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Biocombustibles y especuladores elevan precio de granos básicos
17 Ago
Después de varios meses de relativa estabilidad, el precio de alimentos básicos, cuya alza fue una de las causas de que 5 millones de mexicanos cayeran en la pobreza entre 2006 y 2008, volvió a repuntar en el segundo trimestre de este año, mientras el país mantuvo en aumento las compras foráneas de granos, oleaginosas y carnes, indicó información oficial.
Detrás del incremento en el precio internacional de los alimentos, cuya variación mueve los costos internos en México, está el regreso de la especulación en los mercados de futuros de granos y una renovada demanda por parte de las empresas productoras de biocombustibles. Tal como ocurrió antes de 2006.
Los precios internacionales de maíz, soya y trigo repuntaron 10.8, 35 y 12.7 por ciento, respectivamente en el segundo trimestre de 2009, añadiendo, en el caso de México, una carga adicional a la crisis económica que ha eliminado cerca de 650 mil empleos y reducido la capacidad de compra de la población.
“Los precios internacionales de los granos más relevantes por su impacto en la inflación interna de México continuaron en el segundo trimestre con la trayectoria alcista iniciada a principios de año”, indicó un reporte del Banco de México publicado la semana pasada.
México es un país dependiente del exterior para satisfacer su demanda de alimentos. En el último año, la balanza comercial alimentaria fue deficitaria en 2 mil 901 millones de dólares.
En 2008, el país importó maíz con un valor de 2 mil 391 millones de dólares. Entre enero y mayo de este año, las compras al exterior del grano representaron una erogación de 611 millones de dólares, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Especulación
En la actualidad existe un “amplio acuerdo” en que la especulación en los mercados de futuros fue la causa principal del alza en los precios de granos y carnes, principalmente, que llevó a la crisis alimentaria mundial de 2008, explicó en un reporte Eric Holt-Giménez, director de Food First, una organización no gubernamental en Oakland, California.
En la Bolsa Mercantil de Chicago, donde se negocian contratos para entrega a futuro de unos 30 productos alimenticios de gran consumo mundial, las inversiones totales en los índices de maíz, soya y carnes de res y porcino aumentaron de 10 mil millones a 42 mil millones de 2006 a 2007, de acuerdo con la consultoría Ag Resource. Era una forma en que fondos de inversión con alta liquidez colocaban recursos en activos de fácil realización. La Asociación Nacional de Granos y Alimentación de Estados Unidos, publicó el año pasado un reporte en el que señaló que fondos especuladores controlaban 30 por ciento del total de los contratos futuros no liquidados o listos para entrega.
Estos fondos especulativos, como los fondos de cobertura o hedge funds, fondos mutuos y fondos que operan con divisas optaban entonces por invertir en el mercado de alimentos debido a la devaluación del dólar y los problemas que, en ese tiempo, comenzaban a hacer crisis en Estados Unidos y que llevaron al sistema financiero de ese país a colapsarse el otoño pasado.
Holt-Giménez asegura en su reporte que “todos los ingredientes tóxicos de la burbuja especulativa de 2008 en el mercado de alimentos siguen presentes a mediados de 2009″. Aunque algunos precios de productos básicos han disminuido, “inversionistas en mercados financieros ya están apostando a un repunte en el tercer o cuarto trimestre” de este año, considera. Y este año, añade, el fantasma de una sequía en algunas regiones del mundo se añade a la mezcla.
Incluso un pequeño déficit en la producción mundial de alimentos, o la amenaza de él, combinado con un dólar débil y el aumento de precios del petróleo, que puede ocurrir si la actividad económica mundial comienza a revertir este año la caída de los pasados nueve meses “podría ser suficiente para crear otra explosión de la actividad especulativa de alimentos básicos”.
En 2009, con la economía en la recesión más pronunciada en siete décadas, y un creciente desempleo en todo el mundo, “un pequeño repunte en el precio internacional de los alimentos podría convertirse en un verdadero desastre mundial”, señala el experto.
La crisis alimentaria de 2008 provocó un incremento de 100 millones en el número de pobres en el mundo, según el Banco Mundial. Diez millones de esos pobres fueron latinoamericanos, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
En meses recientes, el precio internacional de algunos alimentos básicos ha ido en aumento, aun cuando no existen indicios –al menos por ahora– de un crecimiento en la demanda.
El precio internacional del maíz fue en junio pasado de 179 dólares por tonelada, 11 dólares más que en diciembre de 2008 y 57 dólares arriba del nivel reportado para finales de 2006, el último año de precios estables, de acuerdo con datos del sistema de seguimiento de precios de materias primas del Fondo Monetario Internacional (FMI).
En el caso del trigo, la tonelada tuvo un precio de 253 dólares por tonelada al cierre del primer semestre de este año, 25 dólares más que en diciembre anterior y 61 dólares más que en 2006.
Respecto del arroz –que junto con el maíz y el trigo constituyen la base de la pirámide alimenticia en el mundo– el precio internacional en junio llegó a 623 dólares por tonelada en julio, 44 dólares más que en diciembre pasado y 319 dólares más que en 2006, reportan los datos del Fondo.
Desequilibrio
El consumo mundial de maíz en el ciclo 2009-2010 llegará a un récord de 788 millones de toneladas, un aumento de 2.3 por ciento respecto del año previó, estimó la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU, por sus siglas en inglés) en un reporte elaborado este mes. La mayor parte del incremento en el consumo está determinado por la producción de etanol a base de maíz en Estados Unidos, indicó.
La utilización de maíz para fines industriales consumirá 200 millones de toneladas, 12 millones más que en el año previo, y de ese total 120 millones de toneladas serán usadas para la producción de etanol.
Precisamente el aumento en la producción de etanol a base de maíz detonó la crisis de precio de ese grano y provocó en México, al inicio de 2007, las primeras protestas mundiales por el incremento en los precios de los alimentos.
Según EIU, la producción de maíz en 2009 será de 778.4 millones de toneladas, poco menos de las 780.7 millones de toneladas de 2008.
Las reservas de maíz están en manos de un pequeño número de países productores, con Estados Unidos y China en poder de 70 por ciento del inventario mundial del grano, de acuerdo con EIU. El año pasado, la reserva total de maíz en el mundo fue de 138 millones de toneladas.
La EIU estima que el precio internacional del maíz será este año de 175 dólares por tonelada en promedio, pero subirá a 195 dólares en 2010.
Roberto González Amador | jornada.unam.mx | 09-08-2009
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Secret report: biofuel caused food crisis
18 Jul
Internal World Bank study delivers blow to plant energy drive
[ Resumen traducido: Las verdades que el Banco Mundial prefiere ocultar ]
Biofuels have forced global food prices up by 75% – far more than previously estimated – according to a confidential World Bank report obtained by the Guardian.
The damning unpublished assessment is based on the most detailed analysis of the crisis so far, carried out by an internationally-respected economist at global financial body.
The figure emphatically contradicts the US government’s claims that plant-derived fuels contribute less than 3% to food-price rises. It will add to pressure on governments in Washington and across Europe, which have turned to plant-derived fuels to reduce emissions of greenhouse gases and reduce their dependence on imported oil.
Senior development sources believe the report, completed in April, has not been published to avoid embarrassing President George Bush.
“It would put the World Bank in a political hot-spot with the White House,” said one yesterday.
The news comes at a critical point in the world’s negotiations on biofuels policy. Leaders of the G8 industrialised countries meet next week in Hokkaido, Japan, where they will discuss the food crisis and come under intense lobbying from campaigners calling for a moratorium on the use of plant-derived fuels.
It will also put pressure on the British government, which is due to release its own report on the impact of biofuels, the Gallagher Report. The Guardian has previously reported that the British study will state that plant fuels have played a “significant” part in pushing up food prices to record levels. Although it was expected last week, the report has still not been released.
“Political leaders seem intent on suppressing and ignoring the strong evidence that biofuels are a major factor in recent food price rises,” said Robert Bailey, policy adviser at Oxfam. “It is imperative that we have the full picture. While politicians concentrate on keeping industry lobbies happy, people in poor countries cannot afford enough to eat.”
Rising food prices have pushed 100m people worldwide below the poverty line, estimates the World Bank, and have sparked riots from Bangladesh to Egypt. Government ministers here have described higher food and fuel prices as “the first real economic crisis of globalisation”.
President Bush has linked higher food prices to higher demand from India and China, but the leaked World Bank study disputes that: “Rapid income growth in developing countries has not led to large increases in global grain consumption and was not a major factor responsible for the large price increases.”
Even successive droughts in Australia, calculates the report, have had a marginal impact. Instead, it argues that the EU and US drive for biofuels has had by far the biggest impact on food supply and prices.
Since April, all petrol and diesel in Britain has had to include 2.5% from biofuels. The EU has been considering raising that target to 10% by 2020, but is faced with mounting evidence that that will only push food prices higher.
“Without the increase in biofuels, global wheat and maize stocks would not have declined appreciably and price increases due to other factors would have been moderate,” says the report. The basket of food prices examined in the study rose by 140% between 2002 and this February. The report estimates that higher energy and fertiliser prices accounted for an increase of only 15%, while biofuels have been responsible for a 75% jump over that period.
It argues that production of biofuels has distorted food markets in three main ways. First, it has diverted grain away from food for fuel, with over a third of US corn now used to produce ethanol and about half of vegetable oils in the EU going towards the production of biodiesel. Second, farmers have been encouraged to set land aside for biofuel production. Third, it has sparked financial speculation in grains, driving prices up higher.
Other reviews of the food crisis looked at it over a much longer period, or have not linked these three factors, and so arrived at smaller estimates of the impact from biofuels. But the report author, Don Mitchell, is a senior economist at the Bank and has done a detailed, month-by-month analysis of the surge in food prices, which allows much closer examination of the link between biofuels and food supply.
The report points out biofuels derived from sugarcane, which Brazil specializes in, have not had such a dramatic impact.
Supporters of biofuels argue that they are a greener alternative to relying on oil and other fossil fuels, but even that claim has been disputed by some experts, who argue that it does not apply to US production of ethanol from plants.
“It is clear that some biofuels have huge impacts on food prices,” said Dr David King, the government’s former chief scientific adviser, last night. “All we are doing by supporting these is subsidising higher food prices, while doing nothing to tackle climate change.”
Original: The Guardian, Friday July 4, 2008
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Biocombustibles: el porvenir de una ilusión
6 Abr
Los publicistas e ideólogos del capitalismo celebran lo que es presentado como el descubrimiento de una inesperada fuente de Juvencia: los biocombustibles, destinados a independizarlo de la fugacidad histórica del petróleo y los hidrocarburos y a garantizarle una vida eterna de extravagantes derroches mediante la fabricación de combustibles a partir de productos hasta ahora utilizados para la alimentación de los humanos. El júbilo es compartido por Bush y Lula de manera principal -así como por la mayoría de los gobiernos europeos y algunos del Sur- que se ilusionan con montarse sobre una tendencia que, supuestamente, resolvería para siempre los problemas derivados de las profundas tendencias al ecocidio que caracterizan al capitalismo.
Ante tanto entusiasmo es nuestro deber echar una mirada más sobria. Cualquier historiador mínimamente riguroso no tardaría en hallar notables coincidencias entre la exaltación de este momento y la que se registrara en anteriores ocasiones. Señalemos, en aras de la brevedad, otras dos igualmente relacionadas con el descubrimiento de nuevas fuentes de energía: la invención de la máquina de vapor a mediados del siglo dieciocho y la electricidad hacia finales del diecinueve y comienzos del siglo veinte. En ambos casos la aparición de estos nuevos energéticos fueron saludados como la anunciación de una era de ilimitadas posibilidades de desarrollo. Idénticas actitudes proliferaron cuando se desarrolló la tecnología para la utilización del petróleo como fuente energética fundamental a partir de comienzos del siglo veinte. En todos estos casos las ilusiones se desvanecieron con el paso del tiempo, de ahí la oportuna parafrasis del conocido libro de Sigmund Freud, El porvenir de una ilusión. ¿Será diferente esta vez?
No parece. En este trabajo trataremos de aportar algunos elementos que nos permitan elaborar un balance realista del asunto.
Energía y capitalismo: la “segunda vuelta” de la mercantilización
Una discusión como esta no puede hacerse al margen de la caracterización del modo de producción en el cual se va a utilizar, o se utiliza, un determinado energético. Sociedades precapitalistas ya conocían el petróleo que afloraba en depósitos superficiales y lo utilizaban para fines no comerciales, como la impermeabilización de los cascos de madera de las embarcaciones o de productos textiles, o para la iluminación mediante antorchas. De ahí su nombre primitivo: “aceite de piedra” (petróleo), un ventajoso reemplazo del aceite de ballena o las velas de sebo que por entonces se empleaban. Posteriormente se lo utilizó como combustible de las lámparas y sólo a partir de finales del siglo diecinueve -luego de los descubrimientos de grandes yacimientos en Pennsylvania, Estados Unidos, y de los desarrollos tecnológicos impulsados por la generalización del motor de combustión interna- el petróleo se transformó en el energético por excelencia llamado a presidir el paradigma energético del siglo veinte.
La peculiaridad del capitalismo es la de ser el único sistema en la historia de la humanidad dominado por una tendencia internamente incontenible hacia la mercantilización de todos los aspectos y componentes de la vida social. Su historia es la historia de la progresiva ampliación del rango de bienes y actividades incorporadas a la lógica mercantil. La energía requerida para el sostenimiento de la vida no escapó a ese destino y, por eso mismo, es concebida como una mercancía más. Tal como lo advirtiera reiteradamente Marx, especialmente en uno de los Prefacios a El Capital, esto no ocurre debido a la perversidad o insensibilidad de este o aquél capitalista individual sino que es consecuencia de la lógica del proceso de acumulación que tiende a la incesante “mercantilización” de todos los componentes, materiales y simbólicos, de la vida social. De este modo, con su implantación hombres y mujeres fueron reducidos a la condición de meros portadores de la “fuerza de trabajo”, una mercancía estratégica e irreemplazable por su papel en la generación de la plusvalía. El proceso de mercantilización no se detuvo en los humanos y simultáneamente se extendió a la naturaleza: la tierra y sus productos, los ríos y las montañas, las selvas y los bosques fueron objeto de su incontenible rapiña. Los alimentos, por supuesto, no escaparon de esta infernal dinámica y, en nuestros días, la entera biodiversidad del planeta se encuentra sometida a esta “ley de hierro” del sistema que lo impulsa, en su afán por garantizar su reproducción, a mercantilizar todo lo existente. Al igual que el Rey Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba, el capitalismo convierte en mercancía todo lo que se pone a su alcance.
Pero lo novedoso es que hoy nos hallamos en presencia de una “segunda vuelta” de la mercantilización. Si en la primera el capitalismo transformó a los alimentos requeridos para sostener la vida humana en mercancías que deben adquirirse en el mercado, mediante esta “segunda vuelta” se produce una aberrante desnaturalización de aquellos: los alimentos son convertidos en energéticos para viabilizar la irracionalidad de una civilización que, para sostener la riqueza y los privilegios de unos pocos, incurre en una brutal ataque al medio ambiente y a las condiciones ecológicas que posibilitaron la aparición de la vida en la Tierra. Entre ellas, la posibilidad de proveerse de comida.
La transformación de los alimentos en energéticos constituye un acto monstruoso mediante el cual se viola la naturaleza misma de un bien, en este caso los alimentos, y se lo convierte, en virtud de complejos procesos tecnológicos, en uno de naturaleza totalmente distinta. Se acentúa de este modo el proceso de alienación, de extrañamiento, del hombre y la mujer con el entorno natural que hizo posible la aparición de la especie humana en este planeta. A la alienación propia de la “primera vuelta” de la mercantilización, aquella por la cual el productor directo fue separado del producto de su trabajo, se añade ahora una segunda que metamorfosea un fruto de la tierra para convertirlo en otra cosa. Así, la caña de azúcar o el maíz dejan de ser alimentos para el consumo humano y se transforman en fuentes energéticas alternativas al petróleo. ¿Quién podría asegurar que, en un futuro tal vez no demasiado lejano, los ideólogos y administradores del imperio no propongan la utilización de seres humanos como fuentes de energía alternativa? Algo de eso quedó siniestramente prefigurado en los campos de exterminio de Hitler. La lógica de la mercantilización universal e incesante del capitalismo nos obliga a ponernos en guardia ante esa posibilidad.
En otras palabras, mediante esta “segunda vuelta” de la mercantilización el capitalismo se dispone a practicar una masiva eutanasia de los pobres y, muy especialmente, de los pobres del Sur pues es allí donde se encuentran las mayores reservas de la biomasa del planeta requerida para la fabricación de los biocombustibles. Por más que los discursos oficiales aseguren que no se trata de optar entre alimentos y combustibles la realidad demuestra que esa y no otra es precisamente la alternativa: o la tierra se destina a la producción de alimentos o a la fabricación de biocombustibles. Veremos a continuación algunas de las falacias con que se pretende edulcorar esta mortífera opción y las consecuencias que se derivan de ella.
La superficie agrícola no es infinita
Los entusiastas defensores del biocombustible dicen que su producción de ninguna manera perjudicará la alimentación de quienes deban producirla. Tanto Bush como Lula lo aseguraron al concretar su alianza energética pocas semanas atrás. Pero la realidad es muy diferente. Examinemos, para ello, los datos que aporta la FAO sobre el tema de la superficie agrícola y el consumo de fertilizantes. (Ver Tabla I en el Apéndice de este trabajo)
Las principales enseñanzas que deja esta tabla son las siguientes:
a) La superficie agrícola per cápita en el capitalismo desarrollado es casi el doble de la que existe en la periferia subdesarrollada: 1.36 hectáreas por persona en el Norte contra 0.67 en el Sur, lo que se explica por el simple hecho de que la periferia subdesarrollada cuenta con cerca del 80 % de la población mundial.
[1]c) Especial atención merecen las cifras relativas a la China y la India, que en su conjunto representan alrededor de la cuarta parte de la población del planeta. Con 0.44 y 0.18 hectáreas por persona respectivamente, la expansión de estos dos colosos económicos y su creciente demanda de alimentos va a intensificar extraordinariamente la presión sobre los países con capacidad para producirlos, exasperando la tensión entre asignación de tierras para la producción de alimentos o la producción de bioenergéticos.
d) Los dos países más poblados de América Latina, Brasil y México, que en conjunto suman poco más de trescientos millones de habitantes, muestran una magnitud de hectáreas per cápita comparativamente baja habida cuenta su volumen poblacional.
e) Un sombrío espejo de lo que le aguarda a nuestros países en caso de prosperar la iniciativa energética Bush/Lula puede observarse en el mundo del Caribe. Las pequeñas naciones antillanas, tradicionalmente dedicadas al monocultivo de la caña de azúcar muestran con elocuencia los efectos erosionantes de la misma, ejemplificado en el extraordinario consumo por hectárea de fertilizantes que se requiere para sostener la producción. Si en los países de la periferia la cifra promedio es de 109 kilogramos de fertilizantes por hectárea (contra 84 en los capitalismos desarrollados), en Barbados es de 187.5, en Dominica 600, en Guadalupe 1.016, en Santa Lucía 1.325 y en Martinica 1.609. Como veremos más abajo, quien dice fertilizantes dice consumo intensivo de petróleo, de modo que la tan mentada ventaja de los agroenergéticos para reducir el consumo de hidrocarburos parece ser más ilusoria que real.
| APROVECHAMIENTO DE LA TIERRA y CONSUMO DE FERTILIZANTES
(países seleccionados) |
||
| Fuente: FAO, Naciones Unidas (http://www.fao.org/docrep/006/y5160s/y5160s16e) | ||
| Superficie agrícola | Consumo de fertilizantes | |
| per cápita | ||
| (ha/persona) | (kg/ha de superficie cultivable) | |
| 2001 | 2001 | |
| EN TODO EL MUNDO | 0,82 | 98,3 |
| PAÍSES DESARROLLADOS | 1,36 | 84 |
| PAÍSES EN DESARROLLO | 0,67 | 109 |
| ASIA Y EL PACÍFICO | 0,32 | 163,2 |
| AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE | 1,49 | 84,8 |
| Antigua y Barbuda | 0,22 | 0 |
| Argentina | 4,72 | 25,5 |
| Aruba | 0,02 | 0 |
| Bahamas | 0,05 | 100 |
| Barbados | 0,07 | 187,5 |
| Belice | 0,67 | 72,3 |
| Bermuda | 0,02 | 100 |
| Bolivia | 4,34 | 4,2 |
| Brasil | 1,53 | 115,1 |
| Islas Caimán | 0,08 | 0 |
| Chile | 0,99 | 242,7 |
| Colombia | 1,08 | 254,5 |
| Costa Rica | 0,7 | 568,7 |
| Cuba | 0,59 | 55,3 |
| Dominica | 0,31 | 600 |
| República Dominicana | 0,43 | 89,5 |
| Ecuador | 0,63 | 142,3 |
| El Salvador | 0,27 | 110,9 |
| Guayana francesa | 0,14 | 100 |
| Granada | 0,14 | 0 |
| Guadalupe | 0,11 | 1015,8 |
| Guatemala | 0,39 | 134,5 |
| Guyana | 2,28 | 27,1 |
| Haití | 0,19 | 17,9 |
| Honduras | 0,45 | 141,9 |
| Jamaica | 0,2 | 67,2 |
| Martinica | 0,09 | 1609,1 |
| México | 1,07 | 75,4 |
| Nicaragua | 1,34 | 11,7 |
| Panamá | 0,77 | 53,3 |
| Paraguay | 4,4 | 22,1 |
| Perú | 1,2 | 81,3 |
| Puerto Rico | 0,07 | 0 |
| Saint Kitts y Nevis | 0,26 | 242,9 |
| Santa Lucía | 0,13 | 1325 |
| San Vicente y las Granadinas | 0,14 | 557,1 |
| Suriname | 0,21 | 98,2 |
| Trinidad y Tabago | 0,1 | 144,9 |
| Uruguay | 4,43 | 92 |
| Venezuela | 0,88 | 115,5 |
| PRÓXIMO ORIENTE Y ÁFRICA DEL NORTE | 1,12 | 70,9 |
| ÁFRICA SUBSAHARIANA | 1,51 | 12,6 |
| ECONOMÍAS DE MERCADO DESARROLLADAS | 1,27 | 121,3 |
| PAÍSES EN TRANSICIÓN (ex – economías centralmente planificadas) | 1,54 | 30,7 |
En consecuencia, la oferta de agrocombustibles tendrá que proceder del Sur, de la periferia pobre y neocolonial del capitalismo. Las matemáticas no mienten: ni los Estados Unidos, ni la Unión Europea, y tampoco la China o la India, tienen tierras disponibles para sostener al mismo tiempo un aumento de la producción de alimentos y una expansión en la producción de agroenergéticos. Lamentablemente, estamos en una situación muy próxima a lo que en teoría de los juegos se denomina de “suma-cero”. Muy próxima porque, es cierto, la deforestación del planeta, sobre todo de su gran reserva amazónica, podría ampliar (aunque sólo por un tiempo) la superficie apta para el cultivo. Pero eso sería tan sólo por unas pocas décadas, a lo sumo. Esas tierras luego se desertificarían y la situación quedaría peor que antes, exacerbando aún más el dilema que opone la producción de alimentos a la de etanol o bíodiesel.
Alimentos más caros, para una población mundial que padece el hambre
De lo anterior se deduce que la lucha contra el hambre –y hay unos dos mil millones de personas que padecen hambre en el mundo- se verá seriamente perjudicada por la expansión de la superficie sembrada para la producción de agroenergéticos. Los países en donde el hambre es un flagelo universal atestiguarán la rápida reconversión de la agricultura tendiente a abastecer la insaciable demanda de energéticos que reclama una civilización montada sobre el uso irracional de los mismos, cualesquiera que sean sus fuentes, sean estos los hidrocarburos como los alimentos. El resultado no puede ser otro que el encarecimiento de los alimentos y, por lo tanto, el agravamiento de la situación social de los países del Sur. Por eso al comentar la reunión del presidente George W. Bush con los gerentes de las tres más grandes empresas automovilísticas estadounidenses, el Comandante Fidel Castro Ruz decía que, en esa ocasión, “ la idea siniestra de convertir los alimentos en combustible quedó definitivamente establecida como línea económica de la política exterior de Estados Unidos el pasado lunes 26 de marzo” condenando “a muerte prematura por hambre y sed a más de tres mil millones de personas” en todo el mundo. Fidel reconoce, en dicho comentario, que lejos de ser exagerada esta cifra es cautelosa. Además, cada año se agregan 76 millones de personas a la población mundial, personas que, como es obvio, demandarán alimentos que serán cada vez más caros y estarán fuera de su alcance. Se trata, en el fondo, de un genocidio silencioso. Diversos estudios realizados por autores de muy distinta orientación ideológica abonan esta interpretación.
[6] En un mundo sediento de energía el plan Bush-Lula hace que el precio de los hidrocarburos se convierta en el referente de casi cualquier tipo de producto agrícola, y que cada vez que el precio de la comida descienda por debajo del precio de los hidrocarburos los mercados reorienten la oferta y conviertan al grano en combustible en lugar de alimento. [7] En este trabajo los autores sostienen que “ en los Estados Unidos, el crecimiento de la industria del biocombustible ha dado lugar a incrementos no sólo en los precios del maíz, las semillas oleaginosas y otros granos, sino también en los precios de los cultivos y productos que al parecer no guardan relación. El uso de la tierra para cultivar el maíz que alimente las fauces del etanol está reduciendo el área destinada a otros cultivos. Los procesadores de alimentos que utilizan cultivos como los guisantes y el maíz tierno se han visto obligados a pagar precios más altos para mantener los suministros seguros; costo que a la larga, pasará a los consumidores. El aumento de los precios de los alimentos también está golpeando las industrias ganaderas y avícolas. … (L)os costos más altos de los alimentos han provocado la caída abrupta de los ingresos, en especial en los sectores avícola y porcino. Si los ingresos continúan disminuyendo, la producción también lo hará y aumentarán los precios del pollo, pavo, cerdo, leche y huevos.” [8] Pero nuestros autores advierten que los efectos más devastadores de la suba del precio de los alimentos se sentirán especialmente en los países del Tercer Mundo. La fiebre de los bioenergéticos y los elevados precios del petróleo, que sólo por excepción y por poco tiempo podrían bajar, golpearan con fuerza a los países más pobres que ni disponen de petróleo ni son soberanos desde el punto de vista de la alimentación. “Según datos de la FAO” –explican Ford Runge y Senauer- “la mayoría de los 82 países de bajos ingresos afectados por el déficit de alimentos también constituyen importadores netos de petróleo.”El resultado de estas tendencias prefigura un holocausto social de formidables proporciones: por cada incremento del 1 % en el precio de los alimentos básicos se agregan 16 millones de personas al grupo de quienes pasan hambre. De ser así, y todo indica que los precios de los alimentos aumentarán significativamente en los próximos años, el cálculo más conservador que hacen estos autores es que para “e l 2025 podría haber mil doscientos millones de personas hambrientas” que se sumarían a los que ya padecían tales privaciones antes de la subida de los precios. Y, tal como lo afirman, en línea con la denuncia de “genocidio de los pobres” expresada por Fidel, “algunos caerán del borde de la subsistencia al abismo de la inanición y muchos más morirán a causa de una multitud de enfermedades relacionadas con el hambre.”
La “coartada verde”
[9] De este modo, un presidente como Bush, que siguiendo la tradición política de su país jamás aceptó las recomendaciones destinadas a preservar el medio ambiente y que boicoteó hasta donde pudo los acuerdos de Kyoto se convierte, de la noche a la mañana, en un acérrimo ecologista. ¿Es creíble semejante conversión? No, definitivamente no. Tampoco es creíble Lula, si se tiene en cuenta la indiferencia, o impotencia, de su gobierno ante la destrucción de la selva amazónica y su subordinación ante los poderosos intereses del agribusiness, instalados gracias su decisión en las más altas esferas de Brasilia. [10] Estimaciones diversas acerca de los requerimientos hídricos del etanol demuestran que, según los suelos y el tipo de cultivo del cual se extrae, cada litro de este carburante consume entre cuatro y doce litros de agua. Si se tiene en cuenta que, tal como lo recuerda el líder cubano, “según las estadísticas del Consejo Mundial del Agua se estima que para el 2015 el número de habitantes afectados (por la falta de agua) se eleve a 3.500 millones de personas” comprobaremos que cualquier tipo de cultivo que requiera cantidades suplementarias de agua no hará sino agravar el panorama ecológico y social del planeta a mediano plazo. [11]En relación al argumento de la supuesta benignidad de los agrocombustibles, Víctor Bronstein, profesor de la Universidad de Buenos Aires, ha demostrado que:
a) No es verdad que los biocombustibles sean una fuente de energía renovable y perenne, dado que los factores cruciales en el crecimiento de las plantas no es la luz solar sino la disponibilidad de agua y las condiciones apropiadas del suelo. Si no fuera así, dice Bronstein, podría producirse maíz o caña de azúcar en el desierto de Sahara. Por lo tanto, los efectos de la producción a gran escala de los biocombustibles serán devastadores.
b) No es cierto que no contaminan. Si bien el etanol produce menos emisiones de carbono, el proceso de su obtención contamina la superficie y el agua con nitratos, herbicidas, pesticidas y desechos, y el aire con aldehídos y alcoholes que son cancerígenos. El supuesto de un combustible “verde y limpio” es una falacia.
c) No es cierto que se libera de la dependencia de los combustibles fósiles. La producción de etanol sólo puede reemplazar un pequeño porcentaje del consumo mundial. En Brasil, el presidente Bush habló de generar un mercado mundial para el bioetanol, pero toda la producción de Brasil sólo representa menos del 3 por ciento de los 680 mil millones de litros por año de nafta y gasoil que consume Estados Unidos. Se omite, además, que para la producción de los bioenergéticos se requiere una utilización intensiva de maquinarias pesadas, transportes, herbicidas y pesticidas, todo lo cual supone un aumento en la utilización del petróleo y sus derivados.
d) Más allá de los análisis económicos sobre la rentabilidad del bioetanol, desde el punto de vista energético la energía neta que se obtiene es apenas positiva o incluso negativa. Una de las razones por las cuales el mundo usa cada vez más cantidades de petróleo, asegura Bronstein, es precisamente porque el “oro negro” tiene, por comparación con otros carburantes, una alta tasa de retorno energético. No hay otra fuente de energía que contenga tanta energía por unidad de volumen y de peso como el petróleo.
La conclusión a que arriba este estudioso es que “la producción de biocombustibles a gran escala es una nueva falacia que provocará aumento en los precios de los alimentos, disminuirá la fertilidad de los suelos y no solucionará el problema energético mundial que se avecina provocado por el alto consumo energético de los países desarrollados y la incorporación de China e India a la civilización industrial.” [12]
[13]Los oligopolios del agronegocios: grandes ganadores de un juego siniestro
A esta altura ya queda en evidencia la irracionalidad de la propuesta de los biocombustibles y su carácter ilusorio: no hay superficie agrícola en todo el planeta capaz de aportar los sustitutos agrocarburantes exigidos por el fenomenal derroche de hidrocarburos en que, para satisfacción y rentabilidad de los grandes oligopolios ligados a la energía, se encuentra inmersa la civilización capitalista. Promover esta “revolución mundial” -para usar la ampulosa expresión utilizada por el Subsecretario de Asuntos Políticos del Departamento de Estado, Nicholas Burns- curiosamente liderada por Estados Unidos y Brasil exigiría de las clases dominantes del capitalismo global y sus aliados en la periferia la determinación para incurrir en un holocausto social y ecológico de proporciones desconocidas en la historia. [14] Esto no quiere decir que Washington no lo intente, pero nos parece que sus chances de éxito son igual a cero. Por otra parte, el gobierno de Brasil no podría soportar sino por poco tiempo la protesta social que se desencadenaría si el país se embarcase en una política que intensificaría la explotación y exclusión de las masas campesinas, empobrecería a grandes segmentos de la sociedad brasileña y ocasionaría un daño irreparable al medio ambiente.
[15] [17] Según este mismo autor otras gigantescas empresas del sector de agronegocios, como las arriba mencionadas, así como las grandes petroleras y las automotrices están forjando una alianza inédita con sus ojos puestos en las fabulosas ganancias que, con las complicidad de algunos gobiernos del Sur, esperan obtener con los biocombustibles. [18]El fenómeno de la concentración monopólica en los agronegocios alcanzó dimensiones colosales. Tal como lo reseña Igor Felippe Santos, hace apenas veinticinco años había 7.000 firmas en la economía mundial que producían semillas para los agricultores. En la actualidad, tan sólo diez empresas controlan la mitad del mercado mundial, y Monsanto, Syngenta y Dupont controlan el 30 % de todas las ventas. [19] El resultado: bajos precios para los agricultores, sobre todos los pequeños, que tanto en los Estados Unidos como en la Unión Europea sólo excepcionalmente reciben subsidios significativos, y altos precios para los consumidores. Son precisamente esos grandes oligopolios los más entusiastas partidarios del acuerdo Bush-Lula. Por algo será.
Los intereses estratégicos de Estados Unidos
Es indudable que esta perversa iniciativa responde a un diseño estratégico global en el cual lo último que le preocupa a la Casa Blanca es el combate al cambio climático y el recalentamiento global. El interés objetivo, que se asoma con nitidez por detrás de la retórica del eje Washington y Brasilia, es doble. Por una parte, reducir la dependencia de los Estados Unidos del suministro de petróleo importado desde:
(a) países que se deslizan irremediablemente hacia un creciente descontrol político y militar, como en general toda la zona de Medio Oriente, la península arábiga, Asia Central y la cuenca petrolífera del África Occidental. En este sentido, el desastre de la ocupación iraquí ha dejado profundas huellas en la Administración Bush, impulsándola a adoptar políticas como la de los biocombustibles para resolver por la vía del mercado y con la colaboración de algunos gobiernos de la periferia lo que no logró resolver por la vía político-militar;
(b) desde países como Venezuela e Irán, abiertamente antagónicos a las políticas promovidas por la Casa Blanca y que ésta procura aislar apelando a todos los medios a su alcance y, de ser posible, derrocar instalando en su lugar gobiernos clientes que acepten la activa sumisión al dominio imperialista.
Pero el segundo objetivo es aún más político y, particularmente en el caso de América Latina y el Caribe: producido el fracaso del ALCA el imperialismo ha avanzado en la elaboración de tratados bilaterales de “libre comercio.” Pero el éxito de esta iniciativa tropieza con la creciente gravitación de Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana en el continente. La creación de un sustituto de los hidrocarburos a partir del agrocombustible lesionaría irreparablemente las bases objetivas del poder de Chávez y, por extensión, de Evo Morales y Rafael Correa, al paso que el radical debilitamiento del primero, o su simple y llana eliminación, repercutiría negativamente sobre la Revolución Cubana, cuyo “cambio de régimen” es uno de los objetivos más largamente acariciados por la derecha norteamericana desde el momento en que el 26 de Julio derrotara a Batista el 1° de Enero de 1959. Como observa Raúl Zibechi, los biocombustibles serían utilizados también para sabotear la integración regional en Sudamérica –recordar que, como repite el presidente Hugo Chávez, “el petróleo es un instrumento esencial para la integración de América Latina y el Caribe”- y postergar indefinidamente otras obras e iniciativas tan importantes e intolerables para el imperio como el Gasoducto del Sur y el Banco del Sur. No es un dato irrelevante que entre los principales promotores de la Comisión Interamericana de Etanol, lanzada en Diciembre del 2006, en Miamia, “figuran dos personajes claves: Jebb Bush, ex gobernador de Florida, a quien muchos acusan del fraude electoral que facilitó el acceso de su hermano a la presidencia en 2000; y el brasileño Roberto Rodrigues, presidente del Consejo Superior de Agronegocios de San Pablo y ex ministro de Agricultura en los primeros cuatro años del gobierno de Lula. Rodrigues fue el hombre del agronegocios en el gobierno brasileño, y está dispuesto a deforestar la Amazonia y a expulsar a millones de campesinos de sus tierras para acelerar la acumulación de capital. Los brasileños votaron por Lula, no por el tándem Bush-Rodrigues”, termina recordando Zibechi. [20]
De resultar exitosa esta operación los beneficios para los Estados Unidos serían enormes. Por una parte lograría una autonomía energética impensable hasta hace poco. Ya hemos visto que esto es una ilusión, pero las ilusiones de los emperadores suelen estar en la base de gravísimas penurias y sufrimientos para las poblaciones convertidas en sus víctimas. La “guerra infinita” de Bush es un ejemplo muy claro de los bárbaros efectos de una ilusión. El espejismo de los biocombustibles puede ser aún más letal para nuestros pueblos. Por otra parte, la “resatelización” o “recolonización” del Brasil de Lula, lograda sin concesión alguna en materia de aranceles proteccionistas erigidos en contra de las exportaciones brasileñas, sería otro logro de suma importancia porque serviría para insertar una cuña entre Brasil y Venezuela, erosionar los vínculos que hoy se han tejido entre Argentina y Venezuela, debilitar el MERCOSUR y, como colofón, aislar al gobierno de la Revolución Bolivariana. Como bien señala el documento del MST, el triste papel del Brasil en esta estrategia de Washington sería el del proveedor de energía barata para que los países ricos sostengan su derroche. Las consecuencias domésticas, también señaladas por el MST, serían la apropiación territorial a manos de grandes conglomerados oligopólicos, la depredación medioambiental, la degradación de las condiciones laborales, una creciente concentración de la riqueza en uno de los países más injustos del mundo, y una apropiación monopólica de la tierra, el agua, los ingresos y el poder. [21]
[22]Final con esperanza
Debemos librar una nueva batalla. La transformación de la escena agraria ya ha comenzado, y a un ritmo acelerado. Su irracionalidad e inviabilidad sociopolítica no amilana a sus mentores. No les interesa el medio ambiente sino las fabulosas ganancias que se avecinan para las multinacionales del agro, las productoras y comercializadoras de semillas transgénicas y para las firmas petroleras, que se alían y compiten simultáneamente para reposicionarse favorablemente, desde el punto de vista financiero y político, para la economía del post-petróleo. [23]
En este marco, lo peor que podrían hacer las fuerzas de izquierda sería negar la gravedad del problema petrolero, y asumir irresponsablemente que los hidrocarburos llegaron para quedarse. Su agotamiento es sólo cuestión de tiempo. Mientras tanto será necesario desarrollar nuevas propuestas. La de los agrocombustibles es inviable y, además, inaceptable ética y políticamente. Pero no basta con rechazarla. Fidel nos convoca a pensar e implementar una nueva revolución energética, pero al servicio de los pueblos y no de los monopolios y del imperialismo. Ese es, tal vez, el desafío más importante de la hora actual.
* Agradezco la eficaz colaboración prestada por Verónica Julián en la preparación de este trabajo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
[1] Según este mismo informe de la FAO Brasil dispone de alrededor del 15 % del total de las superficies selváticas y boscosas del planeta. [2] CPE Release on Agro-fuels, en www.cpefarmers.org , 23 de Febrero de 2007. [3] Edivan Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça , “O mito dos biocombustiveis”, en http://www.mst.org.br/mst/pagina., 5 de Marzo de 2007. [4] Bravo, Elizabeth “Biocombustibles, cultivos energéticos y soberanía alimentaria: encendiendo el debate sobre biocombustibles.” Acción Ecológica, Quito, Ecuador, 2006. Una ampliación de esta tesis se encuentra en “La tragedia social y ecológica de la producción de biocombustibles agrícolas en América”, por Elizabeth Bravo y Miguel A. Altieri , en http://alainet.org/active/17096〈=es , 25-04-2007 [5] Luis Llana, “Hambre por biocombustibles”, en Rebelión , 2007. [6] Lester Brown, “Starving for fuel: how ethanol production contributes to global hunder”, en www.theglobalist.com , 2 de Agosto de 2006 [7] C. Ford Runge y Benjamin Senauer, “ How Biofuels Could Starve the Poor”, en Foreign Affairs, Mayo/Junio 2007. Hay traducción en lengua española en www.rebelion.org , 10 de Abril de 2007. [8] ibid.[9] Cf. María Luisa Mendonca y Marluce Melo, “Colonialismo y agroenergía”, en http://www.mst.org.br/mst/ , 30 de Marzo de 2007. [10] Edivan Pinto, Marluce Melo y María Luisa Mendonca, “O mito dos biocombustiveis”, op. Cit. 5 de Marzo del 2007. [11] Fidel Castro Ruz, “Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo.”, mensaje del 29 de Marzo del 2007. [12] Bronstein, Víctor “La falacia verde”, en Cash, Suplemento Económico de Página/12 (Buenos Aires), 29 de Abril de 2007, p. 4. [13] Bravo, 2006, en Altieri y Bravo (ALAI) [14] Edivan Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça , “O mito dos biocombustiveis”, op. Cit. 5 de Marzo del 2007. [15] Bronstein, op. Cit. [16] Edivan Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça , “O mito dos biocombustiveis”, op. Cit. 5 de Marzo del 2007. [17] Holt-Giménez, Eric “¿Acabarán con las tortillas los bioenergético”, en La Jornada (México), 9 de Febrero de 2007. Sobre las demandas de las grandes transnacionales en contra de los farmers este autor dice, en otro trabajo, que “a la fecha (Octubre del 2006) Monsanto ha planteado 90 demandas en contra de 147 agricultores norteamericanos y 39 pequeñas empresas del sector alimentos. Los dados están cargados a favor de Monsanto que dispone de un presupuesto anual de 10 millones de dólares para entablar demandas y un staff de 75 expertos, entre abogados y administradores, dedicado exclusivamente a perseguir a los agricultores que violan sus prerrogativas. El juicio más oneroso, fallado a favor de Monsanto, le reportó a esta compañía un ingreso 3,052,800 dólares. Hasta la fecha Monsanto ha obtenido, gracias a los fallos de la justicia norteamericana, ingresos del orden de los 15,253,602 dólares.” Ver Eric Holt-Gimenez, Miguel A. Altieri y Peter Rosset: Food First Policy Brief No.12:
October 2006. Consultar también http://www.centerforfoodsafety.org/Monsantovsusfarmersreport.cfm).
[18] Edivan Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça , “O mito dos biocombustiveis”, op. Cit.. 5 de Marzo del 2007. [19] Igor Felipe Santos, Minga Informativa , 22 de Marzo del 2006. [20] Raul Zibechi, “La gira del etanol”, en ALAI, 9 de Marzo de 2007.[21] Documento del MST: “Tanques llenos a costa de estómagos vacíos”, en http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/30936 [22] Joao Pedro Stedile, “ Los campesinos latinoamericanos, contra Bush y los biocombustibles” en http://www.telegrafo.com.ec , 2 de Abril de 2007. [23] Cf. Sandra Lupien , programa de Pacifica Radio Station KPFA, en Berkeley, Californi, el 8 de Abril del 2007, sobre el tema: “¿Alimentos o combustibles? ¿Tenemos que elegir?”
PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales. Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires
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Biocombustibles, “un crimen”
27 Oct
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Grant Ferrett |
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¿Combustible para el futuro? La cebada es usada para producir etanol |
Un experto de Naciones Unidas calificó el uso creciente de cultivos para producir biocombustibles, como sustitutos de la gasolina, como un crimen contra la humanidad.
El relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, Jean Ziegler, dijo que temía que los biocombustibles trajeran más hambre.
El crecimiento en la producción de biocombustibles ha ayudado a elevar el precio de algunos cultivos a niveles récord.
Los comentarios de Ziegler, realizados en la sede central de Naciones Unidas, en Nueva York, están claramente concebidos para atrapar la atención.
Lea: Etanol, “una nueva geografía mundial”
El experto lamentó lo que llamó la engañosa carrera para convertir comestibles -como el maíz y el azúcar- en combustible, lo cual, dijo, reúne todos los ingredientes para convertirse en desastre.
Subida de precios
Para Ziegler es un crimen contra la humanidad desviar la tierra cultivable hacia la producción de cultivos que serán quemados como combustibles.
El relator de la ONU llamó a vetar la práctica por cinco años.
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Jean Ziegler, relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación |
En ese tiempo, de acuerdo con Ziegler, los avances tecnológicos permitirían que se usaran desperdicios agrícolas, como mazorcas de maíz y hojas de plátano, en lugar de los cultivos en sí mismos, para producir combustible.
El crecimiento en la producción de biocombustibles ha estado impulsado, en parte, por el deseo de encontrar alternativas al petróleo menos dañinas del ambiente.
Estados Unidos busca reducir su dependencia de petróleo importado de regiones inestables.
Pero la tendencia ha contribuido a un agudo incremento en los precios de la comida, conforme los granjeros, particularmente en Estados Unidos, dejan de producir trigo y soya, para producir maíz, el cual es convertido en etanol.
Zuegler no está sólo con su advertencia.
Lea: ONU, ojo con los biocombustibles
El Fondo Monetario Internacional (FMI) expresó su preocupación de que la creciente dependencia global en los granos como fuente de combustibles podría tener serias implicaciones para los pobres del mundo.
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Agrocombustibles: Peor el remedio que la enfermedad
6 May
Con la excusa de salvar el medio ambiente, los mayores contaminadores del planeta se han lanzado a un nuevo negocio que amenaza con exterminar territorios alimentarios.
Estamos ante una formidable campaña global para acelerar la producción de agrocombustibles a partir de la soya, el maíz o la caña de azúcar en reemplazo de los derivados del petróleo. La justificación se fundamenta en una realidad cruda: la contaminación del medio ambiente. Y así, subidos a la cresta de la ola ambientalista, los mayores contaminadores del planeta lanzan su nueva ofensiva. La cumbre de la Unión Europea aprobó que en el 2020 un 10% del consumo total de energía provendrá de agrocombustibles. Estados Unidos está inaugurando una destilería para combustibles vegetales por semana: ya están funcionando 120. Las mismas empresas multinacionales que inventaron los transgénicos [Monsanto, Nidera y Cargill] además del potentado George Soros y otros, anuncian fuertes inversiones en destilerías y en la creación de nuevas semillas. Para completar la rueda del negocio, George Bush se reunió en marzo con las tres empresas automotoras más grandes [General Motors, Ford y Chrysler] para adaptar sus productos a la nueva generación de agrocombustibles. Argentina se subió a la nueva ola. Este febrero fue reglamentada la ley 26.093 que crea un régimen de desgravaciones e incentivos para la producción de agrocombustibles.
Las consecuencias no se han hecho esperar. En el último año el precio internacional del maíz más que se duplicó. Estados Unidos, principal productor mundial del grano, lo vende a México un 150% más caro. Por lo tanto el precio de la tortilla, alimento básico de los mexicanos, se elevó abrúptamente y provocó masivas protestas. Para muchos, fue el primer campanazo.
Lester Brown, director del Earth Policy Institute y ex funcionario de varios gobiernos estadounidenses, advirtió: La cantidad de cereal que se necesita para llenar un tanque de 25 galones [casi 100 litros] con etanol una sola vez alcanza para alimentar a una persona un año entero. Por eso añadió: la competición por los granos entre los 800 millones de automovilistas y los 2000 millones de personas más pobres que hay en el mundo puede conducir a revueltas populares.
También en Argentina se sienten los altos precios del maíz en los bolsillos del consumidor. Se encareció la tierra y por ende, subirán los costos de todos los sembrados.
La polémica está abierta. Los movimientos sociales lanzan voces de alerta y no son pocos los investigadores con visiones muy distintas a las planteadas por las petroleras ahora devenidas destiladoras del combustible verde. El periodista británico George Monbiot, por ejemplo, hizo cálculos y descubrió que para mover solamente nuestros coches y autobuses con agrodiesel se requerirían sembrar 25,9 millones de hectáreas. Sin embargo, existen en el Reino Unido solo 5,7 millones de hectáreas. Si esto sucediese en toda Europa, las consecuencias sobre el suministro de alimentos serían desastrosas.
Ricardo Mascheroni, investigador de la Universidad Nacional del Litoral, también hizo cálculos: si hoy el mundo abandonara la quema de hidrocarburos y pasase a los agrocombustibles, se necesitaría plantar una cantidad de hectáreas equivalentes a varios planetas. El Ingeniero Miguel Baltanás, investigador superior del CONICET, apuntó además que para incorporar agrodiesel en un porcentaje de tan sólo el 2%, sería necesario emplear el 50% de la producción mundial de aceites vegetales. De esto podemos inferir, añade Marcheroni, que si el porcentaje fuera del 4% del total, deberíamos usar todos los aceites vegetales que se producen en el mundo. Entonces, se pregunta ¿con qué haremos las papas fritas?.
Pero lo que está en juego es mucho más que la fritura de papas, es una concepción sobre lo que vendrá: ¿business o alimentos para toda la humanidad? Lo cierto es que el negocio de las multinacionales amenaza con exterminar territorios alimentarios, y por lógica consecuencia, habrá más hambre y más devastación ambiental. Porque además los agrocombustibles, tal como están planteados, no mitigarán el cambio climático: La combustión de agrodiesel, nos señala el ingeniero Baltanás, produce más óxidos de nitrógeno, los que en la atmósfera producen un efecto invernadero 24 veces superior al de dióxido de carbono.
La conclusión a la que llegan entonces Mascheroni y otros es la siguiente: ¿En dónde vamos a producir alimentos, si tendremos que tapizar de soya, maíz y otros monocultivos hasta los canteros de las casas? Estamos frente a otra propuesta colonial de multinacionales que además de la soya, su aceite o el agrodiesel que se exporta, se llevan el agua y los nutrientes del suelo y nos dejan la contaminación, la desertificación, la aniquilación de biodiversidad y la pérdida de calidad de vida. Un negocio redondo.
Miguel Angel Altieri, doctor en agroecología y profesor en la Universidad de Berkeley, California, considerada uno de las mayores de la investigación del medio ambiente en relación con los movimientos sociales, denunció qué hay detrás del proyecto sobre agrocombustibles. Señaló: Los agrocombustibles son una tragedia ecológica y social. Con su producción se creará un problema muy grande de soberanía alimentaria, ya que hay miles de hectáreas de soya, caña de azúcar y palma africana que se van a expandir, lo que va a producir una deforestación masiva. Esto ya está pasando en Colombia y en el Amazonas. Además va a aumentar la escala de producción de monocultivos mecanizados con altas dosis de fertilizantes y específicamente Atrazina, que es un herbicida muy nocivo con irrupción endocrina.
El desarrollo de los agrocombustibles no tiene ningún sentido energético, ya que todos los estudios que se han hecho demuestran que se necesita más petróleo para fabricar agrocombustible. Por ejemplo, en el caso del etanol de maíz se necesitan 1,3 kilocalorías de petróleo para producir una kilocaloría de agroetanol.
Estamos ante el diseño de una nueva estrategia de reproducción por parte del capitalismo, que está tomando el control de los sistemas alimentarios. Se está produciendo la alianza inédita de multinacionales petroleras, biotecnológicas, de autos, los grandes mercaderes de granos y algunas instituciones conservacionistas que van a decidir cuáles van a ser los grandes destinos de los paisajes rurales de América Latina.
Para que Estados Unidos produzca todo el etanol que necesita para reemplazar su petróleo, debería cultivar seis veces su superficie. Entonces, está claro que lo van a hacer en los países de América Latina y de hecho, ya están en camino. Se trata de un imperialismo biológico.
Autor: Arturo M. Lozza
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