¿Es capaz el mercado de alcanzar el equilibrio?

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La "mano invisible" ... ¡existe!

Todos los acólitos del neoliberalismo reclaman la no intervención del Estado pues aducen que el mercado es capaz por sí solo de corregir todos los desequilibrios que se produzcan en su seno.

Lamentablemente, la realidad cotidiana parece empeñada en desmentirlos día a día. Las leyes económicas que funcionan “teóricamente” han dejado de hacerlo en la realidad debido a las externalidades que las rodean y que no pueden ser obviadas.

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El FMI y la ética

Corrupción, Entidades Financieras, Especulación, Neoliberalismo 2 Comentarios »

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El FMI respalda a los usureros enquistados en bancos y microfinancieras

En este artículo pretendo ser especialmente duro y espero que el amable lector se de perfecta cuenta de ello pues hay que intentar por todos los medios dejar en herencia a nuestros hijos y descendientes un mundo mejor.

Como decía Cicerón: “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio” y yo no quiero ser mudo.

Miguel de Arriba

Miguel de Arriba

El FMI siempre ha sido la punta de lanza de la corriente neoliberal para imponer los postulados de ésta en el mundo que se resumen perfectamente en la frase “laissez faire laissez paser”.

En esa misión, el FMI ha mostrado de forma incuestionable y sin ningún tipo de pudor su falta total de ética a la hora de imponer políticas económicas que favoreciesen el objetivo principal del neoliberalismo … ¡la acumulación!. [leer aquí]

Ese objetivo bastardo, pues no tiene nada que ver con nuestra condición de seres humanos y por ello con la dignidad que debería ser inherente a esa condición, ha producido más muertes y más situaciones inhumanas en el mundo que las resultantes de la acción de los nazis; sólo hay que investigar las estadísticas del hambre y la exclusión que existen en nuestro planeta en pleno siglo XXI a pesar de todos los adelantos que la ciencia nos ha proveído y que teóricamente deberían haber ayudado a conseguir un mundo más equilibrado.

En estos momentos se está librando en Nicaragua (como antes se ha intentado en otras partes y en el futuro se intentará) una dura batalla en contra del usurario sistema financiero, que habiendo resultado ser el culpable en un 90% de la crisis económica que estamos sufriendo en el mundo y haber sido salvado de la quiebra con nuestro dinero (el de los contribuyentes ) sigue aferrado como una garrapata a su prepotencia queriendo exprimir a sus usuarios.

Hay que decir alto y claro que a los nicaragüenses se les está saqueando de forma despiadada cobrándoles unos intereses que fluctúan entre 60-90% en unos tiempos en los que los Bancos Centrales han puesto el precio del dinero cercano al 0%. Y no contentos con imponerles esas tasas de interés criminales para cobrárselas se valen de métodos que no tienen nada que envidiar a los de la Gestapo por continuar con las comparaciones nazis.

Ahora que el Estado por una vez cumple con su obligación de ser árbitro para evitar abusos y emite una Ley reguladora de una situación que ciertamente había llegado a un límite insostenible, el sistema financiero con el respaldo, cómo no, del FMI ha comenzado una verdadera campaña de intimidación para proteger sus intereses y evitar que se les escapen las presas a las que por años les ha estado chupando la sangre.

Para ello, han lanzado la idea que la Ley aprobada perdona las deudas (nada más lejos de la verdad pues lo que hace es regular los intereses para evitar la usura y en cierta forma, aunque muy tímidamente, la relación entre prestamistas y prestatarios totalmente subvertida a favor de los primeros mediante la imposición que supone un contrato de adhesión que vulnera el principio legal de la igualdad entre las partes) y que por ello promociona la cultura del no pago.

Además están lanzando mensajes apocalípticos de desestabilización del sistema financiero y los bancos ya han amenazado con no conceder créditos (hay que decir al respecto dos cosas: 1) en estos momentos y de acuerdo a lo manifestado por el Ministro de Hacienda en una conferencia hay una gran liquidez que hace que los bancos inviertan en deuda pública al 8% [cómo es posible que invirtiendo a ese interés digan que el 16% marcado en la Ley les reporta pérdidas] y 2) el negocio de un banco es precisamente prestar y si no presta quiebra, ¿cómo piensan sobrevivir si cumplen su amenaza?).

Adjunto el último artículo de una larga serie aparecida en la guerra mediática que se está librando en los medios de comunicación y aprovecho para intercalar a lo largo de él mis comentarios entre corchetes y con tinta azul.

Esta batalla se libra en Nicaragua pero la guerra afecta a todo el mundo.

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La receta austriaca frente a la fantasía keynesiana

Globalización Económica, Neoliberalismo, Recesión No hay Comentarios »

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El debate se anima y eso es bueno para que podamos avanzar.

Dentro de lo malo, la debacle de la economía ha traido algo bueno con el debate que se ha desatado a la hora de intentar explicar y buscar soluciones a la crisis.

Ojala sepamos aprovecharlo!!!

-Autor del Blog-

La actual crisis ha revelado las raíces keynesianas de la economía convencional. El único debate ha sido el tipo y tamaño de los rescates y planes de estímulo. Por ejemplo, el premio Nobel Joseph Stiglitz de la Universidad de Columbia piensa que la nacionalización bancaria es preferible al plan de alivio de activos tóxicos de Geithner-Summers. La fantasía keynesiana es realmente una monomanía porque, en última instancia, consiste en la obsesión en una sola panacea, más gasto público. Entretanto, los austriacos defienden el conjunto de políticas contraria y han sostenido heroicamente su receta de la liquidación.

El elevado grado de unanimidad entre los economistas de la corriente principal (mainstream) a favor de los rescates y planes de estímulo se hizo evidente en la reciente convención de la American Economic Association. Además de esta unanimidad, los economistas convencionales se han convertido en más influyentes y poderosos que nunca. Por ejemplo, Paul Krugman, el premio Nobel en economía más reciente y columnista del New York Times, apoya los planes de estímulo para combatir la recesión.

No importa cuántos nuevos planes se ofrezcan, su única queja es que no es suficiente. El antiguo compañero de Krugman en la Universidad de Princeton, Ben Bernanke, a cargo ahora de la Reserva Federal, cree que si él puede arreglar los problemas de la economía financiera también puede evitar que los problemas se extiendan a la economía real.

Larry Summers, antiguo economista y presidente de la Universidad de Harvard es ahora el director del Consejo Económico Nacional del presidente Obama y, presumiblemente, el coordinador de los planes para atajar la crisis económica. Es interesante mencionar que Summers es el hijo de dos economistas académicos y es el sobrino de los premios Nobel, Paul Samuelson y Kenneth Arrow. También es considerado uno de los mentores del Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, quien trabajó bajo órdenes de Summers en el departamento del Tesoro durante la Administración Clinton.

La receta austriaca contra la crisis

Todo esto me sugiere que esta crisis es un “test de mercado” para los economistas mainstream. Nunca antes tantos economistas académicos han tenido un papel tan importante en la política económica del Gobierno federal. Si incluimos a los dos de fuera (del Gobierno), Stiglitz y Krugman, con los poderosos de dentro (del Gobierno), Bernanke y Summers, tenemos una buena muestra acerca de la economía convencional de elite.

Dado que el Congreso ha votado muy pocas de las muchas medidas adoptadas por la Administración para atajar la crisis, se supone que este equipo económico, incluyendo al secretario Geithner, es responsable del diseño de la mayoría de las respuestas a la crisis.

Sus respuestas equivalen a medidas keynesianas puras y duras. En el último trimestre de 2007, aplicaron los típicos recortes de tipos de interés de la Reserva Federal. Luego, en enero de 2008, el primero de los movimientos sin precedentes vino de Bernanke cuando la FED empezó a subastar activos en la ventana de descuento. Esto fue seguido por una respuesta sin precedentes detrás de otra, rescates, estímulos, y garantías gubernamentales, tales como incrementar la cobertura del seguro del FDIC [Fondo de Garantía de Depósitos] sobre depósitos bancarios y extenderla a fondos del mercado monetario. Todo esto equivale a billones de dólares de más gasto público.

Es decir, Obama no trajo ningún “cambio”, tan sólo incrementó la magnitud y velocidad de las políticas. Los rescates, planes de estímulo y garantías públicas deberían ser vistos como una especie de proteccionismo por la puerta de atrás. Washington está protegiendo a Wall Street; está protegiendo a los bancos; está protegiendo a las compañías de automóviles; y está protegiendo los empleos en general. Entre los gobiernos extranjeros ya se han suscitado preocupaciones sobre este perfil rescatador del Gobierno, de proteccionismo y posibilidad potencial de una guerra en el comercio global.

Por supuesto, si señalas este punto a cualquiera de los economistas de la elite en Washington se burlarían y negarían la culpa. ¿Por qué? Porque todos los economistas saben que el proteccionismo sólo agravará los problemas. La Ley Arancelaria Smoot-Hawley convirtió a la Gran Depresión en algo mucho peor, y este creciente proteccionismo puede provocar guerras comerciales.

La receta austriaca para la crisis económica es muy simple y requiere poca acción por parte del Gobierno. El enfoque keynesiano es una receta para el desastre. Aquí están los ingredientes pasivos de la receta Austriaca:

- Permitir la liquidación de empresas en quiebra y de su deuda: nada de rescates públicos.
- Permitir que caigan los precios: nada de inflación monetaria.
- No apoyar artificialmente al empleo: nada de estímulos económicos.
- No conceder avales públicos: nada de nacionalizaciones de las llamadas government-sponsored enterprises (GSEs) ni de expandir la cobertura del FDIC.
- No subvencionar el desempleo: nada de extender el subsidio de paro desempleo.
- No castigar o desincentivar el ahorro.

Esta receta producirá la recuperación más rápida posible y minimizará la magnitud del daño económico. El lado activo en términos de políticas austriacas consistiría en reducir el tamaño del gobierno, presupuesto, impuestos, y regulaciones.

Debería ser bastante obvio que los Austriacos y los economistas Keynesianos tienen opiniones totalmente contrarias acerca de cómo resolver la actual crisis económica. Para ver cómo podría resultar, echemos un vistazo hacia atrás a la historia económica americana.

¿El siguiente super ciclo?

Los economistas convencionales identifican los giros en el ciclo económico mediante los datos que aporta el National Bureau of Economic Research (NBER). Esta información parece sugerir que las contracciones se están haciendo más cortas en duración mientras que las expansiones son más largas. Sin embargo, hay muchos problemas significativos con los datos de los ciclos del NBER.

Un problema es que los datos del NBER oscurecen lo que denomino “super ciclos”, que no deberían ser confundidos con los ciclos de Kondratiev o las Olas de Elliot. El primero de estos super ciclos es la Era Progresiva, cuando se acometieron un conjunto de cambios radicales en la Constitución, el gobierno y la economía. Este super ciclo abarca los cinco ciclos desde 1907 a 1921. El segundo super ciclo fue la Gran Depresión desde 1929 pasando por la Segunda Guerra Mundial, y el tercer super ciclo fue la Gran Estanflación de los ‘70, que duró desde 1970 hasta 1982.

Otro problema consiste en cómo medir mejor la economía a lo largo del ciclo económico. El NBER tiene en cuenta muchos factores para calcular los picos, valles, y recesiones, pero en gran medida se resumen en el PIB. Un problema con este enfoque es que a lo largo del tiempo el gasto público ha aumentado notablemente en relación al sector privado.

El gasto del Gobierno federal es menos susceptible a recortes durante las recesiones, debido al poder del Ejeuctivo para incurrir en déficits presupuestarios, subir impuestos y generar inflación. Las grandes cantidades de gasto público gubernamental hacen que los ciclos más recientes parezcan menos importantes que los antiguos ciclos cuando se mide en términos de PIB.

Sin embargo, el gasto público no es comparable al privado, ya que su valor no depende directamente de los consumidores, y buena parte de él es realmente nocivo para la economía. El Gobierno podría pagar a la gente para que cavara hoyos y a otra gente para que los llenara, y así se incrementaría el PIB, pero nadie sostiene que ése sea el camino de la prosperidad.

Tratando de corregir este problema con lo aportado por Murray Rothbard y los cálculos de Robert Batemarco, encontramos que los tres super ciclos del siglo XX coincidieron con el ascenso de intervencionistas de diversos tipos: los progresistas (1907-1921), los defensores del New Deal (1929-1945) y los keynesianos (1970-1982).

En contraste, si miramos a las recesiones normales, donde el país no estaba en guerra, estaba bajo el patrón oro y donde la política keynesiana no era dominante, nos encontramos una historia muy diferente. Por ejemplo, las recesiones de 1953-54, 1957-58, y 1960-61 fueron cortas en duración, poco profundas y fueron seguidas por un crecimiento robusto.

En la actualidad, la burbuja inmobiliaria alcanzó su cumbre en julio de 2005. La inversión privada, un indicador fundamental de la economía, hizo lo propio en 2006. A medida que las condiciones adversas en la industria constructora se extendieron, la economía se dio un traspié a finales de 2006 y otra vez a finales de 2007, antes de caer en clara depresión en 2008. El tamaño y alcance de los remedios de las políticas keynesianas empleadas desde finales de 2007 no tiene precedentes. Con el resurgir de la economía keynesiana sólo podemos concluir que las precondiciones para un nuevo super ciclo ya están puestas, y que si las políticas no se revierten, nos enfrentaremos a muchos años de condiciones económicas depresivas.

Artículo elaborado por Mark Thornton y publicado originalmente en el Ludwig von Mises Institute.

*Tomado de Libertad Digital

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¿Hiperdeflación, hiperinflación o ambas a la vez?

Deflación, Inflación, Neoliberalismo, Recesión, Regulaciones 1 Comentario »

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La banca central aplica medidas “no convencionales” para evitar la temida deflación que tuvo lugar durante la Gran Depresión. Algunos analistas advierten de que dicha política generará inflación elevada. Otros opinan que, pese a la política monetaria, la deflación es inevitable.

LD (Ángel Martín) En los últimos meses existe un creciente debate entre los economistas acerca de cuáles serán las consecuencias futuras de las políticas que están llevando a cabo los gobiernos de medio mundo. Entre otros asuntos, se discute sobre los planes de estímulo fiscales de Barack Obama en EEUU.

Mientras unos creen que estas medidas son totalmente necesarias y que, incluso, deberían ser más intensas, otros opinan que la propia idea de aumentar el gasto público para salir de la crisis es el peor remedio, y que la política más sensata sería reducir drásticamente el peso del sector público en la economía.

Pero también existe otro debate, quizás menos conocido, que hace referencia a la posibilidad de deflación (caída de precios) versus inflación (aumento). Las medidas “no convencionales” que están tomando los principales bancos centrales del mundo desarrollado no dejan indiferentes a muchos economistas, algunos de los cuales no titubean en añadir el prefijo hiper en inflación o deflación, para calificar el escenario futuro al que nos enfrentamos.

Antecedentes de la crisis actual

Durante algo más de una década, especialmente a partir de 2001 y 2002, tras el pinchazo de la burbuja puntocom, ha tenido lugar una desorbitada expansión crediticia liderada por los bancos centrales y sus tipos de interés excesivamente bajos. Así, los macroagregados de la oferta monetaria (excepto el M1) se dispararon en la segunda década de los años 90.

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Este proceso inflacionario originó toda una serie de malas inversiones. El nuevo dinero que pasó a circular en la economía a través del sistema bancario fue invertido en aquellos sectores cuya sensibilidad a las condiciones crediticias era mayor, como la vivienda o los automóviles. De este modo, se originaron burbujas, es decir, los precios de los activos (viviendas, acciones bursátiles, materias primas) se dispararon.

Pero este proceso de falsa prosperidad pronto se reveló como tal a medida que aparecieron repuntes en los precios de los bienes de consumo y los bancos centrales trataron de parar esta tendencia subiendo rápidamente los tipos de interés. Dicha subida pinchó las burbujas y todo empezó a cambiar, dando comienzo la actual recesión económica tras el estallido de la crisis subprime en el verano de 2007.

El período inflacionario de los años del crecimiento artificial fue seguido de un proceso de liquidación de activos, tal y como muestra el hundimiento de los precios de las viviendas en EEUU y las caídas bursátiles a nivel internacional. Añadido a estas caídas de precios, en algunos países como España se está produciendo una caída generalizada de precios en bienes de consumo, por primera vez en décadas.

En este sentido, según las palabras del profesor Fekete, la deflación se podría considerar como “la cura natural ante los excesos inflacionarios cometidos por el hombre”, pero sólo en el caso de que los policy-makers (clase política) “permitan hacer su benevolente y beneficioso trabajo”. Aquí es, precisamente, donde entran en juego las intervenciones monetarias de carácter excepcional emprendidas por Gran Bretaña y EEUU.

Con estas decisiones, como por ejemplo la compra de deuda pública y empresarial por parte de la banca central, los organismos monetarios tratan de evitar este proceso deflacionario, que es necesario para salir de la crisis. El resultado consiste en “echar gasolina sobre el fuego incrementando locamente la oferta monetaria y la deuda total”, explica Fekete, profesor universitario perteneciente a la Escuela Austríaca de Economía.

¿Hiperdeflación o hiperinflación?

Ahora bien, ¿qué efectos tendrán estas medidas?, ¿sumirán a la economía en la hiperinflación o en una deflación intensa? Algunos analistas se decantan por la llegada de un proceso hiperinflacionario una vez que tenga lugar la recuperación económica. Es la opinión que comparten Morgan Stanley, Peter Schiff o Jim Rogers. Los dos últimos, inversores estadounidenses de prestigio, alertan de que la política de la Reserva Federal de EEUU (FED) de aumento indiscriminado de su balance mediante la compra de casi cualquier tipo de activos y deuda (quantitative easing), inexorablemente, provocará la destrucción del dólar, haciendo que los precios se disparen.

Según Schiff, presidente de Euro Pacific Capital y prestigioso analista de Wall Street, las alocadas políticas de Ben Bernanke, presidente de la FED, con el fin de evitar la deflación van a ocasionar una espiral inflacionista, cuyo final podría ser la hiperinflación y, en última instancia, el colapso del dólar y del propio gobierno norteamericano.

Por su parte, el inversor Jim Rogers vaticina un aumento notable en los precios como resultado, igualmente, de las políticas monetarias expansivas de la banca central, siguiendo al actual proceso de liquidación de activos: tal y como demuestra el pasado, “siempre que se imprimen ingentes cantidades de dinero o se gasta dinero que no se tiene (deuda pública) se produce alta inflación. Desde mi punto de vista, eso es lo que va a pasar también esta vez. Los precios del petróleo están muy bajos ahora, pero eso es sólo temporal. Y vamos a ver precios más altos, especialmente en las materias primas”.

A un escenario hiperinflacionario también apunta Thorstein Polleit, profesor honorario de la Frankfurt School of Finance & Management y analista del Ludwig von Mises Institute. En un artículo titulado Habrá (hiper)inflación, este investigador compara la situación actual con la hiperinflación vivida en la Alemania de los años 20, apuntando un claro paralelismo y recurriendo a las enseñanzas del gran economista austriaco Ludwig von Mises acerca de la insostenibilidad y el trágico final de las políticas inflacionarias. Para Polleit, las medidas de Bernanke de incrementar la base monetaria e inyectar liquidez, así como el creciente gasto gubernamental, harán inevitable un escenario de hiperinflación.

Espiral deflacionaria

Sin embargo, para otros expertos, tal escenario no es tan obvio. Es el caso del experto en teoría monetaria Antal Fekete quien, en una entrevista que avanzó LD el pasado febrero, afirmó que el colapso del dólar y de todo el sistema monetario está por llegar, pronosticando que tras la intensificación de periodo actual deflacionario el mundo asistirá a una nueva hiperinflación.

Fekete, en un extenso análisis acerca de la situación actual escrito el pasado 30 de marzo, sostiene que la actual política monetaria no servirá de nada. Así, ya se está experimentando una espiral deflacionista con visos de convertirse en una hiperdeflación, advierte el analista. Pero, ¿cómo es posible que exista hiperdeflación cuando los bancos centrales están creando dinero como locos?.

Si bien es indudable que Bernanke y la FED están haciendo grandes esfuerzos para evitar la deflación mediante la creación de dinero y todo tipo de nuevos instrumentos, Fekete argumenta que ellos pueden crear dinero, pero no pueden hacerlo circular a través de los agentes económicos: de bancos a empresas, de empresas a familias, de familias a empresas, etc. Así, en referencia a quienes ven peligros de hiperinflación a través de las estadísticas que muestran un crecimiento de la oferta monetaria sin precedentes, comenta que “la oferta monetaria que pasa de mano en mano puede estar encogiéndose a medida que la demanda de atesoramiento de billetes federales se dispara”.

Esto en parte se debe, según el teórico, a que el nuevo dinero ha ido a parar a rescatar a grandes entidades financieras bajo la doctrina del too big to fail (demasiado grande para quebrar). Asimismo, el reducido poder adquisitivo de los consumidores está siendo empleado para pagar sus deudas con el fin de huir del default (suspensión de pagos).

El papel moneda escasea

Además, existe otra causa más sutil que tiene que ver con la composición de la actual oferta monetaria. Y es que, la inmensa mayoría del dinero existente en EEUU está en forma de dólares electrónicos (dinero virtual en asientos contables), y sólo una pequeña parte son billetes respaldados por la Reserva Federal (papel moneda). Mientras que los primeros son usados para repagar las deudas y especular en bonos, sólo los billetes físicos se pueden usar efectivamente para el consumo.

Sin embargo, pese a que la FED ha creado una ingente cantidad de dólares electrónicos no ha podido hacer lo mismo con los físicos. Así se originan comportamientos dispares en la oferta monetaria: mientras que el dinero electrónico es superabundante, el dinero físico escasea, y tanto los particulares como los bancos tratan de atesorarlo ante circunstancias económicas adversas.

Por ello, se está reduciendo inevitablemente el consumo y, como consecuencia, una contracción de la actividad económica, la necesidad de bajar precios y mayor desempleo. Además, el aumento del paro genera menores rentas que, a su vez, reduce aún más el consumo, y así sucesivamente. Es la temida espiral deflacionista. Pese a ello, según Fekete, los precios de productos primarios como el petróleo y los alimentos podrían subir en un primer momento, pero tales  subidas no serían sostenibles, por las razones ya señaladas.

La lección de la Gran Depresión

Otro de los analistas críticos con el escenario hiperinflacionario es el autor del prestigioso blog Global Economic Trend Analysis, Mike Mish. En un artículo en el que trataba de demoler algunas de las tesis de Peter Schiff, señalaba que la hiperinflación simplemente no es previsible, al menos, en EEUU. “Las condiciones en los EEUU son exactamente las que uno esperaría ver en deflación”.

Ante el argumento del disparado aumento de la oferta monetaria como condición necesaria para la hiperinflación, Mish argumenta: “Sí, la oferta monetaria se está disparando, pero la destrucción de los balances de los bancos está sucediendo más rápido”. Además, se apoya en un gráfico que muestra la evolución de la base monetaria: “Usando solamente la expansión monetaria, uno concluiría que hubo inflación excesiva durante la Gran Depresión, ¡empezando en 1931!”, algo que contradice la experiencia histórica.

En efecto, tras el crash bursátil de 1929, gran parte del sistema bancario americano quebró como consecuencia de la inflación crediticia durante los felices años 20, y el subsiguiente periodo deflacionario que ésta generó. Los excesos de los años anteriores llevaron a la liquidación de gran cantidad de préstamos a brokers destinados a adquirir acciones a precios inflados. Y esta situación se agravó especialmente tras la quiebra del CreditAnstalt austriaco, que dejó sin valor todos los créditos americanos contra la economía alemana.

Según el economista Melchior Palyi (en su obra The Twilight of Gold), lo que sucedió en la Gran Depresión fue que los bancos y potenciales deudores utilizaron el nuevo crédito no para invertir o consumir sino para refinanciar sus abultadas deudas o mejorar su posición líquida. Por ello, no es de extrañar que ocurriera una marcada deflación, con los índices de precios cayendo notablemente.

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Mike Mish concluye que una oferta monetaria disparada simplemente no prueba que se avecina “una gran inflación”, al igual que tampoco tuvo lugar en 1931. El origen de este error radica en la propia definición de inflación: “una definición basada solamente en un incremento en la oferta monetaria falló estrepitosamente a la hora de predecir los tipos de interés, la reciente fortaleza del dólar americano [esto lo escribía a fecha de 25 enero de 2009, tras rally del dólar frente al euro], la caída del oro desde 850 a 250 dólares entre 1980 y 2000, y otros acontecimientos”. Al contrario, una definición basada en la oferta monetaria y en el crédito sí que predijo bien estos fenómenos, según el analista.

En definitiva, que los bancos centrales no tienen la posibilidad de expandir el crédito a su gusto, como ya recordaba Juan Ramón Rallo el pasado año acerca de la interpretación monetarista de la Gran Depresión. Por mucho que lo intenten inundando la economía de liquidez, el crédito no se reactiva y, por tanto, la hiperinflación parece descartable. Al menos, de momento.

En caso de que los teóricos de la deflación tengan razón, ello supondría un descrédito de gran calibre para el presidente de la FED, Ben Bernanke. Y es que, a pesar de ser un declarado antideflacionista y haber tratado de poner todos los medios a su alcance para evitar dicho escenario, se daría de bruces con su peor pesadilla: la deflación. Razón suficiente para enterrar para siempre las teorías que le sirven de apoyo y su presunto prestigio como académico y burócrata.

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Paul Krugman escribe sobre Friedman

Neoliberalismo, Paul Krugman No hay Comentarios »

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Publico este artículo de Paul Krugman sobre Milton Friedman con la satisfacción, que estoy seguro le produce a un simple mortal, de constatar que lo que he venido escribiendo en los últimos años oponiéndome a Friedman no era un pensamiento que sólo anidaba en mi mente.

Paul Krugman : Quien era Milton Friedman

La historia del pensamiento económico en el siglo XX es algo parecida a la del cristianismo en el XVI. Hasta que John Maynard Keynes publicó su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero en 1936, la ciencia económica -al menos en el mundo anglosajón- estaba completamente dominada por la ortodoxia del libre mercado. De vez en cuando surgían herejías, pero siempre se suprimían. La economía clásica, escribía Keynes en 1936, “conquistó Inglaterra tan completamente como la Santa Inquisición conquistó España”. Y la economía clásica decía que la respuesta a casi todos los problemas era dejar que las fuerzas de la oferta y la demanda hicieran su trabajo.

Pero la economía clásica no ofrecía ni explicaciones ni soluciones para la Gran Depresión. Hacia mediados de la década de 1930, los retos a la ortodoxia ya no podían contenerse. Keynes desempeñó la función de Martín Lutero, al proporcionar el rigor intelectual necesario para hacer la herejía respetable. Aunque Keynes no era ni mucho menos de izquierdas -vino a salvar el capitalismo, no a enterrarlo-, su teoría afirmaba que no se podía esperar que los mercados libres proporcionaran pleno empleo, y estableció una nueva base para la intervención estatal a gran escala en la economía.

El keynesianismo constituyó una gran reforma del pensamiento económico. Inevitablemente, le siguió una contrarreforma. Diversos economistas desempeñaron un papel importante en la gran recuperación de la economía clásica entre los años 1950 y 2000, pero ninguno fue tan influyente como Milton Friedman. Si Keynes era Lutero, Friedman era Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas. Y al igual que los jesuitas, los seguidores de Friedman han actuado como una especie de disciplinado ejército de fieles y provocado una amplia, pero incompleta, retirada de la herejía keynesiana. A finales de siglo, la economía clásica había recuperado buena parte de su anterior hegemonía, aunque ni mucho menos toda, y a Friedman le corresponde buena parte del mérito.

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