del estímulo fiscal aprobado por el Gobierno estadounidense (una inyección próxima a los 150.000 millones de dólares en los últimos meses). En concreto, prevé una recesión (tasas negativas de crecimiento) en “forma de U” (entre 12 y 18 meses de duración) frente a la V que espera la mayoría de analistas (6 meses).

Una crisis en forma de L (depresión) es “poco probable”. Sin embargo Roubini considera que la recuperación económica será “débil” debido a las turbulencias financieras, de modo que “afectará al crecimiento económico en los años venideros”, añade. En este ámbito, Rogoff vuelve a coincidir con Roubini: “el mercado norteamericano se enfrenta a un período de estanflación (estancamiento económico y elevada inflación) similar al japonés”.

El motivo del alza de precios, según el ex economista del FMI reside en el “mal movimiento de la FED al reducir sus tipos de interés”. Y es que, no sólo no ha solucionado absolutamente nada (la crisis económica y de liquidez sigue avanzando), sino que tal recorte causará una “gran inflación en los próximos años en EEUU”, tal y como avanzó Libertad Digital. Y ello, debido a la depreciación de dólar.

Además, la crisis económica no sólo afectará a la primera economía mundial. Las  principales economías del mundo también avanzan hacia la recesión, que será especialmente dura en “Reino Unido, España, Irlanda y Portugal, entre otros”, debido a sus respectivas “burbujas”, ya sean crediticias (elevada deuda) o inmobiliarias, según Roubini. España presenta las dos.

Caída del mercado bursátil de hasta el 40 por ciento

Todo ello, también se reflejará en la caída del mercado bursátil norteamericano. El citado economista advierte de que el “precio de las acciones descenderá de media un 40 por ciento con respecto a sus máximos, frente a la típica caída del 28 por ciento de media propia de recesiones pasadas en EEUU”. “Por lo tanto, estamos apenas a mitad de camino del derrumbe del mercado bursátil”, tanto internacional como estadounidense, alerta.

“Bernanke no tiene ni idea de economía”

Y ante todo este panorama, ¿qué está haciendo la Reserva Federal? Jim Rogers, uno de los inversores de mayor éxito en el mercado de commodities (materias primas), explica claramente su opinión al respecto.

El presidente de la FED, Ben Bernanke, “debería dimitir”. En una reciente entrevista en Money Morning, Rogers considera que la autoridad monetaria debería “haber subido los tipos de interés (en cualquier caso tendrá que hacerlo). En caso contrario, el mercado terminará haciéndolo. El problema es que ha metido demasiada basura en su balance”.

En este sentido, el inversor avanza que, por el momento, la FED tiene cerca de 400.000 millones de dólares en activos muy dudosos”, gracias a la ventanilla de descuento que puso en marcha para facilitar crédito a los bancos a cambio de colateral crediticio, tal y como adelantó este periódico.

“Subir los tipos de interés ayudaría”, indica Rogers. “Provocaría un shock en el sistema financiero, pero es que en cualquier caso vamos a sufrir uno. Cada shock, de momento, ha sido peor que el anterior. Bear Stearns fue primero, y luego le han seguido Freddie Mac y Fannie Mae. El próximo shock será aún mayor”, alerta.

Su opinión respecto a la valía del responsable de la FED no deja lugar a dudas: “Bernanke es un tipo de mentalidad muy estrecha. Ha pasado toda su vida académica estudiando cómo imprimir dinero y ahora le hemos dado las llaves de la imprenta. Todo lo que sabe es lo que está haciendo. Bernanke cree que no hay ningún problema con el mercado inmobiliario en EEUU”.

“Él es la Fed y la Fed más que nadie debería estar regulando las entidades financieras bajo su supervisión. Pero no ha hecho nada”, indica. “No tiene ni idea de cómo funciona el mercado, no sabe nada de economía, ni lo más básico. Sí, posee un doctorado donde pone economía al lado, pero la economía tiene más de 200 campos muy concretos. Y su campo es imprimir dinero, donde es un experto, ya nos hemos dado cuenta”, insiste.

Según Rogers, “Paul Volcker fue el último banquero central decente de EEUU (gobernó el organismo desde 1979 hasta 1987)”. Y es que, Volcker insistía en que “rescatar a los bancos en quiebra va más allá de las funciones de un banco central”. De este modo, Rogers estima que el actual fracaso de la FED supondrá su “desaparición”. “Ya tuvimos dos bancos centrales que desaparecieron por varios motivos”, recuerda.

El inicio del fin del dólar

Por último, el inversor Rogers advierte de que EEUU ocupa una “posición de dominio económico tan gigantesca que su deterioro durará bastante tiempo. Esto no va a pasar en una década o dos”, señala. “Estas cosas tardan mucho en suceder. El declive de Reino Unido duró 40 ó 50 años, ya que tenían tanto dinero que podían continuar a pesar de la espiral descendente”. “Incluso Zimbabwe ha tardado 10 ó 15 años en colapsarse”, explica.

Rogers avanza el derrumbe del dólar y, por consiguiente, del mercado financiero internacional tal y como se concibe en la actualidad, puesto que el billete verde sirve como referencia al resto de monedas. “Cuando todo el Gobierno de EEUU tenga sus cuentas en francos suizos estaremos cerca del fin, porque lo harán a pesar de haber instaurado los controles de cambios externos”, concluye.

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