La regulación del sector de hidrocarburos, una paradoja keynesiana en los albores de más de medio siglo de políticas neoliberales

Combustibles, Globalización Económica, Neoliberalismo No hay Comentarios »

Leído 1,089 veces

Autor: Luis Gustavo Murillo Orozco[1]

A partir del fracaso que sufrieron los planteamientos de la teoría liberal de la economía (posterior a la depresión de los años 30), aparece la teoría keynesiana proponiendo la necesidad de un estado fuerte con funciones reguladoras de las actividades económicas a fin de poder dinamizar la demanda efectiva y sacar al sistema del profundo periodo recesivo en que había caído.

Durante esa época iniciaba a tener importancia el sector de hidrocarburos en la matriz energética que mueve a la economía y que por su propia naturaleza de recurso fácilmente agotable y generador de estructura de mercados monopólicas u oligopólicas se requería un control por parte del estado en las etapas de exploración, extracción, refinamiento y distribución con el objetivo de mantener controlado uno de los elementos fundamentales del precio relativo de cualquier economía.

En la década de los 70´s e inicio de los 80´s el bagaje de planteamientos keynesianos sufrió grandes cuestionamientos, siendo sustituido por el enfoque neoliberal que pone como sus dos principales planteamiento, por una lado la necesidad de que sea el mercado el mejor asignador de los recursos de la economía y por otro lado, la perdida de beligerancia del estado respecto al manejo y regulación de los principales sectores de la economía (entre ellos el sector de hidrocarburos). Debido a tales planteamientos, el estado se debería dedicar a actividades de menor importancia que el mercado no esta interesado en asumir (seguridad ciudadana, realizador de trámites burocráticos, etc).

Lo anterior también le otorgo a las principales instituciones del mercado (las empresas multi y transnacionales) la posibilidad de manejar los diferentes eslabones del sector de hidrocarburos formándose rápidamente monopolios estructurales (las siete hermanas del sector de hidrocarburos y la OPEP) que en menos de un quinquenio (a partir de 1973) hicieron subir el precio del barril del petróleo de $ 4 a más de $12 y luego a más de $20 (segunda crisis petrolera 1979) y a más de $100 en la actualidad.

Como producto del boom de crecimiento económico que tuvieron los países desarrollados (dueños de las transnacionales petroleras) y los miembros de la OPEP en la década de los 70´s el problema no llego a niveles alarmantes como producto de la generación de un proceso de reciclaje de recursos financieros (petrodólares) de países ricos hacia países en vías de desarrollo que fueron viendo como sus déficit públicos y endeudamientos externos crecían a un ritmo estrepitoso, hasta que en 1982 se rompe la burbuja de ilusión financiera desembocando en la crisis de la deuda externa.

Pese a las dificultades que se habían presentado por el desorden de exceso de gastos, entre ellos la factura petrolera, el financiamiento de tales ineficiencias se sustituyo de fuentes privadas (bancos comerciales) a fuentes multilaterales (Banco Mundial y FMI), que a pesar de la implantación de sendos Programas de Ajuste Estructural se siguió forzando a los países del tercer mundo, reducir sus niveles de regulación económica, enmarcándose tales programas, en la sanidad macroeconómica de las economía y dándole al mercado la oportunidad de obtener jugosas ganancias en sectores de gran rentabilidad como el de hidrocarburos.

A partir de inicios de la década de los 90´s se juntaron cuatro eventos negativos que dispararon el precio del petróleo en el mercado internacional, tales eventos fueron:

a) Las dos guerras del Golfo Pérsico de 1992 y 2004.

b) Desaparición del bloque socialista.

c) Ascenso de China e India que presionaron la demanda.

d) Mayor cohesión entre los miembros de la OPEP entre ellos Venezuela.

Esas externalidades negativas han puesto en entredicho en la actualidad la eficiencia del mercado en relación al manejo de los recursos económicos de la sociedad, tomando en cuenta que el sector de energéticos paradójicamente requiere de una visión de eficiencia económica pero por otro lado contiene un elemento social ya que al fluctuar violentamente es capaz de generar procesos estanflacionarios que afectan a la sociedad en su conjunto, creando con ello una crisis económica.

Por tal razón, esta nueva crisis económica (financiera, inmobiliaria y bancaria) está reforzando la paradoja consistente en que a pesar de que en mas de medio siglo de aversión a la regulación actualmente se crea la necesidad de rescatar los viejos planteamientos keynesianos sobretodo desde la cuna de la teoría neoliberal (Estados Unidos de Norteamérica).

Ahora hagámonos la pregunta, ¿cómo afectará este cambio de posición de políticas económicas a las economías en vías de desarrollo?, tomando en cuenta que al estar sujetas desde la década de los 80´s al influjo de política que generaron un proceso de reformas en la que cualquier intento de regulación (por mínimo que sea) por parte del estado se le criticaba como una práctica ineficiente por parte del estado.

Desde mi punto de vista, países del tercer mundo (como Nicaragua) tenemos un triple problema, al haber entrado en crisis económica el sector de hidrocarburos:

1- Por un lado a estos estados se les quito la potestad de regular sectores importantes de la economía lo que fue concretado con un ordenamiento jurídico que prohibió constitucionalmente cualquier intento de regulación en sectores neurálgicos de la economía.

2- Por otro lado, al ser países altamente dependientes del consumo petrolero y el precio de éste al crecer vertiginosamente, se vieron deteriorada las principales variables macroeconómica (déficit públicos, déficit de balanza de pagos, presión inflacionaria, presión en el tipo de cambio, nivel general de empleo, etc), es decir sufren del mal de los déficits gemelos (déficit interno expresado por la superación de los egresos respecto a los ingresos en el Presupuesto General de la República y déficit de balanza de pagos).

3- Por último el poder adquisitivo de la mayoría de los consumidores (más de las 8/9 partes de la población), se ve deteriorada como producto de dos procesos alternos, a) cambio en la estructura de costo real en la producción y los servicios y b) una cordobización de los salarios pero una dolarización de los precios de la mayor parte de los bienes y/o servicios que se adquieren del mercado.

Para concluir planteo la siguiente reflexión “la crisis del sector de hidrocarburos esta forzando a los gobiernos tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo desempolvar las viejas prácticas de regulación de la economía, pero en las condiciones actuales de liberalización del mercado, tendrá que pasar cierto tiempo y las sociedades sufrirán procesos de desestabilización socioeconómica antes de volver a tener un nuevo periodo de estabilidad económica y aceptar la necesidad de la regulación de sectores estratégicos por parte del estado a fin de lograr gobernabilidad en el sistema”.


[1] El autor es docente de Economía del Departamento de Economía Aplicada de la UCA (Nicaragua).

Popularity: 40%

Artículos relacionados

Dos organismos federales estadounidenses culpables de manipulación de los precios del petróleo

Especulación, Petróleo No hay Comentarios »

Leído 931 veces

Petroleras

Si piensa usted en acabar con la manipulación de los mercados, no recurra a los sabuesos del Congreso. Han estado investigando las transacciones en los mercados del petróleo durante dos años y se les ha pasado totalmente por alto una empresa situada en el centro del huracán. En estos dos años, el precio del barril de crudo ha pasado de 50 dólares a 140 dólares, lo que va a dejar a una buena parte de estadounidenses ante una disyuntiva: comprar alimentos o pagar la factura del combustible de calefacción.

La investigación por parte del Congreso de esta sospechosa empresa debería haber sido fácil. Por una parte, se trata de la empresa que lanzó al estrellato de los traders –operadores– del petróleo al malhechor Marc Rich, perdonado por el presidente Clinton en las últimas horas de su presidencia. En su día, Rich fue el mayor trader del mundo en petróleo y metales. A finales de los 90 adquirió 129 millones de onzas de plata por cuenta de Berkshire Hathaway, empresa de inversión del legendario Warren Buffet, en el mercado no regulado de Londres. En 1990, fue uno de los primeros participantes en una empresa petrolífera mixta rusa, de infausta trayectoria, llamada White Nights (Noches blancas). En 2005, mientras formaba parte de Citigroup, el mayor conglomerado bancario estadounidense, constantemente censurado por las indecentes sumas que paga a sus ejecutivos, Rich entregó a su jefe y principal trader de petróleo, Andrew J. Hall, 125 millones de dólares por un año de trabajo. Según el Wall Street Journal, esta suma es cinco veces superior a la que recibió Chuck Prince, el más alto ejecutivo de todo el conglomerado Citigroup, ese mismo año y 55 millones de dólares superior a la recibida por el director ejecutivo de Exxon-Mobil.

Con estos llamativos antecedentes y dos años de testimonios ante el Congreso en los que se desvelaron los chanchullos relacionados con las transacciones petrolíferas cabría poder disponer de volúmenes enteros de información actualizada en esta materia. Sin embargo, las actividades de esta empresa son tan secretas que su sitio Internet ( www.philbro.com ) está compuesto por sólo una página y una lista única de direcciones, teléfonos y faxes de sus oficinas en EE UU, Londres, Ginebra y Singapur. No hay nombres de sus principales operadores, ni biografías, ni historia, ni notas de prensa. Y mientras que empresas de Wall Street como Goldman Sachs y Morgan Stanley han sido denunciadas por el congresista Bart Stupak (demócrata por Míchigan) por haber trucado el sistema, Philbro ha escapado completamente a toda inspección durante el periodo de siete años en el que el precio del crudo ha aumentado en el escandaloso porcentaje de 697%.

Philbro es la vieja sociedad mercantil Philipp Brothers, establecida discreta y secretamente en Westport, estado de Connecticut, como subsidiaria del gigante de la banca y la intermediación Citigroup, establecido en 1998 a partir de la fusión de Traveler’s Group y Citicorp (empresa madre de Citibank). En el momento de la fusión, Philbro era propiedad de Traveler’s Group. A pesar de que Philbro ha proporcionado a Citigroup 2.000 millones de dólares de ingresos en los últimos tres años, en el informe annual 2007 de Citigroup, de 205 páginas, la única referencia a aquella empresa es una pequeña nota a pie de página en el apartado de ingresos por productos básicos, que dice así: “Incluye principalmente los resultados de Philbro Inc., empresa intermediaria en petróleo, productos del petróleo, gas natural y otros productos básicos.”

Al peinar los archivos del Gobierno, la primera aparición destacable de Philbro tiene lugar el 6 de abril de 2001, cuando la empresa de abogados de Wall Street Sullivan & Cromwell envía una carta a la Commodity Futures Trading Commission (Comisión reguladora del mercado de futuros de productos básicos, o CFTC por sus siglas en inglés), el organismo federal regulador del comercio del petróleo y otras productos básicos, en la que afirmaba que figuraba en representación del Grupo de la Energía. La carta tiene su interés porque delinea el equipo formado para engrasar el negocio del petróleo en Washington, a saber: dos bancos de inversión (Goldman Sachs y Morgan Stanley); un castillo de naipes que más tarde se derrumbaría (Enron); una empresa de intermediación propietaria integrada en un monstruo bancario (Philbro dentro de Citigroup) y dos empresas realmente dedicadas a la energía (BP-Amoco y Koch Industries).

Lo que el Grupo de la Energía había estado presionando para obtener y había finalmente obtenido de su regulador federal era, nada más y nada menos, que la impresionante capacidad de negociar en secreto contratos de petróleo y derivados del petróleo en el mercado extrabursátil (over- the-counter (OTC) market), evitando así a la vez la vigilancia que rige los intercambios regulados de productos básicos, y la regulación de la CDTC y el Congreso. La carta citada de 6 de abril de 2001 era básicamente una carta de agradecimiento que incluía una interpretación de las nuevas normas tan favorable como era posible para el Grupo de la Energía.

Esta modificación de la legislación se introdujo al amparo de la Commodity Futures Modernization Act (Ley de modernización del mercado de futuros de productos básicos, o CFMA por sus siglas en inglés), del año 2000, que se conoce como The Enron Loophole (La escapatoria de Enron). (Teniendo en cuenta que la rama de intermediación de Enron desapareció junto al resto de la empresa, y que Philbro sigue negociando en secreto con petróleo en todo el mundo, quizás debería llamarse La escapatoria de Philbro).

Lo que la CFTD proporcionó también a los grandes traders de Wall Street es una licencia para escabullirse a los radares, al permitirles utilizar terminales de computadora situados en Estados Unidos mientras negocian el petróleo en bolsas extranjeras, como la Intercontinental Exchange (ICE) situada en Londres pero propiedad de un entramado de Atlanta, en el estado de Georgia (EE UU), creado y financiado por las grandes firmas de Wall Street y las grandes petroleras.

El 3 de junio del corriente año, el Dr. Mark Cooper, Director de investigación de la Federación de Consumidores de EE UU (Consumer Federation of America) expuso correctamente el problema al Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado de Estados Unidos:

“La burbuja especulativa de los mercados de petróleo le ha costado a la economía más de medio billón de dólares en estos dos años, desde que en las audiencias de este Senado se comenzó a prestar atención a este problema. Las políticas públicas han convertido estos mercados en terreno de juego de los ricos ociosos, mientras que los consumidores sufren la carga de unos precios en aumento que afectan a sus necesidades cotidianas. Hemos conseguido que el juego en los mercados financieros sea tan fácil, que la inversión productiva a largo plazo ya no es atractiva para nadie. El error más craso fue el del Congreso, al permitir que la Commodity Futures Trading Commission (Comisión reguladora del mercado de futuros de productos básicos, o CFTC por sus siglas en inglés) no estuviese sujeta a la normativa en materia de intermediación para los mercados libres de futuros en el ámbito de la energía. Puesto que no hay normativa relativa a este amplio sector de la actividad, los reguladores tienen escasa información de lo que sucede realmente en los mercados de productos energéticos. Los grandes traders estadounidenses de productos básicos deberían estar obligados a registrarse e informar de su posición total en dichas productos básicos, tanto aquí en EE UU como en el extranjero… En caso de que se negasen a informar de sus posiciones, no se les debería permitir operar en los mercados estadounidenses. Y si violasen esta disposición, deberían ir a la cárcel. Las multas no bastan para disuadir los abusos en estos mercados de productos básicos porque hay demasiado dinero a ganar.”

Lo único que cambiaría de esta argumentación, por otra parte impecable, es que Wall Street está lejos de ser el terreno de juego de los ricos ociosos. Sus ejecutivos pasan cada minuto de su vida consciente (y, por lo que he oído, parte de sus sueños) pensando en cómo liberarnos de nuestro dinero, nuestros hogares y de una voz en Washington. No saben hasta qué punto es oportuno el lema de Citigroup: The Citi never sleeps (1).

Pongamos que la CFTD no sea un regulador sospechoso, que no sea un escenario de audiciones ni una puerta giratoria que daba acceso a empleos multimillonarios en la industria que regula.

Pongamos que efectivamente tenga la intención de informar al Congreso de la clase de actor gigantesco que era Citigroup en los mercados del petróleo. Según documentos presentados el 22 de febrero de 2008 a la Securities and Exchange Commission (SEC), Citigroup tiene por encima de 2.000 subsidiarias principales (lo que quiere decir que realmente tiene más, pero no las cita). De éstas, un número importante son entidades secretas situadas en paraísos fiscales cuyos archivos no están al alcance de los reguladores. (Para una visión espeluznante de este pulpo en constante expansión pinche en este enlace: http://www.sec.gov/)

Es decir, la CFTC no tiene acceso a todos los archivos, e incluso en aquellos que sí puede consultar primero tiene que saber cuáles son los nombres pertinentes, de más de 2.000 posibles, con los que Citigroup está negociando petróleo, para luego sumar los contratos no liquidados.

El 6 de mayo del presente año, Tyson Slocum, director del Programa de Energía de Public Citizen, una asociación de vigilancia sin ánimo de lucro, testificó ante el Congreso sobre otro obstáculo que impide realizar investigaciones adecuadas en materia de manipulación de precios:

“Gracias a la Commodity Futures Modernization Act, los participantes en estos mercados de intermediación de energía recién desregulados no tienen la obligación de presentar los llamados Informes de grandes traders (Larger Traders Reports). Estos documentos, junto a las declaraciones de precios y del volumen de ventas, son las principales herramientas del sistema de regulación de la CFTC. Así pues, la desregulación de los mercados libres, al permitir que los traders escapen a la necesidad de responder con esta información básica, dejan a los reguladores federales sin ninguna herramienta para establecer en un momento dado si hay manipulación de los mercados de futuros de la energía… La capacidad de los reguladores federales para investigar las acusaciones de manipulación de los mercados es escasa, incluso en los mercados bursátiles dotados de una reglamentación suave, como el NYMEX (New York Mercantile Exchange), por lo que lo es mucho más aún en los mercados libres no regulados.”

Lo que viene a continuación sólo puede calificarse como un acto de locura por parte de la Reserva Federal. Después de permitir que se retirase, en 1999, la legislación conocida como Ley Glass-Steagall –introducida durante la Gran Depresión como método de protección de los inversores– y con ello autorizar que el Citigroup albergase bajo un único techo depósitos bancarios de ahorradores individuales, actividades bancarias de inversión, seguros, corretaje bursátil y gestión especulativa de patrimonio (la perfecta tormenta que intensificó la Gran Depresión), la Reserva Federal decidió, el 2 de octubre de 2003 que la situación de Citi aún no era suficientemente espeluznante, y autorizó a esta compañía, citada en centenares de litigios de fraude y manipulación de valores, y que no era siquiera remotamente capaz de gestionarse a sí misma como organismo financiero a que reforzase su negocio de intermediación de petróleo permitiéndole que tomase posesión de petróleo depositado en petroleros, porque “razonablemente era de esperar que aportase ventajas al público.” He aquí algunos fragmentos de la comunicación de la Reserva Federal en los que se sugiere los planes expansivos que Citi tenía en materia de almacenamiento del crudo y su transporte:

“Citigroup ha indicado que adoptará normas adicionales en materia de actividades de intermediación de productos básicos ambientalmente sensibles, como el crudo o el gas natural. Por ejemplo, Citigroup exigirá que todo armador de buques que transporte crudo por cuenta de Citigroup sea miembro de un consorcio de protección e indemnización y cuente con el seguro de más alto valor para casos de contaminación por petróleo que pueda ofrecer el consorcio en cuestión. Citigroup exigirá también que todo buque a su servicio cuente con seguros adicionales contra la contaminación por hidrocarburos emitidos por compañías aseguradoras fiables. Además, Citigroup establecerá limitaciones por edad para los buques y exigirá que éstos cuenten con la aprobación de una empresa petrolera internacional de importancia, y dispongan de los necesarios planes y equipos de respuesta ante una emergencia de vertido. Asimismo, Citigroup dispondrá de un plan general de apoyo en caso de que el propietario de un buque no pueda responder adecuadamente a un vertido, y contratará a inspectores para supervisar la carga y la descarga de los buques. Citigroup se ha comprometido también a poner a punto políticas y procedimientos concretos para el almacenamiento del crudo… La Junta considera que Citigroup tiene la capacidad de gestión y el marco de control interno necesarios para gestionar los riesgos ligados a la adquisición y entrega de productos básicos… Por estas razones, y basándose en las políticas y procedimientos de Citigroup para gestionar y controlar los riesgos ligados a las actividades de comercio de productos básicos, la Junta establece que la consumación de la propuesta no plantea un riesgo importante a la seguridad y solvencia de las instituciones depositarias del sistema financiero en general, y que cabe esperar razonablemente que produzca beneficios para el público que compensen cualquier efecto negativo potencial.”

Votaron a favor de estas disposiciones el entonces presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, y el actual presidente, Ben Bernanke.

La Reserva Federal no podía estar más equivocada en relación con el Citigroup y su supuesta “capacidad de gestión y (el) marco de control interno necesarios para gestionar los riesgos”. Dos años más tarde, en marzo de 2005, la bipolar Fed se vio obligada a manifestar, en relación con Citigroup: “Dado el tamaño, el ámbito y la complejidad de las operaciones globales de Citigroup, será preciso prestar una atención especial a las deficiencias registradas en su gestión de riesgos, que ha dado lugar a una serie de acontecimientos graves en estos últimos años…”

Hoy, la situación es la siguiente: Citigroup acumuló 42.000 millones de dólares en pérdidas y ajustes a la baja el pasado año, y acaba de anunciar que habrá más ajustes a la baja. Al mismo tiempo, la Reserva Federal tiene conectada una sonda intravenosa que trasvasa dinero entre su caja fuerte a este experimento digno de un científico loco, a la vez banquero-intermediario-prestamista en hipotecas basura-trader petrolero.

Además de esta unidad secreta de compraventa de producto petroleros llamada Phibro, Citi ha formado Citigroup Energy y la ha trasladado a Houston. En un anuncio en el que solicitaba personal, publicado en Canadá, la describía con las siguientes palabras: “Citigroup Energy es una empresa global de compraventa y comercialización de energía, y gestión de riesgos basada en Houston, con oficinas en Calgary, Nueva York, Londres y Singapur. Nuestro objetivo es convertirnos en la primera organización mundial en el ámbito de la comercialización y compraventa de productos básicos energéticos. En estos momentos, nuestras capacidades incluyen el comercio y comercialización de productos derivados y estructurados en energía, gas natural, crudo y productos petrolíferos.”

Enron también se autotituló en su día “primera organización mundial en el ámbito de la energía.” Aparentemente impresionados por este modelo, Citigroup Energy ha contratado a un número significativo de ex traders de Enron.

Pam Martens ha trabajado en Wall Street durante 21 años. No tiene ningún tipo de títulos de ninguna de las compañías mencionadas en este artículo. Escribe sobre asuntos de interés público como independiente desde New Hampshire. Puede contactarse en pamk741@aol.com.

Texto original:

http://www.counterpunch.com/martens06212008.html

Traducido para Rebelión por S. Seguí

(1) The Citi never sleeps (El Citi nunca duerme), es una paráfrasis de The City Never Sleeps (La ciudad nunca duerme) (N. del t.)

Gasolina19

Popularity: 22%

Artículos relacionados

Fuels on the Hill

Economía, Especulación, Paul Krugman 1 Comentario »

Leído 1,356 veces
Paul Krugman

Paul Krugman

Congress has always had a soft spot for “experts” who tell members what they want to hear, whether it’s supply-side economists declaring that tax cuts increase revenue or climate-change skeptics insisting that global warming is a myth.

Right now, the welcome mat is out for analysts who claim that out-of-control speculators are responsible for $4-a-gallon gas.

Back in May, Michael Masters, a hedge fund manager, made a big splash when he told a Senate committee that speculation is the main cause of rising prices for oil and other raw materials. He presented charts showing the growth of the oil futures market, in which investors buy and sell promises to deliver oil at a later date, and claimed that “the increase in demand from index speculators” — his term for institutional investors who buy commodity futures — “is almost equal to the increase in demand from China.”

Many economists scoffed: Mr. Masters was making the bizarre claim that betting on a higher price of oil — for that is what it means to buy a futures contract — is equivalent to actually burning the stuff.

But members of Congress liked what they heard, and since that testimony much of Capitol Hill has jumped on the blame-the-speculators bandwagon.

Somewhat surprisingly, Republicans have been at least as willing as Democrats to denounce evil speculators. But it turns out that conservative faith in free markets somehow evaporates when it comes to oil. For example, National Review has been publishing articles blaming speculators for high oil prices for years, ever since the price passed $50 a barrel.

And it was John McCain, not Barack Obama, who recently said this: “While a few reckless speculators are counting their paper profits, most Americans are coming up on the short end — using more and more of their hard-earned paychecks to buy gas.”

Why are politicians so eager to pin the blame for oil prices on speculators? Because it lets them believe that we don’t have to adapt to a world of expensive gas.

Indeed, this past Monday Mr. Masters assured a House subcommittee that a return to the days of cheap oil is more or less there for the asking. If Congress passed legislation restricting speculation, he said, gasoline prices would fall almost 50 percent in a matter of weeks.

O.K., let’s talk about the reality.

Is speculation playing a role in high oil prices? It’s not out of the question. Economists were right to scoff at Mr. Masters — buying a futures contract doesn’t directly reduce the supply of oil to consumers — but under some circumstances, speculation in the oil futures market can indirectly raise prices, encouraging producers and other players to hoard oil rather than making it available for use.

Whether that’s happening now is a subject of highly technical dispute. (Readers who want to wonk themselves out can go to my blog, krugman.blogs.nytimes.com, and follow the links.) Suffice it to say that some economists, myself included, make much of the fact that the usual telltale signs of a speculative price boom are missing. But other economists argue, in effect, that absence of evidence isn’t solid evidence of absence.

What about those who argue that speculative excess is the only way to explain the speed with which oil prices have risen? Well, I have two words for them: iron ore.

You see, iron ore isn’t traded on a global exchange; its price is set in direct deals between producers and consumers. So there’s no easy way to speculate on ore prices. Yet the price of iron ore, like that of oil, has surged over the past year. In particular, the price Chinese steel makers pay to Australian mines has just jumped 96 percent. This suggests that growing demand from emerging economies, not speculation, is the real story behind rising prices of raw materials, oil included.

In any case, one thing is clear: the hyperventilation over oil-market speculation is distracting us from the real issues.

Regulating futures markets more tightly isn’t a bad idea, but it won’t bring back the days of cheap oil. Nothing will. Oil prices will fluctuate in the coming years — I wouldn’t be surprised if they slip for a while as consumers drive less, switch to more fuel-efficient cars, and so on — but the long-term trend is surely up.

Most of the adjustment to higher oil prices will take place through private initiative, but the government can help the private sector in a variety of ways, such as helping develop alternative-energy technologies and new methods of conservation and expanding the availability of public transit.

But we won’t have even the beginnings of a rational energy policy if we listen to people who assure us that we can just wish high oil prices away.

Publicado en

Popularity: 27%

Artículos relacionados

Científicos británicos: El mundo sufrirá pronto una escasez de petróleo

Petróleo No hay Comentarios »

Leído 802 veces

Al actual ritmo de consumo, el petróleo existente en la Tierra podría agotarse en 40 años, señala un informe dado a conocer el día 13 por British Petroleum (BP), gigante petrolero del mundo.

Pero algunos expertos autorizados británicos reaccionaron rápidamente frente a esta declaración, diciendo que la producción mundial de petróleo llegará a la cima dentro de 4 años y, después, descenderá rápidamente y que la llegada de la “escasez de petróleo” será mucho antes que la estimación del gobierno y de las empresas petroleras.

El presidente del “Centro de Análisis de la Extinción Petrolera” de Gran Bretaña, Colin Campbell, sostuvo que aún cuando tomemos en cuenta el petróleo difícilmente extraído de mares profundos y de las zonas polares así como el petróleo líquido transformado de gas natural, el valor cresta de la producción de petróleo llegará en el año 2011. “En realidad es muy sencillo comprender la teoría del valor cresta,” acotó, “para los clientes de un bar, mientras más rápido toman, más pronto se acaba el licor?también es así el petróleo.” Campbell desempeñó cargos importantes en los gigantes petroleros mundiales como BP, Shell de Holanda y Exxon de Estados Unidos.

Chris Skrebowski, editor de la revista mensual “Petroleum Review”, también es partidario de la teoría del valor cresta de petróleo. Con respecto a las reservas petroleras actuales, indicó: “Aún tenemos capacidad suficiente para explotarlas en dos años y medio, y luego la situación va a empeorar.” El geólogo Jemremy Leggett también consideró que los empresarios petroleros y el gobierno están reacios a enfrentar la realidad del próximo agotamiento de petróleo, al igual que en un principio ellos no querían enfrentar la realidad del cambio climático global.

Sin embargo, Peter Davies, economista jefe de BP, no está de acuerdo con la deducción de que la producción de petróleo muy pronto bajará en grandes márgenes. Puntualizó: “Consideramos que no existe un absoluto valor cresta de petróleo. Cuando llegue el supuesto valor cresta de petróleo, muy probablemente venga como consecuencia del valor cresta del consumo de petróleo, el cual se debe a las políticas adoptadas por diversos países frente al cambio climático.”

Según se informó, el “Boletín Estadístico de Energía Mundial”, basado en datos de los informes oficiales, es la norma de cálculo de las reservas petroleras más ampliamente aplicada en el mundo. Pero el doctor Campbell dudó de la veracidad de ese boletín. Manifestó: “Si yo fuera patrón de la empresa petrolera, no diría en absoluto la verdad.”

Según cálculos de BP, la demanda de petróleo mundial en los últimos cinco años ha sobrepasado mucho la de la última mitad de la década 1990. En la actualidad, el consumo promedio mundial de petróleo es de 85 millones de barriles diarios. Conforme a un cálculo conservador de la Agencia Internacional de Energía, el nivel de consumo petrolero llegará en 2030 a 113 millones de barriles diarios. A juicio de los expertos, si la oferta de petróleo no alcanza la demanda, los precios de petróleo sobrepasarán los 100 dólares por barril y, en consecuencia, llegará una recesión económica a nivel mundial.

Popularity: 30%

Artículos relacionados

Get Adobe Flash playerPlugin by wpburn.com wordpress themes

Copyright © 2007 Economia y Sociedad. All rights reserved.
Register Login

Canonical URL by SEO No Duplicate WordPress Plugin




84 peticiones. 1.606 segundos.