Lo que de verdad hay detrás de la crisis económica en Grecia, y qué enseña políticamente sobre la actual Unión Europea

Recesión, UE 1 Comentario »

Leído 114 veces

Paul Bremer, el primer virrey norteamericano, impuso a un estragado Irak políticas económicas que el Economist calificó como un régimen “de capitalismo de ensueño”.  Difícilmente se halla una locución mejor para describir las medidas del plan de “estabilidad” sometidas por Grecia a la aprobación de la Comisión Europea, y aprobadas ayer. El plan contempla una reducción del déficit presupuestario griego, que pasaría del actual 12,7% del PIB al 2,8% en 2012, prometiendo, además, inmediatamente, un recorte del 10% en el presupuesto ministerial, una congelación de las contrataciones de funcionarios públicos, la abolición de distintos impuestos directos y un incremento de la fiscalidad indirecta. Y por si eso no bastara, el primer ministro socialista George Papandreu  anunció ayer, en un dramático discurso televisado a la nación, ulteriores medidas de austeridad sin precedentes, entre ellas, el aumento inmediato de los impuestos a los carburantes, el aumento de la edad de jubilación y recortes en la remuneración de los empleados públicos que significarán una disminución del 10% del salario para la mayoría de funcionarios del Estado, y del 40% en el caso de los académicos. Como en Gran Bretaña, las universidades reciben el primer golpe; la tan cacareada “economía del conocimiento” no es óbice para considerarlas un lujo de todo punto secundario.

Lea el resto de esta entrada »

Popularity: 2%

Artículos relacionados

UCLA’s Lee Ohanian: Hoover, Roosevelt and the Great Depression

Recesión No hay Comentarios »

Leído 123 veces

UCLA’s Lee Ohanian: Hoover, Roosevelt and the Great Depression – Watch more Videos at Vodpod.

Popularity: 1%

Artículos relacionados

Los economistas temen un nuevo colapso financiero global

Entidades Financieras, Recesión 2 Comentarios »

Leído 225 veces

Preocupación

Hay una certeza generalizada entre los especialistas: La no reactivación plena del consumo y la suba del desempleo (EEUU y Europa ya tocan una tasa récord) complica todas las variables de la (oficialmente anunciada) recuperación económica de las potencias centrales. A esto se agrega una duda extendida: Qué va a pasar con la industria y con los mercados financieros y bursátiles cuando se retiren los fondos de estímulos estatales.

Destacados economistas que se reunieron la semana pasada en Atlanta para la reunión anual de la Asociación Económica Estadounidense coincidieron en que un nuevo episodio (o recaída) de la crisis financiera puede volver a ocurrir en EEUU, según The Wall Street Journal el vocero más influyente del sistema financiero imperial.

Según el cónclave, la reacción de los gobiernos de EEUU y la UE  incrementó las posibilidades de una recaída al volver al sistema bancario más propenso a una crisis, imponer limitaciones a instituciones como la Reserva Federal y caer en grandes déficits fiscales.

La mayoría de los economistas anticipó un crecimiento moderado de la economía estadounidense en 2010, de casi 3%. La cifra supera  el desempeño de los dos años de crisis anteriores, pero eso no es suficiente para reducir el desempleo y el consumo a los niveles previos a la recesión.

En la visión de los especialistas reunidos en Atlanta, los bancos constituyen la preocupación más inmediata.

Al ofrecer enormes paquetes de rescate a bancos comerciales y firmas de valores, señalan varios economistas, los gobiernos les dieron una especie de seguro contra catástrofes y un incentivo para asumir riesgos aún mayores en el futuro.

Pero podrían pasar -según el Journal- años para que las autoridades impongan los controles, como requerimientos de capital más estrictos, que impedirían que los daños se contagien a los contribuyentes y a la economía en general la próxima vez que los bancos se metan en problemas.

“Nuestra respuesta nos ha hecho más vulnerables a una crisis mayor”, indicó Tom Sargent, economista de la Universidad de Nueva York. “Es perturbador”.

De acuerdo con los economistas reunidos en Atlanta, la  crisis no terminó para los bancos.

El mercado bursátil de EEUU podría enfrentar problemas en 2010 debido a que los billones de dólares en estímulos monetarios y gastos gubernamentales han comenzado a agotarse en la mayor economía del mundo, según los especialistas.

En este escenario  es probable que los bancos afronten pérdidas durante muchos años a medida que los embargos hipotecarios se acumulan y el mercado de bienes raíces comercial empeora.

“Si el gobierno de EE.UU. pudiera decir [a los bancos] de forma creíble: ‘nunca los volveremos a rescatar, [el sistema bancario] colapsaría”, indicó Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard.

Para acelerar la recuperación de los bancos, Brunnermeier, el economista de Princeton, cree que los gobiernos deberían colocar límites mucho más estrictos sobre los dividendos en efectivo y los pagos de bonificaciones, que agotan el capital que los bancos necesitan para absorber las pérdidas y seguir prestando.

Si los bancos realmente sienten que están asegurados, entonces tenemos una situación peligrosa“, afirmó Robert Hall, de la Universidad de Stanford, el presidente de la asociación reunida en Atlanta. “Los incentivos generarán una posición muy riesgosa. Si ganan se quedan con el dinero y si pierden es problema del gobierno”, aseguró.

“La principal historia de 2010 en EEUU podría ser la reacción de la economía cuando el gobierno retire el respirador artificial. El consenso es que el sector privado tomará la batuta, pero los riesgos negativos para la economía a medida que la ayuda federal desaparezca son significativos”, apunta el Journal.

El panorama para el 2010

La percepción generalizada entre los especialistas es que la debilidad de la demanda consumidora en EEUU y en Europa,  impulsada por el alto desempleo, el difícil acceso al crédito y el estancamiento (o reducción) de los salarios, es la principal amenaza a la sostenibilidad de una débil recuperación económica.

Lo que se puede percibir claramente es un fuerte contraste entre los anuncios de salida de la recesión por parte de la Reserva Federal y los bancos centrales europeos , y los datos oficiales que siguen mostrando tendencias negativas, o una recuperación débil, que no alcanza -según los especialistas- para una recuperación plena de la economía en variables claves como el consumo, el crédito y el empleo.

Las paquetes de estímulo y otros programas que han implementado para reactivar sus economías son increíblemente costosos y dejan tras de sí déficit fiscales que reducen y lentifican el crecimiento.

Si mantienen los planes de ayuda a empresas y bancos, en especial los programas de estímulo fiscal, corren el riesgo de impulsar la inflación, y si los retiran demasiado pronto, podrían descarrilar la recuperación, señalan los especialistas.

En diciembre pasado, el  Fondo Monetario Internacional pronosticó que los niveles de deuda del Grupo de los 20 países líderes industrializados y en desarrollo promediarán más de 100% del Producto Interno Bruto.

“Si los riesgos de una recaída se materializan y la recuperación flaquea, se necesitarán previsiblemente más medidas para apoyar la demanda por el lado fiscal”, explicó el FMI en su informe.

Mediante los estímulos estatales asignados al “rescate financiero”, Wall Street y las bolsas mundiales reciclaron una nueva “burbuja” especulativa, no ya con dinero  proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad) puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela.

La “fiesta” especulativa con la que Wall Street y las bolsas mundiales cerraron el año contrasta con la situación de postración que padece la economía estructural de EEUU y las potencias centrales que no consiguen despegar con lo que los especialistas llaman un “principio de crecimiento débil” que no alcanza para la reactivación del empleo y el consumo.

Pero esa fiesta especulativa de Wall Street y de las bolsas choca con la siguiente ecuación que se observa en la economía real de EEUU y las potencias centrales:

A) El déficit fiscal (caída de la recaudación)  impide la reactivación del gasto social por parte del Estado,

B) la contracción del crédito (destinado a la producción) impide la reactivación del consumo, y

D) el desempleo (despidos masivos por falta de ventas) produce el resultante conflictivo social de la no reactivación plena (pese a un crecimiento débil) de la economía.

El déficit presupuestario de EEUU alcanzó la cifra  récord de US$1,4 billones, según informó la Oficina de Presupuesto del Congreso estadounidense (CBO, por sus siglas en inglés).

Esto significa que el saldo en rojo de la administración pública estadounidense se triplicó con respecto al año anterior.

El déficit equivale así al 9,9% del Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense, una cifra que no se ha registrado desde 1945, según indica la CBO en su análisis mensual sobre el presupuesto.

Como su consecuencia más inmediata, tanto EEUU como los países centrales (donde se observa el mismo fenómeno) debieron endeudarse para solventar esos recursos con déficits en rojo que subieron por encima del 12 por ciento del Producto Bruto Interno.

Simultáneamente, la economía real de los  EEUU y de las potencias centrales continúan colapsando en todas sus variables, y una crisis social (con desempleo y pobreza creciente) asoma de la mano de los despidos y ajustes económicos masivos en Europa y EEUU.

En el 2010, la crisis social (consecuencia de la caída del consumo, los ajustes y los despidos laborales) ya se perfila como un emergente inmediato de la crisis recesiva- laboral que detonó escalonadamente como consecuencia de la crisis financiera que se extendió desde EEUU hacia Europa.

Las señales son claras: La crisis financiera que devino en recesión primero, amenaza con convertirse  (por el efecto combinado de la desocupación y del recorte del gasto público) en un colapso social de difícil pronóstico en EEUU y en la principales naciones de euro afectadas por la misma pandemia de desocupación y agravamiento de la pobreza entre los sectores más vulnerables.

Según sugiere en Nobel de Economía Paul Krugman, son los grandes bancos beneficiados por los rescates los que lanzan  pronósticos y versiones de “extremo optimismo” sobre una recuperación de la economía que la mayoría de los especialistas no avizoran que esté ocurriendo.

Esta falsa percepción -señala- se extiende a Obama y a su equipo económico que mantienen vínculos demasiado estrechos con Wall Street. “Obama no estaría viendo lo obvio; es decir, no entiende por dónde pasa la realidad y eso es demasiado grave”, apunta Krugman.

Joseph Stiglitz, por su lado, afirma que la crisis global no ha concluido: no ha finalizado la expulsión de mano de obra, el consumo sigue siendo débil (y se mantendría así por un buen tiempo), y si se mantiene el desempleo por encima de la tasa del 10 por ciento, habrá mayor morosidad. No se le ha puesto fin a la montaña de las deudas de las familias. Las causas que llevaron a la burbuja creada en los últimos años están presentes, resume el Nobel de Economía.

La mayoría  de los analistas (entre ellos Krugman y Stiglitz) coinciden en que un retiro de los billonarios subsidios estatales a las macro empresas y gigantes bancarios (que impulsan el actual récord del Dow Jones) va a producir una recaída de la crisis financiera.

Y una posible recaída de la crisis financiera en EEUU, a su vez, no solo terminaría con el ascenso bursátil sino que además llevaría a los capitales especulativos internacionales  a refugiarse nuevamente en el dólar y en los activos del Tesoro estadounidense, retroalimentando la “iliquidez” y agravando la crisis del crédito orientado a la producción y el consumo.

En suma, un círculo vicioso, que además de terminar nuevamente con la fiesta especulativa en Wall Street, podría arrastrar a la primera economía mundial (la locomotora de la economía global) a una recaída de la crisis económica con efectos letales de arrastre sobre el resto de las potencias centrales, emergentes y subdesarrolladas.

Fuente: IAR

Popularity: 2%

Artículos relacionados

La receta austriaca frente a la fantasía keynesiana

Globalización Económica, Neoliberalismo, Recesión No hay Comentarios »

Leído 1,116 veces

El debate se anima y eso es bueno para que podamos avanzar.

Dentro de lo malo, la debacle de la economía ha traido algo bueno con el debate que se ha desatado a la hora de intentar explicar y buscar soluciones a la crisis.

Ojala sepamos aprovecharlo!!!

-Autor del Blog-

La actual crisis ha revelado las raíces keynesianas de la economía convencional. El único debate ha sido el tipo y tamaño de los rescates y planes de estímulo. Por ejemplo, el premio Nobel Joseph Stiglitz de la Universidad de Columbia piensa que la nacionalización bancaria es preferible al plan de alivio de activos tóxicos de Geithner-Summers. La fantasía keynesiana es realmente una monomanía porque, en última instancia, consiste en la obsesión en una sola panacea, más gasto público. Entretanto, los austriacos defienden el conjunto de políticas contraria y han sostenido heroicamente su receta de la liquidación.

El elevado grado de unanimidad entre los economistas de la corriente principal (mainstream) a favor de los rescates y planes de estímulo se hizo evidente en la reciente convención de la American Economic Association. Además de esta unanimidad, los economistas convencionales se han convertido en más influyentes y poderosos que nunca. Por ejemplo, Paul Krugman, el premio Nobel en economía más reciente y columnista del New York Times, apoya los planes de estímulo para combatir la recesión.

No importa cuántos nuevos planes se ofrezcan, su única queja es que no es suficiente. El antiguo compañero de Krugman en la Universidad de Princeton, Ben Bernanke, a cargo ahora de la Reserva Federal, cree que si él puede arreglar los problemas de la economía financiera también puede evitar que los problemas se extiendan a la economía real.

Larry Summers, antiguo economista y presidente de la Universidad de Harvard es ahora el director del Consejo Económico Nacional del presidente Obama y, presumiblemente, el coordinador de los planes para atajar la crisis económica. Es interesante mencionar que Summers es el hijo de dos economistas académicos y es el sobrino de los premios Nobel, Paul Samuelson y Kenneth Arrow. También es considerado uno de los mentores del Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, quien trabajó bajo órdenes de Summers en el departamento del Tesoro durante la Administración Clinton.

La receta austriaca contra la crisis

Todo esto me sugiere que esta crisis es un “test de mercado” para los economistas mainstream. Nunca antes tantos economistas académicos han tenido un papel tan importante en la política económica del Gobierno federal. Si incluimos a los dos de fuera (del Gobierno), Stiglitz y Krugman, con los poderosos de dentro (del Gobierno), Bernanke y Summers, tenemos una buena muestra acerca de la economía convencional de elite.

Dado que el Congreso ha votado muy pocas de las muchas medidas adoptadas por la Administración para atajar la crisis, se supone que este equipo económico, incluyendo al secretario Geithner, es responsable del diseño de la mayoría de las respuestas a la crisis.

Sus respuestas equivalen a medidas keynesianas puras y duras. En el último trimestre de 2007, aplicaron los típicos recortes de tipos de interés de la Reserva Federal. Luego, en enero de 2008, el primero de los movimientos sin precedentes vino de Bernanke cuando la FED empezó a subastar activos en la ventana de descuento. Esto fue seguido por una respuesta sin precedentes detrás de otra, rescates, estímulos, y garantías gubernamentales, tales como incrementar la cobertura del seguro del FDIC [Fondo de Garantía de Depósitos] sobre depósitos bancarios y extenderla a fondos del mercado monetario. Todo esto equivale a billones de dólares de más gasto público.

Es decir, Obama no trajo ningún “cambio”, tan sólo incrementó la magnitud y velocidad de las políticas. Los rescates, planes de estímulo y garantías públicas deberían ser vistos como una especie de proteccionismo por la puerta de atrás. Washington está protegiendo a Wall Street; está protegiendo a los bancos; está protegiendo a las compañías de automóviles; y está protegiendo los empleos en general. Entre los gobiernos extranjeros ya se han suscitado preocupaciones sobre este perfil rescatador del Gobierno, de proteccionismo y posibilidad potencial de una guerra en el comercio global.

Por supuesto, si señalas este punto a cualquiera de los economistas de la elite en Washington se burlarían y negarían la culpa. ¿Por qué? Porque todos los economistas saben que el proteccionismo sólo agravará los problemas. La Ley Arancelaria Smoot-Hawley convirtió a la Gran Depresión en algo mucho peor, y este creciente proteccionismo puede provocar guerras comerciales.

La receta austriaca para la crisis económica es muy simple y requiere poca acción por parte del Gobierno. El enfoque keynesiano es una receta para el desastre. Aquí están los ingredientes pasivos de la receta Austriaca:

- Permitir la liquidación de empresas en quiebra y de su deuda: nada de rescates públicos.
- Permitir que caigan los precios: nada de inflación monetaria.
- No apoyar artificialmente al empleo: nada de estímulos económicos.
- No conceder avales públicos: nada de nacionalizaciones de las llamadas government-sponsored enterprises (GSEs) ni de expandir la cobertura del FDIC.
- No subvencionar el desempleo: nada de extender el subsidio de paro desempleo.
- No castigar o desincentivar el ahorro.

Esta receta producirá la recuperación más rápida posible y minimizará la magnitud del daño económico. El lado activo en términos de políticas austriacas consistiría en reducir el tamaño del gobierno, presupuesto, impuestos, y regulaciones.

Debería ser bastante obvio que los Austriacos y los economistas Keynesianos tienen opiniones totalmente contrarias acerca de cómo resolver la actual crisis económica. Para ver cómo podría resultar, echemos un vistazo hacia atrás a la historia económica americana.

¿El siguiente super ciclo?

Los economistas convencionales identifican los giros en el ciclo económico mediante los datos que aporta el National Bureau of Economic Research (NBER). Esta información parece sugerir que las contracciones se están haciendo más cortas en duración mientras que las expansiones son más largas. Sin embargo, hay muchos problemas significativos con los datos de los ciclos del NBER.

Un problema es que los datos del NBER oscurecen lo que denomino “super ciclos”, que no deberían ser confundidos con los ciclos de Kondratiev o las Olas de Elliot. El primero de estos super ciclos es la Era Progresiva, cuando se acometieron un conjunto de cambios radicales en la Constitución, el gobierno y la economía. Este super ciclo abarca los cinco ciclos desde 1907 a 1921. El segundo super ciclo fue la Gran Depresión desde 1929 pasando por la Segunda Guerra Mundial, y el tercer super ciclo fue la Gran Estanflación de los ‘70, que duró desde 1970 hasta 1982.

Otro problema consiste en cómo medir mejor la economía a lo largo del ciclo económico. El NBER tiene en cuenta muchos factores para calcular los picos, valles, y recesiones, pero en gran medida se resumen en el PIB. Un problema con este enfoque es que a lo largo del tiempo el gasto público ha aumentado notablemente en relación al sector privado.

El gasto del Gobierno federal es menos susceptible a recortes durante las recesiones, debido al poder del Ejeuctivo para incurrir en déficits presupuestarios, subir impuestos y generar inflación. Las grandes cantidades de gasto público gubernamental hacen que los ciclos más recientes parezcan menos importantes que los antiguos ciclos cuando se mide en términos de PIB.

Sin embargo, el gasto público no es comparable al privado, ya que su valor no depende directamente de los consumidores, y buena parte de él es realmente nocivo para la economía. El Gobierno podría pagar a la gente para que cavara hoyos y a otra gente para que los llenara, y así se incrementaría el PIB, pero nadie sostiene que ése sea el camino de la prosperidad.

Tratando de corregir este problema con lo aportado por Murray Rothbard y los cálculos de Robert Batemarco, encontramos que los tres super ciclos del siglo XX coincidieron con el ascenso de intervencionistas de diversos tipos: los progresistas (1907-1921), los defensores del New Deal (1929-1945) y los keynesianos (1970-1982).

En contraste, si miramos a las recesiones normales, donde el país no estaba en guerra, estaba bajo el patrón oro y donde la política keynesiana no era dominante, nos encontramos una historia muy diferente. Por ejemplo, las recesiones de 1953-54, 1957-58, y 1960-61 fueron cortas en duración, poco profundas y fueron seguidas por un crecimiento robusto.

En la actualidad, la burbuja inmobiliaria alcanzó su cumbre en julio de 2005. La inversión privada, un indicador fundamental de la economía, hizo lo propio en 2006. A medida que las condiciones adversas en la industria constructora se extendieron, la economía se dio un traspié a finales de 2006 y otra vez a finales de 2007, antes de caer en clara depresión en 2008. El tamaño y alcance de los remedios de las políticas keynesianas empleadas desde finales de 2007 no tiene precedentes. Con el resurgir de la economía keynesiana sólo podemos concluir que las precondiciones para un nuevo super ciclo ya están puestas, y que si las políticas no se revierten, nos enfrentaremos a muchos años de condiciones económicas depresivas.

Artículo elaborado por Mark Thornton y publicado originalmente en el Ludwig von Mises Institute.

*Tomado de Libertad Digital

Popularity: 25%

Artículos relacionados

Acople depresivo global (radicalización de la crisis)

Jorge Beinstein, Recesión No hay Comentarios »

Leído 555 veces

A comienzos de 2007 fue Alan Greenspan (por entonces ya había abandonado la presidencia de la Reserva Federal) quien dio el alerta acerca de la próxima llegada de la recesión en los Estados Unidos, la profecía se cumplió hacia el fin de ese año. Ahora ha sido Gordon Brown, primer ministro de Inglaterra el que ante la Cámara de los Comunes a comienzos de febrero de 2009, en plena recesión, anunció la llegada de la depresión global. Como era de esperarse la palabra maldita fue rápidamente desmentida oficialmente que la atribuyo a una “gaffe” (1), una expresión involuntaria de Brown, pero el tema quedo instalado precedido por un cierto número de comentarios y artículos de especialistas coincidentes con esa afirmación. Casi al mismo tiempo el presidente de Francia, Nicolás Sarkozi, califico a la crisis como “la peor desde hace un siglo” y en su conferencia de prensa del 9 de febrero Barak Obama coincidió con esas visiones “catastrofistas” (realistas).

2009 aparece como el-año-de-todos-los-peligros, es muy difícil pronosticar el ritmo de la crisis en curso sobre todo porque no tiene precedentes en la historia del capitalismo; su carácter sistémico, su pluralidad (económica, energética, militar, institucional, tecnológica, ambiental, ideológica) y las interrelaciones entre sus diversas componentes le confieren un comportamiento errático, casi (pero no totalmente) impredecible.

De todos modos un conjunto de indicadores nos están señalando que el acople recesivo global que se fue desarrollando durante 2008 está ahora ingresando en una nueva etapa caracterizada por grandes caídas productivas y aumentos de la desocupación en los países centrales y en la mayor parte de la periferia. Se trata de la instalación de un acople depresivo global avanzando ante la impotencia de los gobiernos de los países ricos que constatan como las lluvias de millones de millones de dólares, euros, etc., arrojados sobre sus mercados no consiguen frenar la avalancha.

Al igual que en el comienzo de la etapa anterior el motor de la crisis se encuentra en los Estados Unidos donde durante el último trimestre de 2008 y en el comienzo de 2009 aparecieron datos alarmantes anunciando la inminente llegada de la depresión.

En el cuatro trimestre de 2008 el Producto Bruto Interno promedio cayó a una tasa anual de 3,8% (si descontamos la acumulación de inventarios la caída supera el 5%), la producción industrial bajó 11 %, el consumo de bienes durables 22 %, el de bienes no durables 7 % y las exportaciones 22 %, las informaciones disponibles del primer mes de 2009 (consumo, desocupación, cotizaciones bursátiles, algunos sectores industriales decisivos como el del automóvil, etc.) indican que la tendencia recesiva se profundiza. A las caídas en la producción y el consumo se agrega el rápido aumento del ahorro personal, impulsado por el temor a la desocupación y a la pérdida de ingresos, que reducirá aún más el consumo lo que a su vez empujará hacia abajo a la producción industrial. A lo largo de 2008 se puso en marcha el clásico círculo vicioso recesivo donde el consumo, la producción y la inversión interactúan negativamente: la recesión provoca más y más recesión. Se ha producido un rápido empobrecimiento del grueso de la población, en algunos casos se trata de pérdidas de riquezas ilusorias como lo fue el aumento burbujeante de acciones y valores inmobiliarios que impulsaban el consumo de sus beneficiarios y en otros de pérdidas reales de empleos, salarios y viviendas.

Dos informaciones pueden ser útiles para evaluar la magnitud del desastre, la primera referida a la contracción de la riqueza provocada por el colapso financiero. La llamada riqueza neta de la población norteamericana (valor de las propiedades, acciones, etc., menos deudas) había descendido a comienzos de 2009 en unos 14 billones (millones de millones) de dólares corrientes respecto del valor promedio de 2007, cifra equivalente al Producto Bruto Interno de los Estados Unidos (2).

La segunda información nos ilustra sobre el impacto social de la crisis, la desocupación “oficial”, es decir la registrada de ese modo por el gobierno, creció gradualmente a lo largo de 2007 y se aceleró desde mediados de 2008, en octubre incluía a más de 10 millones de personas, en diciembre superaba 11 millones (7,2% de la población económicamente activa). Sin embargo esa cifra subestima el problema porque a los 11,1 millones de desocupados oficiales de diciembre de 2008 (3,6 millones más que en diciembre de 2007) es necesario agregar 2,6 millones de desocupados de “larga duración” (con 27 semanas o más sin empleo), ese sector aumento en 1,3 millones de personas durante 2008, por otra parte los trabajadores precarios llegaban a unos 8 millones (eran 4 millones 600 mil un año antes). Sumando desocupados oficiales. crónicos y trabajadores precarios se llega en diciembre de 2008 a casi 22 millones de personas, eran 13 millones 500 mil un año antes (3); se trata del salto al vacío de más de 8 millones de personas.

Bajar el documento completo:

http://economia.migueldearriba.net/wp-content/plugins/downloads-manager/img/icons/default.gif Enlace de Descarga: Acople depresivo global (70.5KB)
Añadido el: 06/05/2009
Clics: 402

Popularity: 24%

Artículos relacionados

Get Adobe Flash playerPlugin by wpburn.com wordpress themes

Copyright © 2007 Economia y Sociedad. All rights reserved.
Register Login

Canonical URL by SEO No Duplicate WordPress Plugin




98 peticiones. 1.930 segundos.