¿Puede el actual sistema de papel moneda resistir, o está en las últimas?

Antal E. Fekete, Deflación, Dólar, Entidades Financieras, Especulación, Globalización Económica, Inflación, Recesión No hay Comentarios »

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Un tema que debiera propiciar un buen DEBATE

Los productores, por supuesto, tratan de subir los precios mientras más se debilita el dólar. Sin embargo, la gente no está en ánimo de gastar. Si entran en posesión de dinero, lo van a usar para pagar sus deudas. No tienen ahorros en que caer en caso de que pierdan su empleo. En ausencia de compras los incrementos en los precios tendrán que ser revocados (como lo han sido en el caso de petróleo crudo, por ejemplo) causando que muchos productores vayan a la bancarrota.

Hay un nuevo factor que desempeña un papel importante, que no estuvo presente en episodios anteriores: la existencia paralela de dólares electrónicos y de billetes de la Reserva Federal. Sólo una pequeña parte, menos del diez por ciento, se encuentra en forma de billetes, el resto es dinero electrónico. La gente en casa, y en el extranjero, sólo acumula dólares que puedan ser doblados. Es físicamente imposible imprimirlos con la suficiente rapidez para sustituir los dólares electrónicos que las personas, las empresas, las instituciones y los gobiernos extranjeros puedan decidir que rechazan. La velocidad de circulación del dólar de papel está cayendo a cero, mientras que la de los dólares electrónicos está aumentando más allá de cualquier límite.

Esta división del suministro de dinero en dos componentes de distintas velocidades significa deflación. El componente que aumenta de velocidad tendrá que ser cancelado. La Reserva Federal está impotente mientras el acaparamiento de sus billetes asume proporciones sin precedentes.

Professor Antal E. Fekete

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La situación económica mundial

Globalización Económica, Umberto Mazzei No hay Comentarios »

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Por Umberto Mazzei
IREI desde Ginebra, especial para argenpress.info, 26.07.09

Reescribir las reglas de la economía de mercado -beneficiando a quienes causaron tanto sufrimiento en la vida cotidiana global y tantos desempleados- es peor que costoso financieramente.
En realidad, es obscenamente injusto.
Joseph Stiglitz

I

La economía de Mercado

Se cuenta que un día preguntaron al Mahatma Ghandi qué cosa pensaba de la Economía de Mercado y respondió – “Pudiera ser una buena idea”. Es sólo eso: una propuesta de competir hecha a un mundo económico donde los empresarios desean rentas monopólicas.

Imaginamos a Adam Smith necesitando toda su flema británica para controlarse ante lo que en su nombre se practica como liberalismo, porque detestó los monopolios y los oligopolios, que describió como “El beneficio exorbitante”. Hoy, su teoría de un equilibrio económico internacional producido por la apertura al intercambio se usa para abrir la puerta a los monopolios o carteles apátridas que devoran el mapa corporativo local en todos los países.

Smith publicó, en 1776, su “Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”. Tuvo gran éxito en Inglaterra, donde sus ideas tenían añeja tradición. En 1493, la bula Inter Coetera y el tratado de Tordesillas (1494), dividieron el mundo en dos hemisferios: uno para España y otro para Portugal. Otros países navegantes –sobre todo Holanda- objetaron esa partición divina y desarrollaron otras doctrinas la libertad del mar y del comercio. En 1602, James Lancaster -capitán de la primera expedición de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales- le entregó al Sultán de Aceh (Sumatra) una carta de Elisabeth I, donde ya estaba en embrión la tesis de Smith: “Dios, en su sabiduría infinita, ordenó las cosas para… que de la abundancia de frutos que algunas regiones gozan se supliera la necesidad de otras y que… países distantes traficaran entre ellos y se hicieran amigos”.

La carta también advertía que el país que comerciase con un solo país europeo terminaría siendo el subordinado político de aquél. ¡Qué gran verdad! Ya en esa época se conocía el vínculo entre comercio “preferencial” y subordinación; como el monopolio del comercio que luego forjó el Imperio de la India, un imperio privado de la abogada del libre comercio: la Compañía Inglesa de las Indias Orientales.

La teoría de Smith viene a complementar la de los fisiócratas franceses, centrados en la Agricultura, porque aplica esos conceptos a la revolución industrial, entonces en sus albores y exclusivamente inglesa. Smith creyó honestamente que la codicia podía canalizarse hacia un resultado general y social equitativo, por eso rechaza los monopolios. Poco después el egoísmo demostró lo contrario. Los exitosos exportadores industriales ingleses encontraron engombrante la ley que protegía a los productores agrícolas británicos y el aduanero David Ricardo proclamó la necesidad de abrir la importación de cereales para abaratar el pan y poder bajar los salarios que merman la ganancia de los patrones industriales. De cómo dar de comer a los agricultores no dice nada, pero asumimos –por Charles Dickens- que se fueron a las ciudadesla economía –típica de los Business Schools- como ciencia cuyo objetivo primario no son las ganancias del trabajo, sino las del capital invertido… y aún sólo el de algunos. El enfoque que causa la crisis presente, que es un arrastre de las anteriores. para aumentar -y abaratar- la oferta de mano de obra. Desde entonces viene el enfoque de

A la teoría liberal del comercio internacional se le llama clásica, pero sería más adecuado llamarla metafísica, porque trata de una certeza que no es de esta tierra; es como una divinidad: se le elogia mucho pero no se le ha visto nunca. Lo que se practica con ese nombre ha fracasado siempre en cuanto al desarrollo; pero hay otros postulados económicos más cercanos a las realidades de este mundo que han sido aplicados y hasta con éxito, algo raro hoy en política económica. La paradoja es que a esos otros pensadores se les menciona poco y dejaron de enseñarse; sus obras son difíciles de encontrar en las bibliotecas universitarias. Es cierto que no complacen los patrones de moda porque son cautos con la apertura y suelen mirar la prosperidad nacional como un objetivo superior a la ganancia individual; criterios objetables para las empresas apátridas que financian centros académicos y cuya visión económica se enfoca a resultados trimestrales.

La versión ricardiana del liberalismo de Smith tuvo tempranos detractores. El primero fue el ginebrino Charles de Sismondi, que publicó “Economía Política” (1815) y “Nuevos Principios de Economía Política” (1817). Allí acuño el término proletario –que luego usa Marx- para designar a quienes con su prole garantizan la mano de obra. Fue específico contra Ricardo y señaló que aumentar ganancias a expensas de salarios es mala política, porque buenos salarios son indispensables para mantener el consumo y la producción; fue el primero en pedir la intervención del Estado para evitar los excesos capitalistas y hablar de lucha de clases.

Sismondi predijo la crisis crónica que aqueja a Estados Unidos, Inglaterra y otros países, gracias a gobiernos cómplices. Las empresas exportan puestos de trabajo y precarizan el empleo para ganar más, mientras exprimen el consumo facilitando una deuda sobre salarios futuros. Ahora se le dice “Economía de la Oferta” y funciona con tarjetas de crédito, pero el estímulo del consumo con deuda esclavizante ya fue visto en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX. Lo señalan Alexis de Tocqueville y Francois-Rene de Chateaubriand, dos escritores franceses que lo visitaron separadamente. Su evolución la describe la novela futurista –y puede que profética- “The Iron Heel” (1906), de Jack London.

Más allá de la apertura incondicional de la teoría liberal, los excesos congénitos y visibles del capitalismo y el papel del Estado para corregirlos han inspirado otras propuestas concretas. Podemos clasificarlas en dos tesis básicas. Una cree que el capitalismo es canalizable en beneficio de la sociedad con políticas de control; allí destacan Sismondi, Friederich List, Werner Sombart, Max Weber, Wilfredo Pareto, John Maynard Keynes y creemos que Deng Xiaoping. La otra, la de Karl Marx y sus seguidores, considera al capitalismo irredimible e inmerso en un proceso dialéctico fatal que lo lleva a su propia destrucción y a su reemplazo por una sociedad sin propiedad individual.

Cuando esas propuestas han sido aplicadas, los resultados varían. Las del marxismo radical se aplicaron en el COMECON donde no tuvieron éxito en el desarrollo material y político, pero sí en la protección social y el desarrollo cultural y científico. Las de List obtuvieron gran éxito en la industrialización de Alemania. Las de Keynes señalaron la salida de la Gran Depresión en Europa, Estados Unidos y el resto del mundo. Deng Xiaoping llamamos al crecimiento espectacular de China, con 400 millones fuera de la pobreza. Weber, Pareto y Sombart orientan aún la economía social. Sombart es de los que se quiere borrar. Su obra es la mayor de la historiografía económica. Él acuñó el término “capitalismo” (Marx no lo usa). Engels dijo que, sin ser marxista, era el profesor alemán que mejor comprendía a Marx. Él creó el término y el concepto de la destrucción creativa, que usará su alumno Joseph Schumpeter. Él inició a Vasili Leontief en las tablas econométricas (paradoja Leontief sobre Estados Unidos). Sus escritos existen en otras lenguas, pero no en inglés, porque la Universidad de Princeton, que compró el derecho exclusivo, no lo traduce.

Las parodias del Mercado

El mundo sufrió crisis económicas de origen financiero casi sin interrupción desde el 1894 al 1939 y sólo con medidas keynesianas de intervención estatal se logró estabilizar la economía mundial. Asombra que desde 1989 el apodado “Consenso de Washington” nos diga que la ausencia de intervención estatal es la única verdad para la salud económica. Claro que hay otras, aunque se escondan libros, porque está su testimonio: el modelo europeo de crecimiento económico con protección social y estabilidad laboral, un modelo que viene desde Bismarck y que ahora se intenta también desmantelar.

Lo que las entidades económicas internacionales –Banco Mundial, BID, FMI- venden como ciencia total de la política económica contradice hasta el texto más popular de Economía I, que apodábamos “el Samuelson”, donde se explica la economía de mercado. El “Consenso de Washington” pone el énfasis en la austeridad fiscal y la apertura comercial que fusiona en un dogma monoteísta. Ese es el sermón básico que se escucha desde los púlpitos del Banco Mundial, del FMI, de los Estados Unidos, la Unión Europea o Japón. No es que alguno de esos países los aplique. Basta ver los temas que se negocian en la OMC: subsidios, aranceles específicos, picos arancelarios, monopolios de tecnología industrial, todos ellos contra la teoría del mercado y todos aplicados férreamente por los países desarrollados. Los mismos que recortan gastos en salud y educación para entregar billones públicos a unos banqueros que, por ladrones o tontos, merecen la cárcel o la quiebra. No parece ahora que el Banco Mundial o el FMI prediquen su sólito catecismo de austeridad financiera a esos países pecadores. Es que los diablos sí predican… pero no se convierten!

La crisis actual demuestra que hay dos tipos de economía de mercado, de economía de mercado imperfecto, se entiende: Una es la economía real. La economía que produce y comercia bienes tangibles y presta servicios que se reciben y pagan. La economía cuyos bancos se nutren del ahorro y de ganancias que deja el valor agregado. La economía que genera empleo y paga impuestos para sostener los programas sociales o la infraestructura del país donde funciona. La economía de la filosofía económica, con variantes que pueden ser distantes, desde François Quesnay, Adam Smith y Frederich List hasta John Maynard Keynes, Milton Friedman y Deng Xiaoping.

La otra funciona en bolsas de valores y otros garitos, donde se vende y se compra según un cálculo del futuro. Ya desde 1815 (Nathan Rothschild / Waterloo) se manipula la percepción del futuro, pero la realidad de hoy es aún más irreal. Es un juego febril donde los valores o las empresas tranzadas son apátridas, aunque se coticen en tal o cual bolsa. Las apuestas y los balances pueden ser falsos, como los de Enron refrendados por Arthur Andersen. El dinero de las compras puede que no exista (WorldCom). Es un mercado que coloca dólares sin fondos emitidos por la Reserva Federal, donde las acciones suben sin inversión nueva o mejores dividendos y las divisas varían sin cambios en las cifras macroeconómicas de los países. Es un bazar mundial de curiosos “productos” financieros, cuyo modelo referencial apodamos Wall Street. Sus reglas parecen complejas, pero su enunciado es simple, lo proclama el personaje Gordon Gekko, en la película “Wall Street” cuando afirma: “¡Greed is good, greed works!” (¡La codicia es buena, la codicia funciona!).

II

Las teorías de producción, crecimiento y crisis

Antes de la Segunda Guerra Mundial, dos suecos, Eli Heckscher y Bertil Ohlin, elaboraron un esquema de comercio internacional que pasó a ser conocido como el Modelo Hecksher-Ohlin. Es una extensión de la teoría de David Ricardo, pero explica el comercio internacional con elementos más concretos. La ventaja comparativa se funda aquí en la relación de los factores capital y trabajo propios de cada nación.

El modelo Hecksher-Ohlin analiza las desigualdades del comercio Norte-Sur. Clasifica los países como aquellos de mano de obra abundante y los de capital abundante. Los primeros están en vía de desarrollo y se especializan en productos que requieren mucha mano de obra mucho capital (maquinaria, farmacéuticos, finanzas). Ohlin distingue entre trabajo especializado y no especializado y el factor capital lo refina en varios niveles de ciencia y tecnología. Paul Samuelson añadió una observación: al aumentar los precios aumenta la ganancia del factor más intensivo. (agricultura, textiles, servicios). Los segundos se especializan en productos que requieren

El Modelo Hecksher-Ohlin fue objeto de muchos estudios. El más conocido es de Vassili Leontieff, experto en la relación entre sectores de una economía nacional. En un célebre artículo (1953) Leontief señaló la paradoja del Modelo Hecksher-Ohlin: Estados Unidos, el país más abundante en capital, importaba muchos bienes intensivos en capital y exportaba bienes básicos, intensivos en mano de obra.

Esa paradoja se trata de explicar con argumentos poco convincentes y debe estudiarse con más detenimiento. En mi opinión, es un síntoma de las causas del déficit comercial crónico de Estados Unidos. Hay que recordar que la supremacía de Estados Unidos no proviene de un superior desarrollo industrial o tecnológico, sino es producto de la Primera Guerra Mundial, de la que surgió como el gran acreedor financiero mundial. Con excepción del armamento, las mayores exportaciones de Estados Unidos no son industriales, sino servicios y productos agrícolas. Su población media es pobre en estudios y sus reputados altos niveles académicos son dictados y cursados por una mayoría de extranjeros.

Ciencia, tecnología y ciclos económicos

Eso nos lleva a la teoría de los ciclos económicos y su vínculo con la ciencia y la tecnología. Algo aplicable a productos y también a la infraestructura productiva histórica de cada país.

La teoría de los ciclos fue enunciada por Nicolai Kondratieff, un economista soviético, en un ensayo titulado “Las Ondas Largas en la vida económica” (1926). Su trabajo cubre los años del 1789 al 1926 y señala que las economías capitalistas tienen ciclos de prosperidad y depresión que duran entre 50 y 60 años y que suceden en cuatro fases a las que dio el nombre de las estaciones. Tres años después de su ensayo comenzó la Gran Depresión, que coincidió con su predicción. Desde entonces algunos llaman a las depresiones “Inviernos Kondratieff”.

El austriaco Joseph Schumpeter publicó en 1939 “Ciclos de los Negocios” en donde amplía la teoría de Kondratieff, confirma sus observaciones y las atribuye a cambios en la conducta empresarial. Aplica el concepto de la destrucción creativa -enunciado por Sombart- para explicar la secuencia de nuevos productos que desplazan a los anteriores en una dinámica de innovación y progreso técnico.

Schumpeter y otros notaron que hay también otros ciclos: cortos -de 40 meses (Kitchin)- que suceden por variación en inventarios y medianos (Juglar) que duran entre 6 y 11 años. Los ciclos Kondratieff (50-60 años) serían el resultado de grandes innovaciones, que clasificó en los seis tipos que presentamos en la gráfica.

La venezolana Carlota Perez, cuyo libro “Las Revoluciones Tecnológicas y el Capital Financiero” cubre 250 años de historia, precisa que los cambios y las revoluciones técnicas tienen una notable regularidad y obligan al rediseño institucional social y político.

Según Schumpeter la depresión es parte de la lógica del capitalismo, su modo de renovarse. Las innovaciones suceden durante las depresiones, cuando las crisis sacuden posiciones adquiridas y surgen nuevas soluciones y criterios. Perez explica el mecanismo de las “burbujas” y de sus consecuencias sociales y políticas. Aplicando a Leontief, Kondratieff, Schumpeter y Perez, tenemos un trazo coherente de la crisis económica en curso y de su proyección en el futuro equilibrio internacional.

Crisis económicas y economía de guerra

Durante más de un siglo, las crisis económicas nacen en el medio financiero y desembocan en una guerra. En mi opinión, la situación actual se arrastra desde la crisis de 1893, con trágicas cúspides guerreras globales en 1914 y 1939.

La crisis de 1893 la causó la dependencia de Estados Unidos del financiamiento externo. Entre 1886 y 1890, los ferrocarriles e industrias conexas emitieron “un inmenso e inusual volumen de valores y bonos, que se colocó en mercados extranjeros. Ese flujo bursátil externo compensó una balanza comercial desfavorable de los Estados Unidos. Como ahora.

En 1893 quebró el Ferrocarril Readings, los inversionistas huyeron y el flujo se estancó. En New York cayó la bolsa y quebraron varios bancos. Londres también lidiaba con préstamos incautos en Egipto y América del Sur y con el rescate del Baring Bros. Londres y New York tenían ya vínculos muy estrechos y comenzó una crisis financiera anglosajona.

La crisis se acentuó en 1907. Quebró el Knickerbocker Trust en New York y en Inglaterra las exportaciones caían por la competencia de nuevas potencias industriales. Sólo una reacción concertada de los grandes bancos evitó una quiebra trasatlántica; un precedente que se argumentó luego para delegar, en 1910, la política monetaria de Estados Unidos a un consorcio de bancos privados llamado Sistema de Reserva Federal.

Mientras tanto, se mantuvo una actividad bélica casi permanente: Guerra de Estados Unidos contra España (1898), Guerra Boer (1899–1902), Guerra Ruso-Japonesa (1904–05), guerras balcánicas (1912-13) y Revolución Mejicana (1910–17). Ensayos técnicos previos a la Gran Guerra (1914), en la que Estados Unidos primero vendió armas y luego intervino (1917).

El preludio de la crisis 1929–1939

El Tratado de Versalles, que rediseñó el mapa mundial, fue ciego en política y en economía. Las enormes reparaciones (US$30 millardos) a expensas de Alemania buscaban agobiar su economía –la más grande de Europa- para impedir su competencia. Lo lograron y demasiado. Keynes predijo el resultado de esa vendetta. Alemania tuvo que imprimir dinero sin fondos y eso desató tal inflación que las compras se hacían con cestas… para el dinero.

Cuando la Primera Guerra Mundial acabó, todos los participantes debían dinero a Estados Unidos. El centro de las finanzas internacionales pasó a ser New York. Inglaterra intentó retener la supremacía con un patrón oro alto que drenó sus reservas. Europa no era lugar para especular y el dinero voló a Estados Unidos, donde había intereses encima del 10%. Fue la euforia de los años 20 y el Dow Jones subió de 60 a 400 entre 1921 y 1929. La historia se repite: “En tiempos de auge se aceptan papeles de valor inflado, sin suficiente discriminación o esfuerzo en estimarlos”, algo ya dicho en 1896, no en 1929 o 2008.

El 1 septiembre 1929 la bolsa de New York vendió la cantidad record de 89,6 millardos. El mismo día, Londres subió la tasa de interés para frenar el drenaje de su oro. El día 2 hubo miedo y millardos en valores se quedaron fríos. El 4 de septiembre la bolsa bajó. El día 5, el “gurú” Robert Babson anunció una caída general y comenzó la corrida “para parar pérdidas”. Los periódicos hablaban de ganancias, sin convencer. El escándalo de Clarence Hatry en Londres (un Bernard Madoff inglés) no ayudó a la confianza. El martes 24 de octubre colapsaba el mercado de valores de New York.

En enero 1930 cayeron los futuros agrícolas. El Congreso aprobó la ley Smoot-Hawley para subir los aranceles de Estados Unidos, que ya eran, después de España, los más altos del mundo. Comenzaron retaliaciones comerciales que mermaron las exportaciones agrícolas y cayeron los precios de la tierra. Los préstamos valían más que las propiedades hipotecadas; como ahora. Los bancos quebraban. Al año siguiente vino el pandemonio internacional.

En septiembre 1931 Alemania cerró la bolsa. Inglaterra también y abandonó el patrón oro. Brasil defraudó 500 millones en bonos. Defraudaron 600 millones en bonos centro-europeos y 850 millones en bonos suramericanos. Grecia y Hungría defraudaron sus deudas de guerra con Estados Unidos e Inglaterra, Bélgica y Francia pidieron condonación. El 4 de julio1932, en el New York Times, Alexander Noyes admitía que las reparaciones impuestas a Alemania eran la causa de la depresión. Le siguieron muchos otros. Keynes había tenido razón.

El costo social y político de la Gran Depresión

En Estados Unidos, de 25.000 bancos, unos11.000 quebraron. El desempleo osciló entre 25 y 30%. El PIB cayó 30%. El comercio cayó a 50%. En Europa las quiebras y el desempleo cundieron en todas partes y la más afectada fue Alemania, cuyo PIB cayó 50%. Sólo la Italia fascista y Suiza resistieron bien. América latina y Asia se estancaron hasta los años 50.

En enero 1933, Adolf Hitler llegó al poder, sobre la onda de los errores de Versalles. Fue quien primero aplicó políticas keynesianas, con grandes proyectos de infraestructura y armamento que mantuvieron el crecimiento alemán hasta la Segunda Guerra Mundial. En Europa proliferó la inspiración fascista: Salazar en Portugal, Horthy en Hungría, Antonescu en Rumania, Pilsudsky en Polonia. Todos ellos llegaron al poder por el descontento social y usaron políticas de nacionalismo popular como contrapropuesta a la de grupos importantes que buscaban una solución revolucionaria según el modelo soviético.

El keynesianismo armamentista

Keynes considera básico el empleo, aunque sea con trabajos artificiales: “Hacer hoyos y volverlos a tapar”. Si son trabajos útiles tanto mejor. La guerra sirve a movilizar empleo, pero con mucho es el peor modo, porque los hoyos no destruyen vidas y futuros.

La Guerra Fría -con guerras calientes cuando hubo desaceleración- fue el pretexto para un keynesianismo militar. La desmovilización posterior a la Segunda Guerra Mundial provocó recesión, hasta la Guerra de Corea (1950-53). El recorte monetario contra la inflación también, hasta la Guerra de Vietnam (1962-71). La derrota en Vietnam aplacó un rato la actividad bélica directa de Estados Unidos, pero las crisis continuaron.

La del precio de los alimentos por la venta masiva de cereales a la Unión Soviética, en 1971. La de los precios del petróleo por conflictos en el Cercano Oriente, en 1973. Para neutralizar esas alzas Estados Unidos repudió su patrón oro, que era la base del sistema monetario internacional acordado en Bretton Woods. Tampoco es que terminada la guerra de Vietnam hubiese paz, hubo guerras por delegación, como aquella de Afganistán (1979-89), que llevó al colapso a la Unión Soviética y puso fin a la Guerra Fría.

Sin Guerra Fría Estados Unidos perdió el pretexto para una economía de guerra, pero siguió. La “amenaza a la paz” son ahora países a los que se ataca sin riesgo: Irak (Bush I, 1990), Serbia (Clinton, 1998-99). El atentado de septiembre 2001 dio pretexto para una indefinida, pero global, “Guerra contra el Terror”, algo así como bombardear la sensación de miedo: Afganistán (Bush II 2001-¿?), Irak II (Bush II 2003-¿?), Pakistán (¿?).

La economía de guerra necesita enemigos para mantener próspero, con dinero público y sangre ajena, al influyente complejo militar-industrial. El mismo cuyo peligro denunció el Presidente Dwight Eisenhower en su discurso de despedida, en 1961, cuando Estados Unidos era aún el modelo admirado en el mundo por mucha gente.

III

La economía de la deuda

En Bretón Woods hubo dos propuestas para un sistema de divisas internacional: la de Keynes -que bien puede servir hoy– con una entidad emisora neutra y la de Harry Dexter White, con el dólar como moneda de referencia internacional. Prevaleció White, pero con el compromiso de fijar el dólar en un patrón oro de US$35 la onza.

Los que leímos a Paul Samuelson recordamos su clásico ejemplo de política económica donde un gobierno escoge entre producir mantequilla o producir cañones. Richard Nixon pensó que no hay que escoger, que se puede tener los dos. Los Estados Unidos tenían una balanza comercial desfavorable que agravó el alza de los precios agrícolas y el petróleo en 1971. El 15 de agosto, el gobierno de Nixon anunció el repudio del patrón oro acordado en Bretón Woods; esto es, la devaluación de sus deudas. Cuando los colegas europeos protestaron, el secretario del Tesoro, John Connolly, respondió con su célebre frase: “El dólar es nuestra moneda, pero es su problema”.

A partir de entonces Estados Unidos paga sus deudas emitiendo dólares cada vez más insolventes. En los 70 el precio en dólares del petróleo subió, pero el dólar bajó. Las economías sólidas revaluaron. El dólar cayó con respecto al Marco alemán y al Franco suizo en cerca de un 250%; más o menos lo que había subido el petróleo. Esos petrodólares no los guardaron los sheiks árabes en sus cofres; los depositaron en los bancos de Occidente. Los bancos tampoco guardan el dinero, lo colocan y los banqueros salieron a prestar dólares en todos los rincones del orbe. Así sucedió la “Deuda del Tercer Mundo”.

Durante los años 80, los créditos fáciles al Tercer Mundo hicieron crisis. Sucedió entonces la primera intervención de países desarrollados para salvar a bancos imprudentes, con dinero de sus contribuyentes. Al Banco Mundial y al FMI se le dieron fondos públicos para que se substituyesen a los bancos privados como acreedores; se disfrazó así el salvamento de los bancos como el salvamento de los países deudores. Con el dinero para pagar a los bancos se ató a los deudores a las condiciones que conocemos como el “Consenso de Washington”.

En 1986, durante esas maniobras financieras, Peter Drucker publicó un ensayo titulado La cambiante economía mundial (1) -que aún se consigue en Internet- donde describía el efecto de ese flujo de dinero inorgánico, que se movía en el circuito de los centros financieros con independencia de la producción y el comercio. Mucho dinero circulando y poca inversión productiva. La filosofía económica que describe la frase del personaje Gordon Gekko, del film Wall Street: “Yo no produzco, yo soy dueño” (2).

Riqueza virtual y especulación

La economía de la deuda crea dinero de la nada. Créditos que sólo son cuentas e intereses, realidades virtuales, un toque en la computadora. Hace un siglo, también los bancos sumaban o restaban pero sobre depósitos. También emitían sus propios billetes: una promesa de pago algo aleatoria; por eso, para garantizar la moneda, se crearon los bancos centrales como únicos emisores. Pero el viejo enfoque subsiste en algunos países anglosajones, donde se mira la creación del crédito como un asunto privado y no como asunto de interés público. Por eso la Reserva Federal es un consorcio de bancos privados que presta al Tesoro. Por eso son de anglosajones los mayores mercados financieros y también las mayores crisis económicas.

Los Estados Unidos tienen un sideral déficit fiscal y comercial que cubren con una creciente emisión de dólares virtuales, respaldados por venta de más deuda, como los bonos del Tesoro. Esos dólares se invierten en papeles, porque la economía productiva no puede absorberlos. La invención de papeles para la venta enajenó unas cuantas mentes, que creyeron crear riqueza y crearon enormes escándalos. Son notorios los fraudes de Long-Term Capital Management, WorldCom y Enron, cuyas secuelas aún arrastran los mercados financieros. Son casos que revelan ignorancia económica, complicidad gubernamental y corrupción empresarial. Con esquemas burdos, empresas sin activos se expusieron por millardos (3) repartiendo premios gordos entre altos ejecutivos.

Ese clima ya había llevado Estados Unidos a la recesión en 2001, cuando sucedió el ataque al World Trade Center y la “Guerra contra el Terror” aplazó la crisis. En marzo del 2006 la situación era tan grave que dejó de ser pública la cuenta M3, la que muestra la deuda total. En 2007 la masa de dólares desbordó las bolsas e inundó los mercados de compras a futuro de bienes tangibles y de oro.

Las burbujas de la crisis

La colocación de la creciente masa de dólares sin fondos debe ser, por fuerza, cada vez más riesgosa y eso causa “burbujas” en serie. Es una deuda del Primer Mundo que revienta en la colosal combinación de cuatro burbujas especulativas: la especulación en materias primas y alimentos, la especulación inmobiliaria, la especulación en bolsa y la especulación en divisas.

a) materias primas y alimentos

Las materias primas mantuvieron precios bajos en los 80, aún cuando crecía la demanda. En 2007 su valor aumentó súbitamente, sin que pueda atribuirse a un mayor consumo. Las oscilaciones dramáticas –triple- del precio del petróleo no pueden explicarse como comportamientos de oferta y demanda o por acumulaciones estratégicas.

Los alimentos subieron súbitamente sin que aumentasen población o estómagos. Primero sucedió en México, que parece laboratorio de fechorías, con la crisis de la tortilla. Una escasez creada, en 2006, por la exportación del maíz mexicano e importación de maíz cuando los precios habían subido. Obra de Cargill, que controla los cereales mexicanos, dijeron los medios alternativos. En enero 2007 la tortilla ya costaba el doble, a 15 pesos el kilogramo.

Al alba del 2008, subió repentinamente el precio internacional de los cereales. Se habló de una supuesta demanda para agro-combustibles, pero sin correspondiente aumento de la producción. Se usó un silogismo para culpar a los chinos: los chinos salían de la pobreza y comían más carne; se criaban más animales que devoraban más cereales. Súbitamente, bajaron los precios, con igual número de chinos carnívoros y nadie ha dado una explicación.

b) La especulación inmobiliaria

La especulación inmobiliaria es la burbuja más comentada. Fue muy grande en Estados Unidos, Gran Bretaña y España. El contagio se realizó en las bolsas financieras, donde se venden hipotecas. Con el curioso nombre de Vehículo Estructural de Inversión (4) aparecieron unos paquetes de hipotecas inmobiliarias donde el valor de garantía era inferior al préstamo y daban crédito a personas con poca capacidad de pago; cosa que, claro, aumentaba la comisión. Esos paquetes bomba los adquirieron bancos de inversión, cuyos bien pagados ejecutivos decían –en serio- que ese “instrumento” repartía y equilibraba el riesgo; como si acumular riesgos no fuese más peligroso. Para colmo, los créditos se aseguran con otros “productos” revendidos a no se sabe quién; pero que ya explotarán en algún lugar.

c) La especulación en bolsa

La ganancia en la bolsa funciona bajo el simple principio de comprar a la baja y vender en alza. Hay profesionales “insiders” que pueden conocer las cifras antes de que sean publicadas y otros que van más allá: las hacen. La víctima clásica es el ahorrista común, que invierte siguiendo acciones. Muchas acciones suben y suben con independencia del rendimiento. Una razón, según casos conocidos (Enron, Freddy, Mae, etc, etc, etc.), es el premio en acciones que se da a los directores por los buenos resultados de las acciones… en la bolsa. Eso ha motivado innumerables fraudes contables.

En los 90 aparecieron unos paquetes financieros bajo una variedad de nombres, pero el más conocido es “derivatives”, derivados; son certificados cuyo valor se estima en base a otro certificado cuya cotización cambia en el tiempo: acciones, bonos, monedas, opciones, productos básicos, etc. Se dice que protegen de variaciones de precio, pero es un eufemismo de “Bussines School” para una pirámide financiera. La venta de “productos financieros” se concentró en Nueva York y Londres y sus principales clientes fueron los bancos.

La dimensión de la estafa la evidenció el súbito colapso de bancos y casas financieras, que días antes tenían alta cotización en bolsa y excelente evaluación de riesgo. En ese mundo mañoso, parece que la crisis actual se manipula para el beneficio de unos pocos. La intervención de la Reserva Federal –es decir, algunos grandes bancos- fue poco homogénea. Los beneficiarios del mejor trato han sido Goldman Sachs, J.P.Morgan y CitiGroup.

d) La especulación en divisas y oro

Es notorio que los cambios de divisas oscilan, a pesar de tener el respaldo de una misma cantidad de reservas y con las mismas cifras macroeconómicas nacionales; también intriga la milagrosa levitación del dólar, cuyo patrón ahora sería el plomo, por el peso de las deudas más grandes de la historia. El precio del oro también sube y baja sin causa razonable. En marzo 2008, la onza pasó los 950 dólares y luego bajó en torno de los 600 para volver a subir en marzo 2009 por encima de los 1000. Pareciera que los joyeros tomaron vacaciones entre marzo 2008 y marzo 2009.

La supervisión de los especuladores

La teoría de una economía de mercado dice que a ésta la mueven los precios. En los mercados que conocemos los precios los suelen mover rentistas y especuladores. Un robo que debieran impedir los gobiernos, pero del que son cómplices. Complicidad añeja, como lo demuestra la circulación de personas entre la dirección en grandes empresas y cargos de responsabilidad económica en los gobiernos; unos más y otros menos, pero en casi todos los gobiernos.

En Estados Unidos, el sendero trillado entre Goldman Sachs y el Departamento del Tesoro es bien conocido. En épocas recientes destacan dos casos: Robert Rubin, que era su CEO antes de ser Secretario del Tesoro con Clinton y el actual secretario, Henry Paulson que entró con Bush, a mitad del 2006, después de presidir 8 años a Goldman Sachs. El salario de Paulson en Sachs rondaba los 37 millones, más unos 500 millones en acciones del banco (5); en el Tesoro sólo gana 191.500 dólares anuales, pero sigue estoicamente allí.

Con socios tan bien ubicados, era inevitable que le diesen a los banqueros un par de billones (trillions) públicos para salvarlos de la quiebra, hace apenas unos meses. Dinero público para que entre banqueros se pagasen sus astronómicas deudas, no para prestar al público como se hizo creer y que hubiese necesitado mucho menos. Saldadas sus deudas, vuelve la dicha a ese circuito tan diferente a la economía general norteamericana. En aquella aumentan las quiebras y el desempleo, caen las ventas y se ejecutan hipotecas. Es un panorama oscuro y peligroso donde contrasta como un faro Goldman Sachs, que recién decretó los dividendos más altos de su historia y dobló los bonos millonarios de sus brillantes ejecutivos. (6)

IV

Los grandes bancos hacen un festín con los dos billones (trillions) que les han dado, como adictos que vuelven al juego y de nuevo suben las apuestas; pero es que el dinero que no proviene de una actividad productiva es justo la causa del problema. Dar más dinero ilusionista aplaca el ansia, pero agrava el problema de colocarlo y genera más burbujas. Mientras, la tensión crece entre los muy ricos y quienes no tienen empleo, ni casa, ni ahorros. El problema es que el sistema dólar no tiene una economía real, para todos, que lo respalde.

¿Quién mueve la economía mundial ahora?

Hace años que la economía de Estados Unidos está estancada y que las manufacturas son cada vez menores en la estructura de su PIB. Peor aún, hay un Déficit Profundo en su clasificación industrial, porque son extranjeros casi todos los insumos de los productos norteamericanos finales (7). Estados Unidos se desindustrializa y también los europeos y japoneses en algunos sectores (textiles, automotores, informática) en que ya no compiten.

La situación económica mundial está cambiando y ya algunos habían anunciado la crisis presente como el inicio de un nuevo equilibrio (8). Es un fenómeno anticipado por el crónico déficit fiscal y comercial de Estados Unidos, que continúa andando a crédito, gracias a su condición de principal mercado de exportación de casi todos los países. Emmanuel Todd dice de eso que es “comportamiento talmente mágico que algunos economistas han deducido que el rol económico mundial de Estados Unidos no es más el de producir, como las otras naciones, bienes, sino moneda.” (9)

La dependencia mundial de los Estados Unidos como comprador está cambiando y es lo más trascendente que sucede en las relaciones económicas internacionales. China remplazó este año a Estados Unidos como el principal mercado de países importantes, como Brasil. En otros –como Rusia- el euro, el oro y el yuan van remplazando al dólar en sus reservas.

Ahora se culpa a China por el déficit comercial norteamericano y sus consecuencias, pero no es cierto. Es verdad que la participación china en las importaciones estadounidenses crece, pero no es que desplace a una producción norteamericana; lo que ahora Estados Unidos importa de China, lo importaba antes de otros países. Es un déficit comercial estructural que viene desde el siglo XIX y no disminuirá con la crisis: en abril 2009 fue de 29,2 millardos.

El ocaso de Estados Unidos y su modelo

La política básica en las grandes empresas de Estados Unidos es como la matriz de la globalización:

a) maximizar las ganancias con fábricas en el extranjero o importar partes para evitar el costo de empleados y proveedores nacionales.

b) bajar aranceles para no gravar las ganancias de las empresas que importan sus propios productos.

c) estimular sin descanso el consumo inmediato –adentro y afuera- para vender más y ganar más.

d) apoyar y subsidiar esas políticas en todo el mundo.

Son políticas que no toman en cuenta el ingreso del consumidor y se ocupan sólo de la ganancia de empresas que ya son apátridas.

Esa política destruyó el ahorro, redujo la infraestructura industrial y provocó una desocupación. Esos desempleados dejaron su área de competencia y fueron absorbidos, en condiciones precarias, por empresas de servicios. Se habló entonces de una sociedad post-industrial como si fuera un progreso; total, los servicios son intangibles y algo nebulosos, muchos no requieren conocimientos, basta poder vender algo, como “productos” financieros.

La crisis real no son los millones de millones (trillions) en valores que se hicieron humo. Esas eran cifras aparentes: cotizaciones en bolsa, trampas contables o pirámides financieras, que son las ganancias típicas del sistema. La crisis real es el creciente desempleo y el empleo precario; la del norteamericano abrumado por deudas, que ya no puede comprar más y perderá su casa. Los ricos estafadores de Wall Street y Londres están bien y todo el mundo político se ocupa de su prosperidad, pero los ricos no bastan para mantener el nivel de consumo.

La baja del consumo implica disminución de importaciones. El gran mercado de Estados Unidos, cuyo encanto sedujo con TLCs a los gobernantes de algunos países latinoamericanos y a otros tontos más lejanos, no existe más; se perdió apostándole a la “Economía de la Oferta”, en el Casino Financiero de Wall Street.

Convivencia y transición

Lo que tenemos planteado es una fase en que conviven dos mundos económicos con tendencias divergentes.

Uno, es el llamado Sistema Dólar, personificado por el G-7. Sus rasgos distintivos son:

a) colocaciones financieras riesgosas;

b) alto porcentaje de deuda pública con respecto al PIB, que contrae la economía;

c) reservas decrecientes por desequilibrios en la balanza de pagos;

d) exportación de actividades productivas, lo que crea desocupación e inestabilidad laboral;

e) servicios como eje principal de su economía;

f) agricultura subsidiada.

Su gran ventaja es que los años de prosperidad desarrollaron una excelente infraestructura física y tecnológica; eso hace posible que un vuelco hacia políticas de empleo y seguridad social impulse una recuperación económica.

El otro mundo son las llamadas economías emergentes. Países que, con la experiencia de los años 80 y de las recetas austeras del FMI y el Banco Mundial, son cautos con sus finanzas. Sus rasgos son:

a) bajo porcentaje de deuda pública con respecto al PIB;

b) crecimiento económico interno y una competitividad exportadora;

c) aumento de reservas;

d) importación de empleo;

e) industria manufacturera como base económica;

f) agricultura eficiente.

Su nivel tecnológico es bueno y tiende a ser mejor, la infraestructura es menos desarrollada y hay grandes diferencias entre ellos, los salarios son bajos y desiguales. Su gran ventaja es demográfica.

Los nuevos protagonistas

En 2007, antes de la crisis, los países desarrollados crecieron muy poco: en promedio, 1.8%. Quienes crecían eran los países en desarrollo o emergentes: Argentina 8,5%, China 11,4%, India 9,4%, Rusia 8.1% y ninguna de esos países se rige por las prédicas del FMI, del Banco Mundial o por los difusos papeles que se escriban en Washington o Londres.

En enero 2009, en el tradicional “Foro Económico Mundial” de Davos hubo nuevos actores y señales claras de lo que está por venir. El primer ministro chino Wen Jiabao y el primer ministro ruso Vladimir Putin mostraron que sus dos países deben ser tomados muy en cuenta. Putin se burló de los representantes de Estados Unidos que el año pasado, allí mismo, se jactaron de la “estabilidad fundamental y prospectos sin nubes” de su economía y señaló que “los bancos de inversión, orgullo de Wall Street, han cesado virtualmente de existir”. Wan criticó las políticas macroeconómicas de “algunos países” y dijo que era insostenible un modelo económico “caracterizado por una prolongada baja del ahorro y el alto consumo” y por la “ciega persecución de la ganancia y la falta de autodisciplina”.

El FMI presentó una revisión a la baja de sus predicciones, donde China tenía un crecimiento del 6%. Wan corrigió esa cifra y afirmó que China estimaba que, trabajando, podía tener un crecimiento del 8%, en 2009. Las cifras de junio 2009 confirman la predicción de Wan.

El presidente ruso Dmitry Medvedev criticó el rescate económico del presidente Obama que mantendría un déficit de un billón (trillion) de dólares. Eso significa –dijo- que la liquidez mundial sería absorbida con Bonos del Tesoro de Estados Unidos. Es algo muy egoísta y un modo de proteccionismo, dijo su asistente Igor Yurgens. No parece que Rusia o China estén inclinados a comprar muchos más bonos del inexistente Tesoro americano.

El 15 de junio, 2009, se reunió la Organización de Shanghai para la Cooperación, en Yekaterimburgo. El grupo Shanghai tiene declarados objetivos económicos pero también elementos de defensa, lo integran Rusia, China y cuatro vecinos de Asia Central: Kazakhstan, Kyrgyzstan, Tajikistan y Uzbekistan. Como observadores participan Irán, India, Belorusia y Sri Lanka. China ofreció 10 millardos a cada uno para que amortigüen la crisis e invertirá el equivalente a $550 millardos en obras internas de infraestructura, para compensar la merma de sus exportaciones y movilizar los recursos de la región.

Un rasgo muy destacado es que durante la reunión del grupo Shanghai hubo otra paralela de los presidentes de los países apodados BRIC, que son las iniciales de Brasil, Rusia, India y China. Lo tratado por los del BRIC en Yekaterimburgo fue discreto y negaron a Estados Unidos el acceso como observador, pero se sabe que estudiaron cómo prescindir del dólar en sus intercambios comerciales.

El nombre de BRICs se lo dio un reporte de Goldman Sachs, en 2001, sobre los países de gran crecimiento económico. El reporte les asignó un gran papel en la economía mundial para el año 2050. China e India serían los productores de bienes y Brasil y Rusia la fuente de materias primas. Una percepción que no confirman los hechos.

Las cosas pasan más rápido y menos coloniales. Brasil y Rusia son ya dos potencias industriales y tecnológicas, aunque en áreas distintas. La importancia mundial de los cuatro es obvia. El aporte de China al Producto Mundial Bruto –PMB- subió de 3.5% en 1999 al 8.8% en 2009. Se estima que, en 2009, los otros aportarían: Brasil 2,3%; Rusia 2,1%; India 2,2%. Son cifras del Financial Times y una base mínima, pero el aporte verdadero de los países a la economía mundial debe tomar en cuenta otros factores.

En primer lugar, un PMB enunciado en dólares lo refiere al costo de vida en Estados Unidos, sin lugar para la paridad con el costo de vida en otros países. El aporte debe calcularse en base a productos y prestaciones, no al valor de cambio. Una vaca cuesta más en Alemania que en Argentina, así, un mismo número de vacas idénticas aportará más al PIB de Alemania que al de Argentina, pero los argentinos comen mejor. El actual cálculo del PMB da más peso a los países con más inflación. Otro asunto es que con la baja del aporte de unos, aumenta el aporte participativo de otros. Estados Unidos sumó al PIB ganancias en bolsa y servicios financieros hechos humo. ¿Es que se van a restar? ¿Es que la dádiva de 2 billones (trillions) a los bancos se suma a su PIB y al PMB? ¡La única supremacía indudable de Estados Unidos es militar!

… ¿Afganistán, Irak?… Napoleón dijo “El dinero hace la guerra”; con menos dinero seguro que habrá más paz.

V

La fatalidad de déficit e inflación

Goldman Sachs y JP Morgan anunciaron nuevos records de ganancias y hay signos de vida en la bolsa de valores. No es algo que sorprenda cuando consideramos las astronómicas cantidades de dinero que se han vertido en el circuito financiero norteamericano. En lugar de una esperanza de recuperación temo que esos festejos son síntomas de que se vuelve a inflar la misma vieja burbuja en Wall Street. Las otras cifras publicadas contradicen ese optimismo.

El déficit fiscal se estima que será -según se anunció en mayo 2009-  de $1,83 billones para septiembre, mes en que cierra el año fiscal. Un 13% del PIB. Para darnos una idea, la Unión Monetaria Europea exige que el déficit fiscal de los países del euro sea inferior al 3%. Todo indica que el déficit aumentará, porque el desempleo llegó a 9,5% en junio – el estimado era 8,3%- y con menores ingresos el déficit fiscal crecerá. La revisión de julio se remandó para mediados de agosto, seguramente para no enturbiar el panorama.

Un déficit cada vez más grande es difícil de financiar y eso implica que es necesaria un alza de intereses para atraer compradores de bonos y papeles norteamericanos. Intereses más altos dificultan la recuperación económica y generan inflación. Otro elemento inflacionario es el gigantesco aumento en la masa monetaria que implicó la inyección de dos billones (trillones) a los bancos más todos los otros flujos monetarios virtuales. Los datos de la Reserva Federal sobre  la cuenta M2 – masa monetaria – indican un aumento del 8.8% este último año. En ausencia de la cuenta M3 sobre endeudamiento total – secreto de estado desde marzo 2006- las referencias cruzadas con la cuenta MZM (Money Zero Maturity), aumento 10,2% proyectan un aumento de la deuda en 92%, como puede verse en la tabla.

Para colmo, según Neil Barofsky , inspector general del Programa para Activos con Problemas (Troubled Assets Relief Program – TARP) la Reserva Federal y el gobierno se han comprometido y expuesto con un programa de estímulos, garantías y rescates que suman la cifra sideral de 23,7 billones (trillions); dos veces el PIB de Estados Unidos. En esa perspectiva los Estados Unidos resultan no sólo el país más endeudado proporcionalmente a su economía, sino el más riesgoso.

La inquietud internacional

Muchos países emergentes, como China o Brasil, son grandes acreedores de los Estados Unidos. China tiene la mayor cantidad de reservas monetarias extranjeras del mundo, equivalente a dos billones (trillions) de dólares; de ese monto se estima que la mitad esta denominada en US dólares . Este mayo pasado, China – bajo presión- aún compró 38 millardos de bonos del tesoro, que fue la compra más grande desde octubre 2008. Se calcula que sólo en bonos del tesoro China tiene unos 800 millardos de deuda norteamericana.

En contraste, la supuesta primera potencia económica esta sumergida en deudas. Por eso la Reserva Federal tira cargamentos de dólares en Wall Street, sin despertar mucho interés del público local. Los potentados americanos prefieren en privado el oro y con calma han venido comprando unas 1000 TM . Según Emmanuel Gentilhomme “En Alemania, Suiza y los Estados Unidos la inversión en oro al detal (lingotes menores de 1kg) ha subido un 437%, para un total de 126,6 TM.”. Si americanos y europeos ricos compran oro, es que no confían en el dólar y tampoco en el euro o el franco suizo; al fin de cuentas están ligados. La empresa americana que mas oro compró es SPDR Gold Shares, con 1127 TM a fines de marzo. Por cierto, John Paulson, Secretario del Tesoro de Bush, es ahora dueño del 8,6% de la empresa.

Por el momento lo que sostiene el dólar son las compras de bonos americanos por los bancos centrales y sobre todo el de China. China, mientras, reorienta su economía hacia el desarrollo interno e busca e invierte en nuevos mercados; cuando cese de depender de la deuda externa norteamericana y diversifique sus reservas ya no tendrá razones para mantener el dólar. Desde abril pasado aumento sus reservas en oro en un 70%, de 600 TM a 1054 (julio 2009). Claro está, ningún país quiere un colapso violento del dólar, porque todos tienen muchos dólares en sus reservas; pero el momento es delicado y cualquier acto agresivo de Estados Unidos puede causar retaliaciones financieras con efecto dominó. El dinero es asustadizo.

Las sugerencias de los G-20 en Washington y Londres

Los 20 países reunidos en Washington en noviembre 2008 sugirieron reforzar el modelo financiero actual. Hubo algunas propuestas concretas y son discutibles. El aumento de fondos a las instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial, etc.) sería a cargo de los “países emergentes y en desarrollo”, que tendrían una mayor cuota en las decisiones. Ilusiones vacías, mientras Estados Unidos tenga poder de veto con su 17% . Es decir, que los del Sur “aporten más”, para ayudar al Norte, porque no controlan nada.

En el comunicado del G20 en Washington, retomado en Londres, hay una nota que sobresale por estar fuera de contexto. El punto 13 dice: “Debemos tratar de llegar a un acuerdo este año sobre modalidades que lleve a la conclusión exitosa de la Agenda para el Desarrollo de Doha en la OMC, con un resultado ambicioso y balanceado. Instruimos a nuestros ministros de comercio para que logren ese objetivo y estén listos a asistir directamente, como es necesario”

Es absurdo “mandar” una conclusión de la ronda Doha y más cuando se acaba de terminar – en julio 2008- una “mini-ministerial” sin ningún acuerdo y sin otra novedad que un aumento de las exigencias norteamericanas. No se puede “ordenar” un resultado en unas negociaciones sobre modalidades (rebajas arancelarias). Se afirman mentiras cuando Estados Unidos y el propio DG de la OMC, dicen que el objetivo de la Ronda de Doha es conseguir nuevos mercados. Esa es sin duda su aspiración, pero no es parte ni figura en el mandato para la negociación de Doha.

Lo que si menciona, y es el mandato principal y razón de ser de la Ronda Doha, es la reducción de subsidios agrícolas y sobre eso no hay una sola palabra. Al contrario, el documento del G20 de Washington recomienda combatir la crisis con medidas de política fiscal, lo que legitima la permanencia o el aumento de los subsidios, algo que sólo dan los países ricos. Subsidios escandalosos, como los millones de millones de dólares a los grandes bancos para que sobrevivan su deshonesta estupidez y que violan netamente los compromisos de Estados Unidos en el acuerdo sobre servicios (AGCS/GATS) de la OMC.

La declaración del G20 de Londres no añade nada. Lo vistoso fue el billón y pico (trillion) para el FMI y sus socios, que aparece como el principal beneficiario de la reunión, a pesar de sus graves antecedentes en la crisis asiática de 1997. El objetivo declarado de tanto dinero es para que los pobres puedan seguir importando; como decir que sigan las exportaciones. Ese billón tampoco es real. Es algo para los titulares. Una gran parte estaba comprometida antes y lo nuevo son 100 millardos de Japón, 100 de la Unión Europea y 40 que ofreció China, si le aumentan el peso de su voto en la directiva.

Hay que estar muy mal informado para pensar que el FMI vaya a ayudar a los países pobres. El mismo día que el G20 se mostraba en Londres tan generoso con el FMI, el Financial Times anunció que el FMI cortaba fondos a Latvia, cuyo PIB cayó un 12%, “hasta que viera mayor progreso en recortes del gasto público”, en detalle, los excesos fueron en Educación y Salud.
Un G20 realista hubiese exigido una reforma a fondo del FMI , donde Estados Unidos sigue con poder de veto. Un G20 realista tampoco diría que el comercio – cuyo máximo global anual fue de 3.500 millardos- puede remediar este desastre financiero frauduloso cuyas deudas superan ya los 8 billones (trillions).

Las Naciones Unidas

En la ONU, un foro más amplio que el “Club G20”, trabaja una comisión nombrada por su presidente, Miguel d’Escoto y presidida por Joseph Stiglitz, que busca soluciones enfocando el problema de la recesión global como una crisis sistémica. La comisión emitió un reporte donde se admite el problema del dólar sin fondos. Su propuesta es un esbozo, para su discusión en la Asamblea, donde se recomienda más poder para los países en desarrollo en las instituciones internacionales, más espacio político para su toma de decisiones, un nuevo sistema global de reservas y un Consejo Mundial de Coordinación Económica, sin duda algo menos frívolo que lo del G20. En ella resucitan ecos de la propuesta de Keynes en Bretón Woods, que para nosotros sigue siendo válida.

En las reuniones del pasado 24 y 25 de junio durante la “Conferencia sobre la Crisis Financiera y Económica Mundial” se estableció un grupo de trabajo abierto para el seguimiento de la re-estructuración financiera, la arquitectura económica, deuda externa y comercio internacional en que sería conveniente una participación muy activa de los países más afectados por la crisis, como aquellos que firmaron TLCs con Estados Unidos. En cierta prensa mordaz se llama a la Asamblea el “grupo G192”, como contrapeso del “G20” .

Otras opiniones y pronósticos.

En Ginebra, la Organización Internacional del Trabajo ya anuncia que la recesión global causará un incremento dramático en el desempleo y calcula que será una cifra entre 18 y 30 millones, pero que puede llegar a 50 millones si la situación continúa a deteriorarse.

Jagdish Bhagwati, célebre profesor de la Universidad de Columbia y ultra de la economía liberal, comentó al Financial Times, que el subsidio a empresas de automotores en Estados Unidos era impugnables en la OMC bajo el acuerdo de Derechos Compensatorios y que son formas de protección. Bhagwati acusa a Obama de proteccionista y llama “proteccionismo insidioso” a las demandas de los sindicatos y sus aliados políticos para subir los estándares laborales de los socios comerciales. Dice que es para menguar la competitividad; pero olvida que es la competitividad de las mismas empresas que exportaron puestos de trabajo. Califica esas presiones sindicales de “táctica cínica” que funciona sólo con países débiles y pronostica que los “lobbies” laborales empujarán a Obama hacia los TLCs en lugar de la OMC.

Es una realidad que la crisis ha despertado el proteccionismo. El Congreso norteamericano exige limitar las compras de hierro, acero y manufacturas extranjeras en los proyectos que comprenda el paquete de estímulos por US$ 819 mil millones del Presidente Obama. La resistencia al proteccionismos viene de transnacionales como General Electric, Caterpillar y Boeing, todas ellas empresas supuestamente norteamericanas. La medida es impugnable en la OMC, porque viola el trato nacional.En losTLCs se puede impugnarla porque además va contra los acuerdos de inversión, que prohíben exigir contenido nacional. Ironías de la vida.

Síntesis recapitulativa

Desde la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos son el país predominante en el acontecer económico y político internacional. Desde la Segunda Guerra Mundial tiene una hegemonía económica, cuya piedra angular – desde 1971- es un dólar sin nexos con la economía real. El sistema dólar es una simple pirámide financiera o esquema Ponzi, como se llamó al caso de Bernie Madoff, que estafó unos 50 millardos. Se paga con crédito.
La pirámide financiera es sideral, los títulos sin respaldo en 2007 se estimaban en 65,6 billones [trillions], unas 44 veces el PIB mundial. Para el 2008 la cifra rondaba los mil billones [quadrillion] . Hay una orquestación criminal en el sistema dólar: fraudes contables, emisión inorgánica de dinero, obligaciones sin respaldo, desprotección culpable, ocultamiento de estadísticas “M-3” sobre el circulante , venta de Bonos del Tesoro impagables…

La crisis actual es la coincidencia de cuatro burbujas hijas del ilusionismo especulativo: la especulación en materias primas y alimentos, la especulación inmobiliaria, la especulación en bolsa y la especulación en divisas. Las burbujas revientan y colapsa un sistema basado en el dinero sin fondos, emitido por una economía deficitaria y dispendiosa. El tirarle más paquetes de dinero sin fondos a la crisis sólo la agrava, reflotarán brevemente las acciones para que arrastren más víctimas. Es dar más droga al drogadicto. Errar hasta semejante crisis fue obra de mucha codicia, pero humana, perseverar es diabólico y el resultado será infernal.

Conclusiónes.
1- La crisis es Made in USA
La originan:
a) La emisión y colocación de dólares sin fondos, la ausencia de vigilancia por la Reserva Federal y la apertura internacional a los servicios financieros y las inversiones.
b) La falta de competitividad comercial de Estados Unidos que causa sus crónicos déficits comerciales y fiscales.
c) Esas agobiantes deudas privadas y públicas que encogen su mercado y crean una desconfianza que restringe el crédito.
d) La contracción del mercado estadounidense se trasmite a los socios comerciales que dependen de sus exportaciones.
e) La caída del mercado profundiza la tendencia al déficit comercial de sus socios.
2- El Modelo de crecimiento exportador es frágil:
a) El crecimiento basado en exportaciones es desigual en el desarrollo interno y esta crisis lo demuestra frágil y efímero
b) El modelo acentúa la vulnerabilidad social y actúa como transmisor de recesión
Recomendaciones

No pretendemos poder hacer recomendaciones concretas, porque no conocemos a fondo la situación en cada país latinoamericano, pero sabemos que será distinta y más o menos compleja. Nuestra recomendación es sólo la de interrogarse sobre el rumbo a seguir en el panorama que venimos describiendo. Por ejemplo:
1. Qué país se quiere en los próximos 50 años? Planearse la pregunta no solo en materia económica sino también social.
2. Cual modelo desarrollar que genere riqueza y la reparta al mayor número?
3. Como enfatizar en ese modelo unos servicios esenciales para al crecimiento económico y social como educación y salud?
4. Qué perspectiva de éxito para mantener decorosamente la población rural tiene una inversión en tecnologías e infraestructura para una base agroindustrial?
5. Cómo devolverle a la industria su importancia dentro del desarrollo nacional? Años atrás se decía: Sin Industria no hay Nación
6. Cual sería el papel de los servicios para consolidar los sectores agrícola e industrial?
7. Qué papel dar al cooperativismo? Hay ejemplos muy útiles en las economías desarrolladas.
8. Que política seguir en los foros internacionales? Allí se forjan nuevas cadenas o libertades
Se asoman cambios radicales en un nuevo espacio con nuevos astros. Debemos usar bien la ocasión que el destino da de cambiar rumbo y suerte!
MUCHA SUERTE!


* Umberto Mazzei es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia. Ha sido profesor en temas económicos internacionales en universidades de Colombia, Venezuela y Guatemala. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra.



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Este artículo fue escrito en el 2006, pero sus argumentos en relación con el trabajo están plenamente vigentes en la actualidad y mucho me temo que lo seguirán estando en el futuro.

Es por eso que lo incorporo a este blog cuyo objetivo principal es propiciar un debate permanente sobre lo que ocurre en la economía mundial.

- Administrador del Blog -

Durante las últimas dos décadas, algunas economías de extraordinarias dimensiones, como China e India, han venido creciendo en promedio a ritmos próximos al 10% anual. Su dinamismo, acompañado del impulso de otras economías, ha hecho posible el auge económico que al presente vive una buena parte del planeta desde el año 2002. Incluso economías semiestancadas de América Latina, han alcanzado tasas de crecimiento superiores al 7% en los últimos años. En el caso de Bolivia, hemos pasado la barrera de los dos mil millones de dólares de exportaciones y además hemos duplicado su valor en 3 años, hazañas nunca antes logradas en nuestra historia. Pero ese auge exportador basado en altos precios va pasando de largo para la gran mayoría de la población que no ve aumentar sus ingresos ni sus oportunidades de empleo.

Incluso un país como Alemania tiene 5 millones de desocupados ya desde hace 2 años. En Italia la desocupación juvenil llega al 25% y en el sur alcanza al 60%. Cifras igualmente muy altas se registran en la gran mayoría de las economías europeas, aquellas que una vez fueron la vanguardia del progreso. La protesta de cientos de miles de franceses contra los intentos de su gobierno de traspasar la cuenta del desempleo a los más jóvenes, documenta estos extremos. Entretanto la migración mundial se ha constituido ya en el mayor éxodo de la historia humana. Situaciones como las manifestaciones de millones de inmigrantes en los Estados Unidos contra nuevas murallas o la esclavización “sin quejas” de los inmigrantes bolivianos en la Argentina o los millones de esclavos en Rusia provenientes de las ex repúblicas soviéticas son muestras inconfundibles de la crisis global que asola a la humanidad. Dichas manifestaciones se dan en el marco de la sempiterna pobreza de las grandes mayorías del mundo, con todas sus secuelas de postración y abandono.

¿Qué ha originado esta fase de crecimiento perverso, donde al mismo tiempo crecen el intercambio comercial y las ganancias de las grandes corporaciones, y se multiplican los multimillonarios, a la vez que crece la desocupación abierta y el desempleo juvenil alcanza los umbrales más altos de la historia? ¿Acaso los jóvenes ya no tienen entrada al futuro y se nos va acabando el trabajo? ¿A qué se debe todo ello, cómo se explica esa combinación de extraordinario crecimiento económico y las tasas más altas de desempleo en países desarrollados y subdesarrollados desde la gran depresión de 1929?.

Intentaré dar respuesta, empezando con una breve experiencia personal. En 1983 tuve la ocasión de visitar la feria industrial de Hannover en Alemania, que para mí significó algo así como un viaje al futuro. Ese año se presentó allí toda la robótica para la fabricación industrial y los sistemas automatizados inteligentes y autoajustables. Seis años después, durante una visita a una planta de Volkswagen en la cercanía de Hamburgo, me tocó observar todas esas innovaciones en acción. Las cintas transportadoras que caracterizan a las fábricas de automóviles, usualmente repletas de trabajadores ensamblando partes y ajustando tuercas, habían sido prácticamente tomadas por esos brazos y sistemas robotizados que con extraordinaria precisión, realizaban el trabajo de sus antecesores. Pienso que esta imagen ayuda a identificar los rieles por donde transcurre el drama de nuestro tiempo.

Considero que una de las causas básicas de la debacle mundial se debe justamente a la concentración de efectos de sucesivas oleadas de innovaciones tecnológicas sobre el empleo y la producción. Cada vez el lapso entre investigación básica y desarrollo tecnológico se acorta más, a la vez que los ritmos de incorporación de nuevas tecnologías a los procesos productivos tienden a acelerarse. A ello se agrega que los periodos de ajuste de las innovaciones tecnológicas a sus entornos y de éstos a ellas, se va acelerando gracias a la informática y otras tecnologías. En conjunto, la suma de estos efectos está destruyendo más trabajo del que se está creando, al punto que los periodos de desempleo de la fuerza de trabajo calificado se prolongan cada vez más, situación que origina cuantiosas perdidas de ingresos y gran devastación de recursos humanos.

Esta causa se halla acompañada de otros procesos altamente dañinos y destructores de tejidos sociales, humanos, ambientales y económicos. Me refiero a los múltiples “huecos negros” que el sistema capitalista ha construido y desarrollado para perpetuarse. Uno de ellos se refiere a todas esas formas de “librarse” de los deshechos químicos y la basura industrial, arrojándolos a la atmósfera, los cuerpos de agua y el suelo, al punto que el planeta se asemeja cada vez más a una gran cloaca, incapaz de reciclar sus deshechos. Pero no es el único hueco negro. Las grandes masas de desocupados en todo el mundo, son objeto propicio para descargar sobre ellas todas las falencias del sistema económico, tal como se ve en el caso de Francia. La migración también representa otro hueco negro, pues constituye una forma de desplazar parte de la presión social existente en las sociedades expulsoras, pero que ha traído consigo el fenómeno de las remesas (en Bolivia alcanzaron a mas de 800 millones de dólares el 2005), como símbolo de la voluntad de los migrantes de mantener estrechos vínculos con un mundo que los hace sentir cada vez más ajenos. Las expresiones de rechazo y abuso de las corrientes migratorias que se ve en los Estados Unidos y Argentina, muestran esa vacilación estructural que ocasionan los huecos negros, pues no se sabe si explotarlos o extirparlos. Los paraísos financieros y los tráficos ilícitos de toda especie son otros huecos negros que requiere el sistema económico imperante para reproducirse.

Si bien las causas señaladas anteriormente son por sí mismas destructoras y ampliamente devastadoras de todo tejido social y humano, no son la causa fundamental de la creciente miseria planetaria. La causa principal radica en la globalización dominante, es decir, en la implantación a escala mundial de la libertad de comercio tipo embudo, amplia y holgada para unos pocos países, y estrecha y restringida para la gran mayoría. Cada vez se hace más evidente que esta libertad de comercio limitada hace imposible que el trabajo que se crea se iguale con el trabajo que se destruye, que los efectos de las innovaciones tecnológicas puedan alcanzar a todos los confines planetarios y que las oportunidades económicas se distribuyan más equitativamente, pues la escala de operaciones que exigen las nuevas tecnologías requiere mercados mucho más amplios, los que no surgirán mientras los futuros compradores no puedan constituirse a su vez en sujetos vendedores de sus productos. La política de subsidios agrícolas y de acceso restringido y condicionado a los grandes mercados por parte de las países industrializados, es la causa fundamental de esta crisis perversa de crecimiento con desempleo que angustia a millones de seres humanos. A quienes no migran, sólo les queda contribuir a transformar profundamente el orden de cosas imperante, tal como se avizora en Bolivia. Es cuestión de vida o muerte.

Por lo visto, el viejo sistema capitalista se halla empeñado en sobrevivir en el presente a costa del futuro, pues no se inmuta ante las nuevas y múltiples cargas que le va añadiendo al planeta y a la sociedad humana, del mismo modo que la ortodoxia económica y las visiones angostas mantienen imperturbables su curso al desastre.

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El debate se anima y eso es bueno para que podamos avanzar.

Dentro de lo malo, la debacle de la economía ha traido algo bueno con el debate que se ha desatado a la hora de intentar explicar y buscar soluciones a la crisis.

Ojala sepamos aprovecharlo!!!

-Autor del Blog-

La actual crisis ha revelado las raíces keynesianas de la economía convencional. El único debate ha sido el tipo y tamaño de los rescates y planes de estímulo. Por ejemplo, el premio Nobel Joseph Stiglitz de la Universidad de Columbia piensa que la nacionalización bancaria es preferible al plan de alivio de activos tóxicos de Geithner-Summers. La fantasía keynesiana es realmente una monomanía porque, en última instancia, consiste en la obsesión en una sola panacea, más gasto público. Entretanto, los austriacos defienden el conjunto de políticas contraria y han sostenido heroicamente su receta de la liquidación.

El elevado grado de unanimidad entre los economistas de la corriente principal (mainstream) a favor de los rescates y planes de estímulo se hizo evidente en la reciente convención de la American Economic Association. Además de esta unanimidad, los economistas convencionales se han convertido en más influyentes y poderosos que nunca. Por ejemplo, Paul Krugman, el premio Nobel en economía más reciente y columnista del New York Times, apoya los planes de estímulo para combatir la recesión.

No importa cuántos nuevos planes se ofrezcan, su única queja es que no es suficiente. El antiguo compañero de Krugman en la Universidad de Princeton, Ben Bernanke, a cargo ahora de la Reserva Federal, cree que si él puede arreglar los problemas de la economía financiera también puede evitar que los problemas se extiendan a la economía real.

Larry Summers, antiguo economista y presidente de la Universidad de Harvard es ahora el director del Consejo Económico Nacional del presidente Obama y, presumiblemente, el coordinador de los planes para atajar la crisis económica. Es interesante mencionar que Summers es el hijo de dos economistas académicos y es el sobrino de los premios Nobel, Paul Samuelson y Kenneth Arrow. También es considerado uno de los mentores del Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, quien trabajó bajo órdenes de Summers en el departamento del Tesoro durante la Administración Clinton.

La receta austriaca contra la crisis

Todo esto me sugiere que esta crisis es un “test de mercado” para los economistas mainstream. Nunca antes tantos economistas académicos han tenido un papel tan importante en la política económica del Gobierno federal. Si incluimos a los dos de fuera (del Gobierno), Stiglitz y Krugman, con los poderosos de dentro (del Gobierno), Bernanke y Summers, tenemos una buena muestra acerca de la economía convencional de elite.

Dado que el Congreso ha votado muy pocas de las muchas medidas adoptadas por la Administración para atajar la crisis, se supone que este equipo económico, incluyendo al secretario Geithner, es responsable del diseño de la mayoría de las respuestas a la crisis.

Sus respuestas equivalen a medidas keynesianas puras y duras. En el último trimestre de 2007, aplicaron los típicos recortes de tipos de interés de la Reserva Federal. Luego, en enero de 2008, el primero de los movimientos sin precedentes vino de Bernanke cuando la FED empezó a subastar activos en la ventana de descuento. Esto fue seguido por una respuesta sin precedentes detrás de otra, rescates, estímulos, y garantías gubernamentales, tales como incrementar la cobertura del seguro del FDIC [Fondo de Garantía de Depósitos] sobre depósitos bancarios y extenderla a fondos del mercado monetario. Todo esto equivale a billones de dólares de más gasto público.

Es decir, Obama no trajo ningún “cambio”, tan sólo incrementó la magnitud y velocidad de las políticas. Los rescates, planes de estímulo y garantías públicas deberían ser vistos como una especie de proteccionismo por la puerta de atrás. Washington está protegiendo a Wall Street; está protegiendo a los bancos; está protegiendo a las compañías de automóviles; y está protegiendo los empleos en general. Entre los gobiernos extranjeros ya se han suscitado preocupaciones sobre este perfil rescatador del Gobierno, de proteccionismo y posibilidad potencial de una guerra en el comercio global.

Por supuesto, si señalas este punto a cualquiera de los economistas de la elite en Washington se burlarían y negarían la culpa. ¿Por qué? Porque todos los economistas saben que el proteccionismo sólo agravará los problemas. La Ley Arancelaria Smoot-Hawley convirtió a la Gran Depresión en algo mucho peor, y este creciente proteccionismo puede provocar guerras comerciales.

La receta austriaca para la crisis económica es muy simple y requiere poca acción por parte del Gobierno. El enfoque keynesiano es una receta para el desastre. Aquí están los ingredientes pasivos de la receta Austriaca:

- Permitir la liquidación de empresas en quiebra y de su deuda: nada de rescates públicos.
- Permitir que caigan los precios: nada de inflación monetaria.
- No apoyar artificialmente al empleo: nada de estímulos económicos.
- No conceder avales públicos: nada de nacionalizaciones de las llamadas government-sponsored enterprises (GSEs) ni de expandir la cobertura del FDIC.
- No subvencionar el desempleo: nada de extender el subsidio de paro desempleo.
- No castigar o desincentivar el ahorro.

Esta receta producirá la recuperación más rápida posible y minimizará la magnitud del daño económico. El lado activo en términos de políticas austriacas consistiría en reducir el tamaño del gobierno, presupuesto, impuestos, y regulaciones.

Debería ser bastante obvio que los Austriacos y los economistas Keynesianos tienen opiniones totalmente contrarias acerca de cómo resolver la actual crisis económica. Para ver cómo podría resultar, echemos un vistazo hacia atrás a la historia económica americana.

¿El siguiente super ciclo?

Los economistas convencionales identifican los giros en el ciclo económico mediante los datos que aporta el National Bureau of Economic Research (NBER). Esta información parece sugerir que las contracciones se están haciendo más cortas en duración mientras que las expansiones son más largas. Sin embargo, hay muchos problemas significativos con los datos de los ciclos del NBER.

Un problema es que los datos del NBER oscurecen lo que denomino “super ciclos”, que no deberían ser confundidos con los ciclos de Kondratiev o las Olas de Elliot. El primero de estos super ciclos es la Era Progresiva, cuando se acometieron un conjunto de cambios radicales en la Constitución, el gobierno y la economía. Este super ciclo abarca los cinco ciclos desde 1907 a 1921. El segundo super ciclo fue la Gran Depresión desde 1929 pasando por la Segunda Guerra Mundial, y el tercer super ciclo fue la Gran Estanflación de los ‘70, que duró desde 1970 hasta 1982.

Otro problema consiste en cómo medir mejor la economía a lo largo del ciclo económico. El NBER tiene en cuenta muchos factores para calcular los picos, valles, y recesiones, pero en gran medida se resumen en el PIB. Un problema con este enfoque es que a lo largo del tiempo el gasto público ha aumentado notablemente en relación al sector privado.

El gasto del Gobierno federal es menos susceptible a recortes durante las recesiones, debido al poder del Ejeuctivo para incurrir en déficits presupuestarios, subir impuestos y generar inflación. Las grandes cantidades de gasto público gubernamental hacen que los ciclos más recientes parezcan menos importantes que los antiguos ciclos cuando se mide en términos de PIB.

Sin embargo, el gasto público no es comparable al privado, ya que su valor no depende directamente de los consumidores, y buena parte de él es realmente nocivo para la economía. El Gobierno podría pagar a la gente para que cavara hoyos y a otra gente para que los llenara, y así se incrementaría el PIB, pero nadie sostiene que ése sea el camino de la prosperidad.

Tratando de corregir este problema con lo aportado por Murray Rothbard y los cálculos de Robert Batemarco, encontramos que los tres super ciclos del siglo XX coincidieron con el ascenso de intervencionistas de diversos tipos: los progresistas (1907-1921), los defensores del New Deal (1929-1945) y los keynesianos (1970-1982).

En contraste, si miramos a las recesiones normales, donde el país no estaba en guerra, estaba bajo el patrón oro y donde la política keynesiana no era dominante, nos encontramos una historia muy diferente. Por ejemplo, las recesiones de 1953-54, 1957-58, y 1960-61 fueron cortas en duración, poco profundas y fueron seguidas por un crecimiento robusto.

En la actualidad, la burbuja inmobiliaria alcanzó su cumbre en julio de 2005. La inversión privada, un indicador fundamental de la economía, hizo lo propio en 2006. A medida que las condiciones adversas en la industria constructora se extendieron, la economía se dio un traspié a finales de 2006 y otra vez a finales de 2007, antes de caer en clara depresión en 2008. El tamaño y alcance de los remedios de las políticas keynesianas empleadas desde finales de 2007 no tiene precedentes. Con el resurgir de la economía keynesiana sólo podemos concluir que las precondiciones para un nuevo super ciclo ya están puestas, y que si las políticas no se revierten, nos enfrentaremos a muchos años de condiciones económicas depresivas.

Artículo elaborado por Mark Thornton y publicado originalmente en el Ludwig von Mises Institute.

*Tomado de Libertad Digital

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Hay que acabar con los abusos de los bancos

Entidades Financieras, Especulación, Globalización Económica, Joseph Stiglitz, Neoliberalismo, Paul Krugman, Recesión 6 Comentarios »

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Desde hace bastante tiempo he venido escribiendo repetidamente sobre la impunidad de la que gozan los bancos (instituciones financieras) para cometer sus abusos, la última hace muy poco en este mismo blog.

Ellos han sido los causantes principales de la crisis mundial que estamos viviendo por su avaricia sin límite; avaricia que ha sido propiciada claramente por la complicidad de muchos gobiernos que no han sabido cumplir con su obligación para con las mayorías y han permitido la usura sin límite a estos depredadores del ciudadano común que siempre queda indefenso ante sus tropelías. Encima ahora resulta que tenemos que ayudarles, con nuestros impuestos, a sobrevivir de la crisis que ellos mismos han provocado; y es curioso que mientras ellos suplican ayuda a diestra y siniestra, tratan como a perros a sus propios deudores que se las ven y se las desean para hacer frente a sus obligaciones por culpa, precisamente, de esas instituciones financieras que los han estado exprimiendo por años para obtener multimillonarios beneficios. La pregunta del millón es precisamente ¿dónde están todos esos millones que en las vacas gordas nunca fueron repartidos con los que ahora son llamados a ayudarlos?.

Contribuyente

Ha llegado, inexcusablemente, la hora de poner en cintura a esta fauna altamente nociva para la salud financiera del mundo y de sus ciudadanos y me alegro de escuchar voces muy autorizadas que coinciden con mis ideas.

Para botón de muestra les dejo tres: Carlos Slim, Joseph Stiglitz y Paul Krugman.

Carlos Slim ataca a bancos; recrimina tasas de tarjetas de crédito

Carlos Slim regañó a los bancos ayer; les recriminó las tasas de las tarjetas de crédito. “Son impagables”, dijo. La lógica del hombre más rico de México es impecable: con tasas tan altas, frente a la actual crisis y el seguro incremento del desempleo, qué quieren, ¿que la gente pierda su capacidad de pago y aumentemos el volumen de cartera vencida? Hay que recordar que Slim tiene banco, pero el financiero más brillante del país es también empresario, y al recriminar no se daría un balazo en un pie. Vea: su tarjeta, la EFE Clásica de Inbursa, tiene un Costo Anual Total (CAT) de 60.4%, frente a otras como la Spira Clásica de Invex, que anda en ¡113.4%!, o tres de Santander, que rondan entre casi 90% y 110%. O las de Bancomer, las de Banamex. Uff. Por algo el señalamiento de Slim.

Stiglitz: La nacionalización es la única respuesta. Estos bancos están, efectivamente, en bancarrota.

Joseph Stiglitz recibió el Premio Nobel de Economía en 2001. Bajo el Presidente Bill Clinton fue presidente del Consejo de Asesores Económicos de 1995 a 1997. Fue economista principal del Banco Mundial de 1997 a 2000 y autor principal del Informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de 1995, el cual recibió el Premio Nobel de la Paz compartido. Actualmente es profesor en la Universidad Columbia en Nueva York.

DW-WORLD: Muchos expertos temen que aunque las cosas están mal ahora, aún no hemos visto lo peor de la crisis. ¿Comparte usted la creencia de que nos enfrentamos a un largo descenso que pudiera rivalizar con la gran depresión?

Joseph Stiglitz: Vivimos en un mundo muy diferente al de la Gran Depresión. Entonces teníamos una economía de manufactura. Ahora tenemos una economía del sector de servicios. Muchas personas en Estados Unidos ya están trabajando parte del tiempo porque no pueden conseguir trabajo de tiempo completo. La gente están hablando más acerca de medidas coherentes de desempleo, y estas muestran un desempleo de muy altos niveles, alrededor de 15 por ciento. Así que es claramente un descenso serio. Otra gran diferencia entre ahora y la Gran Depresión es que entonces no teníamos una red de seguridad. Ahora tenemos seguro de desempleo.

DW: Los economistas Nouriel Roubini y Nassim Taleb, quienes predijeron el descenso de la economía global, han hecho un llamado para la nacionalización de los bancos a fin de detener la debacle económica, ¿Está usted de acuerdo?

Stiglitz: Lo cierto es que los bancos están en muy mala situación. El gobierno de EE.UU. ha vertido cientos de miles de millones de dólares con muy pocos resultados. Los ciudadanos norteamericanos se han convertido en propietarios mayoritarios de un gran número de bancos importantes. Pero no tienen el control. Cualquier sistema que tenga una separación de la propiedad y el control es una receta para el desastre.

La única respuesta es la nacionalización. Esos bancos ciertamente están en bancarrota.

DW: El Instituto Internacional de Finanzas estima que el flujo privado de capital hacia los países en desarrollo se reducirá en unos dos tercios. ¿Estamos llegando a una situación en la que pudiéramos ver un colapso total de muchos países en desarrollo?

Stiglitz: Pienso que muchos gobiernos de naciones emergentes en realidad tienen un sistema bancario central mucho mejor que el de Estados Unidos. Ellos comprendieron los riesgos de exceso de influencia, la excesiva dependencia en los préstamos de bienes raíces, así que realizaron acciones mucho más prudentes. Muchos países en desarrollo también acumularon grandes reservas y están en mejor situación para enfrentar esta crisis que hace una década.

Pero algunos se enfrentarán a tiempos muy difíciles, suspensión de pagos. Algunos de estos países están sufriendo por haber prestado demasiada atención a lo que ha estado sucediendo en Estados Unidos.

DW: ¿Se deben tomar medidas para ayudar a esos países en desarrollo?

Stiglitz: Definitivamente. Pienso que es absolutamente imperativo no solo en interés de esos países, no solo desde una perspectiva humanitaria, sino desde una perspectiva de estabilidad global. No es posible tener una fuerte economía global cuando hay grandes zonas de agitación económica.

El Banco Mundial ha hecho un llamado a los países industrialmente avanzados para que a medida que rescaten a sus propias industrias y brinden subsidios, separen algunas cantidades para los países en desarrollo, los cuales no pueden competir en este desigual campo de juego.

DW: El Presidente Obama atacó a los bancos por pagar miles de millones en regalías a los ejecutivos mientras estaban aún al borde del colapso. ¿Está usted de acuerdo con él de que su comportamiento es “vergonzoso” e “irresponsable”?

Stiglitz: Sí, es vergonzoso e irresponsable. Pero no es una sorpresa… durante años los ejecutivos de firmas norteamericanas han defendido sus escandalosas compensaciones, diciendo que es importante como plan de incentivo. ¿Cómo se pueden entregar bonos de miles de millones de dólares cuando una firma ha tenido pérdidas records de miles de millones de dólares? No se les deben dar regalías, se les debe castigar. A no ser que estén recompensando a la gente por fracasar.

DW: En su discurso en el Foro Económico Mundial, la Canciller alemana Merkel advirtió a EE.UU. acerca del proteccionismo y criticó los subsidios a las fabricantes norteamericanos de autos. ¿Tiene ella razón? ¿Cree usted que existe el peligro de que EE.UU. acuda a medidas proteccionistas?

Stiglitz: Sí, muy probablemente. Siempre hemos sabido que el proteccionismo adopta dos formas. Tarifas y subsidios. Los subsidios distorsionan el campo de juego al igual que las tarifas. Los subsidios son mucho más injustos y aún más distorsionantes, porque mientras que los países desarrollados pueden entregar subsidios, los países pobres no pueden darse ese lujo. Los países ricos están distorsionando el nivel del campo de juego al entregar grandes subsidios, no necesariamente con intención de protección, pero con las consecuencias de la protección.

DW: Merkel recientemente hizo un llamado para la creación de un organismo internacional de supervisión financiera, y está creciendo el consenso a favor del tema. ¿Cuán realista cree usted que es que los gobiernos y compañías entregarían la soberanía a una entidad internacional?

La idea de Merkel es muy importante y hace mucho que la apoyo. Tiene que haber una coordinación de la política económica global más allá del FMI, que ha fracasado, y del Banco Mundial. No se puede decir que debemos tener fronteras abiertas sin una regulación global. Es inconcebible que mientras avanzamos permitamos productos financieros que son muy riesgosos, fabricados en países con regulación inadecuada, que vengan sin regulación a Estados Unidos y viceversa. Las compañías internacionales que están comprometidas con la globalización debieran estar a la vanguardia de este llamado a favor de la regulación internacional.

Paul Krugman
El fracaso detrás de la victoria

Según los parámetros políticos normales, la aprobación del paquete de estímulos económicos por parte del Congreso fue una gran victoria para el presidente Barack Obama

El mandatario estadounidense obtuvo más o menos lo que pidió: casi 800 mil millones de dólares para rescatar la economía, con la mayor parte de ese dinero destinado a gasto y no a recortes fiscales ¡Ya podemos destapar el champagne para celebrar!

O tal vez no. Como no estamos en una situación normal no aplican los parámetros políticos normales y la victoria de Obama es más bien una derrota. La ley de estímulos parece útil pero inadecuada, especialmente si se le combina con un decepcionante plan de rescate de bancos. Y la política de lucha por el paquete de estímulos ha hecho que los sueños pospartidistas de Obama sean una insensatez.

Comencemos con la política.

Uno hubiera esperado que los republicanos actuaran como si de verdad hubieran recibido una lección en los primeros días de la administración Obama, sobre todo teniendo en cuenta la paliza que recibieron en las últimas dos elecciones y la debacle económica de los últimos ocho años. Pero está claro que el compromiso del partido con la “economía vudú” —impuesta en parte por grupos de presión dispuestos a producir contendientes contra heréticos— es tan firme como siempre. Tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, la mayoría de los republicanos apoyó la idea de que la respuesta adecuada al abyecto fracaso de los recortes fiscales de la administración Bush eran más recortes fiscales al estilo Bush.

Y la respuesta retórica de los conservadores al plan de estímulos —que costará mucho menos que los 2 billones de dólares asignados por la administración Bush a recortes fiscales o el billón de dólares, más lo que se sigue acumulando, gastados en Irán— raya en lo patológico.

Es un “robo generacional”, dijo el senado John McCain, apenas unos días después de votar por los recortes fiscales que hubieran costado hasta cuatro veces más en la próxima década. Es “destruir el futuro de mi hijas. Es como sentarme a ver cómo una banda de ladrones saquea mi casa”, dijo Arnold Kling del Instituto Cato.

La suciedad del debate político es importante debido a que genera dudas sobre la capacidad de la administración Obama de regresar por más en caso de que, como es probable, la ley de estímulos demuestre ser insuficiente.

Si bien Obama obtuvo más o menos lo que pidió, con seguridad no pidió lo suficiente. Probablemente estemos enfrentando la peor crisis financiera desde la Gran Depresión. La Oficina de Presupuesto del Congreso, que normalmente no tiene inclinación por las hipérboles, pronostica que en los próximos tres años habrá una brecha de 2 billones 9 mil mdd de dólares entre lo que la economía podría producir y lo que de hecho producirá. Y 800 mil millones de dólares, aunque parece mucho, no es suficiente para reducir ese abismo.

De manera oficial, la administración insiste en que el plan es adecuado para las necesidades económicas, sin embargo, pocos economistas están de acuerdo. Y en general se cree que ciertas consideraciones políticas —como que Obama se comprometió con anticipación con la esperanza de obtener más apoyo bipartidista— llevaron a establecer un plan más débil y que contiene más recortes fiscales de los que debería. Ya vimos lo bien que funcionó.

Ahora, las posibilidades de que el estímulo fiscal resulte adecuado serían mayores si estuviera acompañado por un rescate financiero efectivo, uno que descongelara los mercados crediticios e impulsara de nuevo la circulación del dinero. No obstante, el tan esperado anuncio sobre los planes de la administración Obama en ese sentido, dados a conocer esta semana, cayeron como un golpe seco.

El plan esbozado por Tim Geithner, secretario del Tesoro, no era exactamente malo pero sí ambiguo y dejó a todo el mundo preguntándose hacia donde va realmente la administración. ¿Esas sociedades entre el ámbito público y privado terminarán siendo una manera encubierta de rescatar a los banqueros a expensas de los contribuyentes? ¿o la requerida “prueba de esfuerzo” actuará como una ruta hacia la nacionalización temporal de la banca (solución que apoya un creciente número de economistas, entre los que me incluyo)? Nadie sabe.

La intención en general fue patear la lata unos metros para que avanzara y eso no es suficiente. Hasta ahora la respuesta de la administración Obama a la crisis económica mantiene muchas semejanzas con la de Japón en los años 90: una expansión fiscal lo suficientemente importante como impedir lo peor pero insuficiente para reactivar la recuperación económica; apoyo para el sistema bancario pero renuencia a obligar a los bancos a enfrentar sus pérdidas. Estamos en los primeros días de la administración Obama pero vamos en picada. Y no sé ustedes pero tengo una sensación desagradable en la boca del estómago, la sensación de que Estados Unidos no está superando el mayor reto económico de los últimos 70 años.

Probablemente a los mejores no les hagan falta convicciones pero parecen estar dispuestos a aceptar medidas a medias y los peores están, como siempre, invadidos de intensidad pasional, ajenos al grotesco fracaso de su doctrina en la práctica .

Todavía estamos a tiempo de cambiar la situación pero Obama tiene que ser más fuerte de ahora en adelante. De otra manera, el veredicto con respecto a la posibilidad de superar la crisis será: “no, no podemos”.

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