La criminalidad transnacional, otra cara abominable de la globalización

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El “asunto Clearstream” en Francia, es decir, el escándalo político de las falsas listas de beneficiarios de comisiones ocultas vinculadas a transacciones internacionales, ha llevado de nuevo al centro de la actualidad el problema de los paraísos fiscales y los oscuros derroteros del dinero ilícito.

Con el telón de fondo de la rivalidad entre el Primer Ministro, Dominique de Villepin, y su ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, para el liderazgo de la derecha francesa en la perspectiva de la campaña presidencial de 2007, el asunto Clearstream destapó las costumbres de la clase política francesa. Pero más allá de su aspecto francés, Clearstream extrae su nombre de la Cámara de compensación interbancaria de Luxemburgo acusada, con razón o sin ella, de ser una de las mayores empresas del mundo del blanqueo de dinero.

Según el Fondo Monetario Internacional, citado por el Diario Le Monde con fecha 23 de mayo de 2006, de 700 mil millones a 1,75 billones de euros circularían así entre los bancos, paraísos fiscales y centros financieros a pesar del endurecimiento de las leyes y el aumento de los controles. Es decir, la importancia de las cantidades que circulan y lo que supone en sí misma esa circulación.

Paraísos fiscales, zonas offshore (1), flujos monetarios, capitales errantes y presupuestos aberrantes. Estos términos inocentes evocan, en principio, la lenidad de la vida en una sociedad que se caracteriza por la abundancia financiera, la flexibilidad económica y la evasión fiscal. En realidad es la cara odiosa de la globalización, nuevo dogma de la libre empresa con su retahíla de desempleo, exclusión o corrupción; en una palabra, todos los ingredientes que gangrenan la vida política, minan los fundamentos de las grandes y pequeñas potencias y hacen correr el riesgo de corrupción a las grandes y viejas democracias.

El nuevo orden internacional tan celebrado desde el hundimiento del bloque comunista, es decir, desde la derrota del mundo bipolar a principios de los años 90, ha creado en contrapartida un sistema planetario articulado en torno a la criminalidad transnacional. Los comentaristas occidentales durante mucho tiempo se han mostrado discretos sobre este asunto, más prestos a denunciar el peligro islamista o el peligro amarillo, después de haber denunciado incansablemente el peligro rojo.

Pero si es sano denunciar los peligros exteriores, sería igualmente salubre denunciar también los propios peligros interiores: Tráfico de drogas y armas, prostitución, juego clandestino o extorsión constituyen las principales fuentes de capitales ilícitos; y esos distintos tráficos a veces tolerados, cuando no fomentados, por los estados, generan anualmente 1,5 billones de dólares, lo que representa el presupuesto de los 20 países de la Liga Árabe, de los que un tercio -500.000 millones de dólares- procedería solamente de la droga.

Un profesor universitario británico, Ronan Palan, jefe del departamento internacional de la Universidad de Sussex y autor de la obra “The Off-Shore World” (Cornell Press University, 2003) mantiene que los paraísos fiscales están implicados en todos los escándalos, ya que disponen de la facultad de “legalizar” el dinero procedente de actividades ilegales en la medida en que la vigilancia de los capitales que transitan por las zonas offshore es muy difícil.

La explosión del número de paraísos fiscales aguzó la competencia hasta el punto de que incluso la City de Londres, a pesar de su reconocido rigor, no se ha librado de manipulaciones dudosas. Primer centro financiero europeo, Londres cuenta con cerca de 800 bancos. Las autoridades financieras, en particular el Financial Service Authority (FSA) tuvieron que congelar cuentas bancarias por un total de un 1.000 millones de dólares robados en la caja del banco central de Kenia bajo la presidencia de Daniel Arap Moi (1978-2002), así como las cuentas secretas del dictador chileno Augusto Pinochet.

Para desmarcarse, los paraísos fiscales pretenden especializarse ofreciendo una gama de servicios. Por ejemplo, Guernsey (unas islas británicas) se lanzó al mundo de los seguros, Costa Rica a los casinos en la Red o las Bermudas al comercio online. Los partidarios de la economía liberal justifican su existencia por el hecho de que su presencia obliga a los centros financieros tradicionales a no dormirse en los laureles y señalan que conviene distinguir entre la evasión fiscal -un delito- y la optimización fiscal, que constituye a sus ojos un procedimiento legal destinado a rebajar los impuestos.

1) El origen está en la mafia

Curiosamente el origen de la proliferación de los paraísos fiscales se encuentra en la mafia.

La mafia funciona a una sola escala, la del planeta. La mafia de la droga se extiende por todas partes: China, Japón, Estados Unidos, Sudamérica, zona Caribe-Pacífico, Rusia y Europa del Este, sin hablar del Sudeste asiático, Oriente Medio y África. Para adaptarse a la globalización de la economía, las organizaciones mafiosas han creado redes internacionales apoyadas por las tecnologías más modernas (Internet, teléfono móvil) que escapan a cualquier interceptación.

Según un estudio del FBI estadounidense, el cártel colombiano de la droga habría realizado en 1995 un volumen de negocios estimado en 67.000 millones de dólares, o sea más del doble del presupuesto de la Interpol (30.000 millones de dólares), que emplea a varios centenares de agentes. Se contrata a los mejores expertos en informática para hacer prosperar el negocio del blanqueo y las grandes confederaciones mafiosas (americana, siciliana, turca, rusa, yakuza japonesa y tríada china) se habrían constituido en una multinacional que compartiría países y productos, servicios y mercados.

A semejanza de la droga, el dinero sucio procedente del tráfico ilegal pasa a ser para los bancos e instituciones financieras que se prestan a operaciones de blanqueo una adicción que tiene los mismos efectos que los estupefacientes sobre los individuos.

A través de un circuito complejo y arriesgado, el dinero negro transita por una multitud de sociedades pantalla esparcidas a lo largo de los paraísos fiscales del planeta antes de rehabilitarse en los respetables bancos de los grandes centros financieros internacionales. Su detección es difícil. El único verdadero detector, a escala planetaria, es la balanza mundial de pagos.

Normalmente en los intercambios mundiales, cuando un país es deficitario, otro se vuelve excedentario, pero la inyección masiva de capitales ilícitos ha desequilibrado fuertemente los intercambios a escala mundial. Desde 1982 el boquete en los intercambios mundiales se estima en 100.000 millones de dólares anualmente. En 17 años ascendió a 7 billones de dólares.

Los poseedores de estos oscuros capitales son un revoltijo de servicios especiales, guerrillas del tercer mundo, mafias, traficantes de armas y estupefacientes, estados bajo embargo y bancos corruptos, incluidas compañías respetables y estados occidentales siempre listos para hablar del Derecho y predicar la moral. Esta importante masa financiera clandestina aprovecha las crisis coyunturales de la economía mundial –el crack de la bolsa de Nueva York de 1986, la quiebra inmobiliaria europea de principios de los noventa o la tormenta bursátil de los mercados asiáticos de 1997- para insinuarse en los engranajes de las finanzas internacionales. Esto crea el peligro de gangrenar a largo plazo la economía mundial, como lo demuestra el aumento del número de países con presupuestos aberrantes o la fuerza de los “países NEO”.

2) Países NEO (Net Errors and omisions)

Situados generalmente cerca de las zonas del narcotráfico mundial, se llama así a los países NEO porque disponen en su balanza de pagos de un epígrafe NEO (Net Errors and omisions) que gracias a una astucia contable permite, con el pretexto de errores estadísticos derivados de desórdenes administrativos, disimular la grave disfunción de su comercio exterior, que procede del tránsito del capital blanqueado.

El procedimiento del blanqueo debe su nombre a una técnica ideada por un mafioso de Chicago de los años 20 deseoso de librarse del dinero acumulado por la venta clandestina de alcohol en la época de la “ley seca”. En un arrebato de inspiración puso en práctica una idea sugerida por la mafia local comprando una cadena de lavanderías donde se paga en efectivo.

Lo único que tenía que hacer al final de cada jornada de trabajo era añadir dinero sucio a las ganancias del día y depositar todo ello en el banco, poniendo buen cuidado en declarar al fisco la totalidad del ingreso, incluyendo así el dinero blanqueado. Más tarde, en los años 50-60 las mafias, previendo las modificaciones del mercado del consumo, recurrieron a las cadenas de comida rápida como las pizzerias para blanquear el dinero sucio, dando así nacimiento a la “Pizza-conenection”. Estas técnicas a estas alturas parecen irrisorias.

La época del blanqueo de dinero en lavanderías y pizzerias hoy está relegada a la prehistoria del blanqueo.

Actualmente las sumas en cuestión son enormes y para su blanqueo requieren técnicas sofisticadas, lo que ha dado nacimiento a un nuevo oficio “el financiero-criminal”, es decir, un ingeniero financiero que despliega sus conocimientos en actividades de naturaleza criminal. El blanqueador recibe una comisión de aproximadamente el 8% de la suma que transita por las transferencias electrónicas, mientras que el contrabandista que cruza fronteras con maletines de dinero sólo obtiene el 5%. Por ejemplo las SWIFF (sociedades de telecomunicaciones financieras interbancarias mundiales) y las CHIPS (cámaras de compensación de los sistemas de pago interbancarios) manejan diariamente cerca de un billón de dólares.

La identificación, tanto del donante inicial como del beneficiario final, se vuelve más difícil en cuanto que el “reciclador”, mediante una comisión sustancial en cada fase de la operación, puede pasear el dinero de cuentas offshore a sociedades pantalla, hasta que encuentra un refugio decente al capital. Así un capital ilegal depositado en las islas Caimán puede, después de un rodeo por Hong Kong y Singapur, encontrarse en Luxemburgo para ser invertido a continuación en la inmobiliaria de lujo parisina. Aunque gana mucho, el reciclador está obligado a obtener resultados. Responde con su vida del éxito de la operación de blanqueo. En realidad responde con su vida… durante el resto de su vida.

Por evidentes e imperiosos motivos de seguridad, la mafia no puede tolerar a los amateurs o charlatanes y prefiere limitar sus riesgos al máximo. Cualquiera que participe en una operación de blanqueo se convierte en un rehén para toda la vida. Si se le permite, con permiso de sus patronos, reconvertirse a otras actividades, su puerto de anclaje sigue siendo su actividad inicial: La validación de un dinero de origen indecente. Cautivo dorado, pero cautivo. Además de la transferencia electrónica de capitales, que es la estrella del blanqueo, existen otras técnicas diversas vinculadas al juego, a las transacciones de metales preciosos, así como a la transferencia por “stroumpfage”:

El juego: El dinero negro se invierte en casinos con la compra de fichas de juego que luego se reconvierten en cheques, ésta es la técnica de las “fichas falsificadas”.

La compra de joyas y oro en zonas offshore: El producto de la reventa del metal precioso se deposita con toda legalidad en una cuenta del banco.

La transferencia por “stroumpfage”: Una multitud de pequeños contrabandistas de fronteras (smurfs en inglés estadounidense) compran en los bancos cheques de viaje o divisas. En Estados Unidos, cualquier persona puede retirar hasta 10.000 dólares en líquido. Una vez en el extranjero, los contrabandistas almacenan el efectivo o los cheques de viaje en una cuenta bancaria legal.

En 1993 en Nueva York el FBI, intrigado por un flujo anormal de envíos desde la oficina local de correos, ordenó una investigación. El descubrimiento fue impresionante: los cárteles colombianos, recurriendo a “hormigas” (2) procedieron, durante casi un año, a hacer transferencias a cuentas ubicadas en Panamá por un importe global diario del orden de 100.000 dólares realizado por medio de modestos envíos cuyo valor para cada operación no excedía de 1.000 dólares.

Desde Panamá los fondos recogidos se reenviaban a una sucursal bancaria de Hong Kong. La operación permitió el blanqueo de 198 millones de dólares en menos de un año. La distribución de los fondos entre los distintos mafiosos beneficiarios se hacía gracias los signos distintivos registrados en el dorso del giro postal que permitían la localización de cada envío y su pertenencia.

Otra estratagema de legalización del dinero ilícito: La creación de una sociedad pantalla cuyo objeto es recoger fondos y “donativos de caridad” para falsas congregaciones religiosas.

Frente a tanta “pasta” la imaginación se pone al máximo rendimiento y los métodos a veces son rocambolescos, como los utilizados por un traficante de cannabis paquistaní que no vaciló en ocultar 35 millones de dólares en efectivo en máquinas de desalación de agua de mar, especialmente preparadas para el contrabando, encargadas en Australia para exportarlas a Singapur.

No obstante, ante la enormidad de las sumas en juego, la mafia no dudó a veces en tomar el control total de un banco para convertirlo en una fábrica de blanqueo de dinero.

El inventor del “banco pirata” es José Antonio Fernández, gran importador de marihuana colombiana a Estados Unidos en los años setenta. A través de toda una serie de sociedades pantalla, Fernández consiguió tomar el control de la “Sunshine State Bank” de Florida, transformándola en una blanqueadora gigante durante una decena de años, hasta que lo detuvieron en 1984.

Entre otros ejemplos famosos de banco pirata se puede citar el del BCCI (Banco de crédito y Comercio Internacional), propiedad de los emiratos árabes, que quebró a finales de los años 80 por su conexión, real o supuesta, con el dinero de la droga.

Otro ejemplo es el del “Great American Bank” en Estados Unidos bajo control colombiano en 1984, momento de su desmantelamiento, así como el “Banco para el desarrollo de de Poznam” (Polonia), que transfirió a Alemania en 1992 cerca de 150 millones de dólares resultantes de los fondos errantes de Hong Kong.

El proceso del blanqueo se desarrolla en tres etapas: Colocación, recopilación e integración

Colocación (o prelavado): La operación consiste en colocar las importantes cantidades de dinero conseguidas de manera ilegal en el eslabón más simple de la cadena: la economía al por menor (compra de divisas por agentes de cambio, casinos, geriátricos) y transferencias de modestas remesas de pequeños contrabandistas (schtroumpfage).

Recopilación (o lavado): Esta operación consiste en borrar cualquier rastro de los orígenes criminales del dinero multiplicando las transferencias de cuenta a cuenta o las transacciones financieras, en particular por medio del “préstamo simulado”. Este procedimiento consiste en obtener un préstamo para una inversión garantizado por el importe de la cuenta numerada establecida en el mismo banco por el prestatario. El importe del préstamo corresponde al del depósito y los intereses a pagar idénticos a los percibidos sobre la cuenta numerada.

Integración (o reciclaje): Es el último paso, que confiere una apariencia de legalidad a las rentas de origen criminal que se invierten en circuitos económicos oficiales: inmobiliarias, turismo, finanzas. Así el capital ilícito sale de Nueva York a través de pequeños portadores, en primer lugar hace un alto en uno de los paraísos fiscales de los microestados de la región Pacífico-Caribe, se transfiere a los grandes centros financieros asiáticos para emprender un principio de respetabilidad, (Hong Kong, Singapur) y termina en los grandes centros financieros occidentales (Suiza, Luxemburgo).

En esta fase el poseedor del capital reclama en París o Londres un “préstamo adosado” (Loan back), es decir, un préstamo garantizado por un depósito bancario en Luxemburgo, invirtiendo así de forma totalmente legal en bienes inmuebles, hostelería, restauración, Bolsa, etcétera y añadiendo un plus de honorabilidad y existencia en el mundo.

Ante la amplitud del fenómeno los siete países más industrializados, el G7, fundó en julio de 1989, fecha del aniversario de la Revolución Francesa, el “Grupo de acción financiera internacional” (GAFI) contra el blanqueo de capitales. Instrumento de estudio y peritaje, el GAFI se encarga de seguir la evolución de las técnicas de reciclaje del dinero sucio y comprobar la aplicación de las medidas de lucha contra el blanqueo. En 2005, el “Tracfin” organismo encargado de perseguir las cuentas dudosas, estudió más de diez mil “declaraciones sospechosas” señaladas como dudosas, pero sólo se trasladaron 347 expedientes a la justicia.

Entre los otros organismos internacionales destacan el “Programa de las Naciones Unidas para el control internacional de la droga” (PNUCID), el “Órgano internacional de control de los estupefacientes” (OICS) y finalmente la Interpol, que dispone de un servicio especializado de lucha contra el blanqueo del dinero de la droga. Aunque la comunidad internacional ha tomado conciencia de la amplitud del delito, la lucha contra la proliferación de capitales ilícitos sigue siendo rudimentaria.

Según el Gafi, apenas se confiscó el 0,5% de los 4,4 billones de dólares de beneficios conseguidos entre 1982 y 1992 por el tráfico de drogas. El mal es profundo y la contaminación amplia.

Una treintena de países aparecen contaminados por los narcodólares, de ellos trece en América Latina (Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, Haití, México, Panamá, Paraguay, Perú, El Salvador y Venezuela), cuatro en Asia (Birmania, Pakistán, Tailandia y Camboya), ocho en el antiguo bloque soviético (Polonia, Bulgaria, Rusia y las Repúblicas musulmanas de Asia Central), tres en Oriente Medio (Turquía, Siria, Líbano) y dos en África (Nigeria y Guinea).

Los países occidentales también están contaminados por el dinero sucio, a la cabeza, naturalmente, Estados Unidos, dividido desde el tiempo de la prohibición en los años 20, entre grandes familias mafiosas. En Italia, cuna de la mafia, se desencadenó una gran operación de lucha contra la corrupción, bautizada como “Manos limpias”, que hizo tambalear los fundamentos de la República; la comisión parlamentaria antimafia consideró que los narcodólares representaban el 15% de las sumas colocadas en la Bolsa de Italia, mientras que en Alemania, la “Pizza connection” habría permitido blanquear entre 2 y 5.000 millones de dólares.

En Francia, un escandaloso informe del Centro de Análisis y Prevención del ministerio de Asuntos Exteriores implica a empresas petroleras y a militares franceses en el tráfico. “El África subsahariana francófona sigue siendo una puerta de entrada al sistema financiero internacional. Las compañías petroleras participan en la opacidad del negocio del oro y son partes involucradas en el proyecto de zona franca de Sao-Tomé, que según todos los indicios será un eslabón importante en la criminalización de los intercambios comerciales y financieros. El ejército está implicado en el consumo o tráfico de estupefacientes (el Chad, Yibuti) y en el fraude del diamante (República Centroafricana)”, decía un informe del 29 de junio de 1995 y cuyos extractos se han publicado en el semanario satírico “Le Canard Enchaîné”.

De los 57 paraísos fiscales o aberrantes países NEO contabilizados en el mundo, 38 enclaves presentan la característica singular de no disponer, o no tener que facilitar los datos calculados sobre sus depósitos bancarios extranjeros. Entre estos enclaves están Aruba, antigua dependencia neerlandesa del Caribe hasta 1996, y la isla malasia de Labuan en el Pacífico, que alberga 21 bancos y 11 “trust companies”.

En Europa el Principado de Liechtenstein, puerto de 40.000 compañías offshore, tampoco dispone de datos sobre depósitos bancarios extranjeros. A este respecto es objeto de una atención calificada de “prioridad elevada” por la Oficina de Narcóticos del Departamento de Estado de EEUU.

Chipre, por su parte, desde el hundimiento del antiguo bloque soviético pasó a ser un puerto del capital ruso, seguramente debido a las afinidades socioculturales entre estos dos países ortodoxos. En un expediente especial dedicado a las “Mafias del Mundo”, el semanario francés l’Express indica que el Banco Central de Nicosia autorizó, en 1992, la creación de 2.892 sociedades offshore, de las que el 53,5% pertenece a hombres de negocios de Europa del Este, con lo que quintuplicó en un año el número de estas sociedades de régimen fiscal especial. Más de 10.000 rusos consideran la parte griega de la isla como su segunda patria y han llenado la villa portuaria de Limassol de restaurantes rusos e incluso han asegurado la edición de dos periódicos en lengua rusa.

Uno de los últimos paraísos fiscales surgido, que además pretende ser el más potente, es Las Seychelles. El gobierno de esta isla del océano Índico adoptó, en noviembre de 1995, el “Seychelles economic development act”, que concede la inmunidad a los inversores extranjeros contra toda persecución criminal y una protección total contra cualquier medida de decomiso de sus bienes, a menos que los actos de violencia o el tráfico de drogas se hayan cometido en el territorio de Seychelles. El importe inicial de la inversión que permitía beneficiarse de tal protección se fijó en 10 millones de dólares.

Nauru: Este estado de la Micronesia (Pacífico), de 21 km2 para diez mil habitantes, es la república más pequeña del mundo. 400 bancos y sociedades offshore están registrados en una sola empresa, la NAC (Nauru Agency Corporation) por donde, según el banco central de Rusia, transitaron en 1999 más 80.000 millones de dólares.

3) La nebulosa de la mafia

“Mafiosos de todos los países, uníos”, podría ser la consigna de las organizaciones criminales transnacionales (OCT) desde la caída del comunismo en 1990 y la universalización de la economía de mercado, lo que acarreó como consecuencia el progreso de la cooperación intermafiosa a los dos lados del telón de acero y un zafarrancho de combate en los grandes servicios occidentales, FBI, Scotland Yard y el BKA (policía criminal federal alemana con la sede en Wiesbaden) destinados a combatir esta nueva “internacional del crimen”.

La primera cumbre inter-mafia Este-Oeste se celebró apenas un año después del hundimiento del bloque soviético, en marzo de 1991 en Varsovia, entre representantes de la “Cosa Nostra” (mafia italoamericana) y los dirigentes de los grupos criminales de la antigua Unión Soviética. La segunda fue en 1992 en Praga.

Empresas de envergadura planetaria, que disponen de medios superiores a muchos estados del tercer mundo, las mafias son sociedades criminales de reclutamiento iniciático concebidas para ser prácticamente indestructibles. Manejan decenas de miles de millones de dólares al año y amenazan gravemente los flujos financieros legales. Raymond Kendall, secretario general de la Interpol, admitió en abril de 1994 que en el fichero de 250.000 grandes malhechores administrado por este organismo, 200.000 estaban vinculados al narcotráfico.

Ocho grandes confederaciones mafiosas u organizaciones criminales transnacionales (OCT) extienden sus tentáculos sobre el conjunto del planeta y no descuidan ningún sector de actividad.

Desde el principio de la década de 1990 la mafia internacional, preocupada por diversificar sus actividades, invirtió en masa en Europa del Este rescatando hoteles de lujo y empresas privatizadas. En contrapartida la mafia rusa se lanzó a la conquista del Oeste, en una especie de división internacional del trabajo criminal. Con el lanzamiento de un puente hacia Japón vía la isla de Hokkaido y hacia los enclaves de Hong Kong y Macao, firmemente establecida en Alemania, especialmente en Hamburgo y Frankfurt, desde entonces le pisa los talones a la mafia italoamericana de Brooklyn (EEUU).

De los 200.000 inmigrantes rusos que llegaron a Estados Unidos desde los años 70, más de 50.000 se establecieron en Brooklyn. Entre ellos, según los cálculos del FBI, cerca de 2.000 trabajan regularmente para las 29 bandas que operan en el barrio. Desde 1995 el FBI investiga, por otra parte, 35 “asuntos” relativos a los rusos en el territorio estadounidense.

1) Estados Unidos: Emanadas de la Cosa Nostra italiana, 25 familias mafiosas se reparten el territorio estadounidense con sólidos anclajes en Chicago, Nueva Inglaterra, Florida y las ciudades de juego Las Vegas y Atlantic City. Cinco familias se reparten Nueva York desde 1931, la más poderosa es la familia de los Genoveses seguida por Gambino, Colombo, Lucchese y Bonano. La mafia italoamericana de Estados Unidos está especializada en el tráfico de estupefacientes, chantaje a sectores industriales como el del tratamiento de basuras de Nueva York, juego ilegal, pirateo de licitaciones, préstamos a tipos de usura, etcétera.

2) Rusia: Un centenar de formaciones permanentes que agrupan cerca de 200.000 combatientes repartidos en 150 regimientos dirigidos por setecientos jefes y cuadros, disponen de importantes conexiones internacionales especialmente en Alemania y en los países del antiguo bloque soviético. El grupo del Cáucaso -armenios, azeríes, daguestaníes, georgianos y chechenos- está considerado generalmente como uno de los más eficaces, en particular en el mercado negro, saqueo de los depósitos de estado, tráfico de armas (Cáucaso, antigua Yugoslavia, Argelia) y tráfico de estupefacientes.

3) Japón: 60.000 yakuzas, miembros de una organización mafiosa se inician en 3.500 clanes agrupados en grandes confederaciones criminales. Las más importantes son Yamaguchi Gumi, Inagawa Kai y Sumiyoshi Kai, que agrupan dos tercios de los clanes. Firmemente implantada en Corea del Sur, Australia y Estados Unidos, especialmente en Hawai, en la costa occidental de Estados Unidos, la mafia japonesa actúa en el ámbito del tráfico de anfetaminas, extorsión de empresas, pirateo de los mercados públicos, contrabando de armas y juego ilegal.

4) México: Seis grandes cárteles (Culiacan, Guadalajara, Juárez, Matamoros, Sonora y Tijuana) declaran un centenar de bandas criminales que explotan los 3.200 kilómetros de frontera con Estados Unidos. Bien instalados en el aparato administrativo político mexicano, los cárteles de este país son especialistas en la trata masiva de emigrantes chinos clandestinos en conexión con las tríadas, así como en el tráfico hacia Estados Unidos de estupefacientes de producción local (marihuana) o importados de Colombia (cocaína).

5) Colombia: Dos grandes cárteles (Medellín y Cali, articulados en una organización piramidal que incluye mil directivos respaldados por 25.000 grupos criminales de base, controlan el 75% de la producción mundial de cocaína, con ramificaciones en todos los segmentos de producción y en cada etapa de comercialización: con grupos especializados en la agricultura, química, transporte intercontinental y venta al por mayor, el cártel asegura en la cumbre la coordinación, transmisión de la información y protección general del conjunto.

6) Italia: La mafia italiana cuenta con cuatro grandes confederaciones mafiosas que disponen globalmente de unos 110.000 miembros que garantizan su presencia en 42 países. La distribución de las zonas de implantación se establece del siguiente modo: La Cosa Nostra, en Sicilia, dispone de 40.000 a 50.000 personas reunidas en torno a 130 familias reclutadas según criterios biológicos; la Camorra, en la región de Nápoles, cuenta con 110 familias y cerca de 10.000 miembros; Ndragheta (Calabria) 150 familias, 5.500 cuadros y reclutas; y finalmente la Sacra Corona Unita (Apulia) con 32 familias y 2.500 miembros.

7) Turquía: Una decena de grandes clanes kurdo-turcos (Ayanoglou, Baybasin, Cakili, Heybeti, Karaduman, Ulucan) dirigidos por poderosos padrinos y que se benefician de sólidos apoyos políticos, suministran un intenso tráfico de heroína entre Asia Central y Europa. Presentándose como armadores, herederos de la actividad de contrabando floreciente bajo el Imperio Otomano, la mafia turca está sólidamente implantada en Europa (Alemania, España, Países Bajos y Suiza). Sus actividades principales son el contrabando de material electrónico y vídeo, falsificación de documentos oficiales, piratería de mercados públicos, prostitución y extorsión.

8) Los chinos y sus famosas seis grandes tríadas constituyen sin ninguna duda la primera organización criminal del mundo con más de 100.000 iniciados. Tienen establecidas tres tríadas en Hong Kong (Sun Yee On, 14 K y Federación WO), dos en Taiwán (Bambú Unido y Banda de los 4 mares) y una en China (El Gran círculo).

Sun Yee On, que se fundó en 1919 en Cantón, es la primera banda del mundo y cuenta con 60.000 miembros. Fundada en 1947, también en Cantón, para apoyar al Kuomintang (Partido nacionalista chino, N. de T.) replegado en 1949 en Hong Kong ante el avance comunista, 14 K cuenta con 24.000 miembros.

La Federación WO, creada en 1908, dispone de 29.000 miembros divididos en 10 clanes y reina en el oeste de Hong Kong. Bambú Unido, en Taiwán, cuenta con 20.000 miembros distribuidos en 13 clanes y se fundó en 1956 por un grupo de criminales expulsados de Hong Kong, mientras que la Banda de los 4 Mares sólo agrupa a 5.000 miembros. El Gran Círculo se fundó en China por antiguos guardias rojos; no se sabe de cuanto personal dispone ni la fecha de su fundación. Tráfico de estupefacientes y armas, tráfico de emigrantes clandestinos chinos, vehículos robados, piratería de audio y vídeo, juego ilegal, extorsión, usura, prostitución y pornografía constituyen la gama de sus actividades que se extienden al conjunto de la zona Asia-Pacífico además de Australia, con sólidas redes en América del Norte e infiltraciones en Europa.

4) – El Hit parade de los paraísos fiscales

Las zonas francas y paraísos fiscales constituyen poderosos lugares de tráfico, transformación y redistribución de las riquezas. Basándose esencialmente en la “derogación”, una liberalización de las dificultades destinada a impulsar la economía mundial, constituyen por excelencia el “antimundo”, es decir, espacios si no fuera de la ley, al menos fuera de la ley común, la otra cara del sistema pero parte integrante del engranaje mundial.

Estos centros financieros offshore disfrutan de escasa fiscalidad, secreto bancario absoluto, conservación del anonimato de los propietarios de las sociedades y una cooperación fiscal y judicial reducida, o incluso casi inexistente, con los demás países.

Cerca de cinco billones de dólares, o sea la mitad de los activos financieros transfronterizos, estarían ubicados en estos centros offshore que constituyen verdaderos “agujeros negros” de las finanzas internacionales y cuyo papel fue muy importante en la aceleración de la crisis asiática en 1997 y un año más tarde en la transmisión de la crisis rusa a América Latina. Con el fin de mejorar la “rastreabilidad” de los flujos financieros y evitar el contagio de las crisis, desde 1999 el “Foro de estabilidad financiera”, emanación del G7 que agrupa a los países más industrializados, junto con el Banco de Reglamentos Internacionales, en Basilea, se encarga de vigilar estos paraísos.

La distribución de los paraísos fiscales no es nada aleatoria. La mayoría están situados en un gran cinturón que rodea el mundo desde Centroamérica y el Caribe pasando por el Mediterráneo, el Oriente Medio y el sur y suroeste de Asia, es decir, las principales vías marítimas de los tráficos y estrategias mundiales, en el punto de unión de los océanos y los continentes.

Los otros grandes conjuntos están situados cerca de los “centros” que controlan y se disputan esas vías de paso, por ejemplo Tánger para la zona Europa-Mediterráneo y el estrecho de Gibraltar, Guernsey y la Isla de Man para el canal de la Mancha y el océano Atlántico.

La existencia de paraísos fiscales es en cierto modo una incitación al “incivismo” en la medida en que la propia idea que presidió su creación es la finalidad de librar a los poseedores de capitales de las dificultades, controles y exacciones del país de origen.

Uno de los aspectos más llamativos de los paraísos fiscales es sin duda el registro offshore de los buques –“pavillon de complaisance” (cuando un barco está registrado en un país diferente al de su dueño por razones de conveniencia, N. de T.)- o empresas. Así, Liberia detenta la primera flota del mundo y la región Pacífico-Caribe ofrece el espectáculo de un inmenso aparcamiento para cerca 90.000 sociedades offshore. Pero la palma se la lleva Hong Kong, antiguo enclave británico y nuevo pulmón económico de China.

Hong Kong devuelta a China desde julio de 1997, se coloca en la cabeza de la clasificación en la importancia de los depósitos bancarios extranjeros (427.700 millones de dólares) recogidos por 500 bancos extranjeros.

Las Islas Caimán, territorio caribeño bajo dependencia británica, llegan a la segunda posición con depósitos de aproximadamente 388.600 millones de dólares en 544 bancos, 70 fondos financieros y 30.000 compañías offshore.

Luxemburgo, principado de Europa, se sitúa en tercera posición con depósitos de 360.400 millones de dólares en 221 bancos y 1.800 fondos financieros.

Suiza está en la cuarta posición con depósitos de 330.200 millones de dólares en 600 bancos particulares. A la defensiva desde el asunto del oro nazi y las “herencias vacantes” (cuando el estado se arroga los bienes de las personas que mueren sin herederos o éstos no pueden demostrar legalmente su condición de tales, N. de T.) judías, Suiza sigue siendo intransigente en cuanto al secreto bancario, base de la prosperidad helvética. Sin embargo dio prueba de flexibilidad con la firma, en 1997, de un tratado de ayuda judicial mutua con Estados Unidos. Además en 1998 instituyó una ley sobre el blanqueo que obliga a los bancos suizos a señalar cualquier acción sospechosa y un convenio de vigilancia que obliga a las entidades a verificar la identidad de sus clientes. Según un estudio de la universidad de Basilea, los bancos suizos administran alrededor del 35% de los activos privados mundiales, la plaza financiera genera más de cien mil empleos y garantiza cerca del 11% del producto interior bruto de la Confederación. (Le Monde, 23 de agosto de 2000).

Singapur (Asia), en quinta posición, con 119 sucursales de bancos internacionales y 76 bancos de inversión, y

Las Bahamas, en la sexta posición con 172.000 millones de dólares, 404 bancos con 180 sucursales y 16.200 compañías offshore.

Las cinco estrellas del hit parade (Hong Kong, Islas Caimán, Luxemburgo, Suiza y Singapur) son objeto por parte de la justicia estadounidense de una “alta prioridad” en la vigilancia de sus actividades, mientras que la sexta, Las Bahamas, goza de una atención “media”.

La región del Caribe es un puerto para capitales errantes, entre los entresijos de los microestados de la zona se desliza una proliferación cancerosa en los intersticios de las grandes potencias.

Tres de las microposesiones inglesas del Pacífico albergan ellas solas 59.200 compañías offshore, 16 bancos y 182 filiales de sociedades aseguradoras: Anguilla (4.200 compañías offshore), Barbados (16 bancos y 182 filiales aseguradoras), las Islas Vírgenes británicas (55.000 compañías offshore). En cuanto a la república más pequeña del mundo, Nauru (estado de Micronesia en el pacífico, de 21 km2 para diez mil habitantes), tiene registrados 400 bancos y sociedades offshore en una sola empresa, NAC (Nauru Agency Corporation) por donde, según el banco central de Rusia, circularon en 1999 más de 80.000 millones de dólares, el mayor rendimiento mundial por metro cuadrado.

Curiosamente presentan la doble particularidad de figurar en la lista de estados DND (donantes no disponibles, N. de T.), es decir estados que no disponen de indicaciones -o no están obligados a darlas- del importe de los depósitos bancarios de origen extranjero, y de gozar al mismo tiempo de una prioridad “débil” por parte de la administración estadounidense.

La delicadeza estadounidense podría explicarse por el hecho que estas islas caribeñas están bajo la dependencia de sus aliados ingleses. El mismo régimen se aplica a las posesiones insulares inglesas de la zona Europa-Atlántico donde se da una situación similar: Guernesey (75 bancos offshore y 248 fondos financieros), Las Bermudas (400 fondos financieros y 1.300 filiales aseguradoras) y Jersey (150 trusts y 292 fondos financieros), figuran en el epígrafe DND y en la calificación “débil” en materia de prioridad estadounidense.

Por el contrario Panamá, que ostenta el récord mundial absoluto de las compañías offshore (300.000 domiciliadas en su territorio, además de 106 bancos), es objeto de una atención “prioritaria” de la administración de EEUU, sin duda debido a la presencia del Canal de Panamá y de su proximidad al territorio estadounidense.

En este principio de siglo que marca el comienzo de un nuevo ciclo histórico, el planeta no parece tan paradisíaco como pretende sugerir la proliferación de los paraísos fiscales y el nuevo orden mundial es más bien el desorden en el plano internacional.

Notas:

(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Offshore

(2) Las “hormigas”

El término inicial completo es “hormigas japonesas” porque el método de blanquear dinero a través de pequeñas cantidades transportadas por muchas personas se creó en Japón. Es el ejemplo más claro de un circuito que abarca las tres fases del blanqueo: La colocación consiste en que el blanqueador entrega a falsos turistas (las hormigas) una cantidad de dinero negro que suele oscilar entre 3.000 y 4.000 euros a cada uno, así como unos billetes de avión para París, por ejemplo. Las hormigas compran en este destino productos de lujo como joyas, perfumes, bolsos, etc. en las boutiques de los Campos Elíseos, siendo ésta la fase de integración. A continuación, las hormigas vuelven al país de origen y entregan estos productos recibiendo a cambio una comisión. Dichos objetos se ponen a la venta en tiendas de lujo pertenecientes al blanqueador como artículos importados de París, integrando así las ganancias de la venta en la economía legal.

Texto original en francés: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=3281&lg=fr

René Naba es un periodista francés de origen libanés.

Antiguo responsable del mundo arabo-musulmán en el servicio diplomático de la Agencia France Presse; antiguo consejero del Director General de RMC/Moyen-Orient, encargado de la información.

Su próximo libro, en preparación, se titula Il était une fois la dépêche d’agence, Editions l’Armoise- 8, Rue des Lions Saint-Paul, 75004 Paris, septiembre de 2007.

Es autor de las siguientes obras:

Aux origines de la tragédie arabe, Éditions Bachari 2006.

Du bougnoule au sauvageon, voyage dans l’imaginaire français, L’Harmattan 2002.

Rafic Hariri, un homme d’affaires, Premier ministre, L’ Harmattan 2000.

Guerre des ondes, guerre de religion, la bataille hertzienne dans le ciel méditerranéen, L’Harmattan 1998.

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Tlaxcala y Cubadebte. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

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Esto es inaceptable

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La asistencia sanitaria y su paulatina degradación, a lo largo y ancho del mundo, es una situación que proviene a) del “fundamentalismo privatizador” y b) de la negación radical del papel que debe jugar el Estado en los países, defendidos, ambos conceptos, por la escuela neoliberal cuyo exponente más próximo es Milton Friedman.

Ya Friedrich Hayek, uno de los economistas que influyeron más en las teorías de la Escuela de Chicago había sido muy claro al decir, … que la justicia social carece de sentido.

Los Estados tienen unas obligaciones básicas que son las que les dan legitimidad y su propia razón de ser. Estas son, a mi modo de ver: la educación, la salud, la seguridad y las obras públicas. Ya que de salud estamos hablando, si el Estado no interviniese, si no tuviese un rol que jugar en la misma, ¿cuantas personas estarían condenadas a morir por no poder pagar los costos abusivos de la medicina privada?. ¿O tal vez será que los defensores de la no intervención del Estado lo que buscan es quedarse ellos solos en la Tierra para no ser contaminados por los pobres?.

Yo no rechazo que la iniciativa privada pueda incursionar en esos campos, pero de ahí a negar que el Estado pueda ejercer su función en los mismos media un abismo.

El Estado se crea, a mi entender, para que sirva como un elemento equilibrador de la sociedad haciendo posible con ello el principio de igualdad de oportunidades y para que esa igualdad sea real se necesita que los derechos fundamentales de los individuos, que forman la sociedad, estén garantizados.

Para que esa garantía sea real y equipare a los ciudadanos, el Estado debe garantizar con su accionar los cuatro rubros que mencioné anteriormente: Educación, Salud, Seguridad y Obras Públicas.

Las privatizaciones a ultranza defendidas por los seguidores de la Escuela de Chicago se han mostrado en la realidad de los hechos (los hechos son los que cuentan y no las palabras) un fracaso y yo me atrevo a decir que “criminales” desde el punto de vista de las consecuencias nefastas que han traído para millones de seres humanos, que han visto como aumentaba la pobreza y el deterioro de las condiciones de vida en el planeta que habitamos.

Para el que esto suscribe, y creo que cada día hay más personas que opinan lo mismo, el fin último de la Creación es el SER HUMANO y no los beneficios empresariales, que parecieran ser la razón última de todas las acciones del sistema económico en el que vivimos. (Los economistas que defienden las teorías que abogan por la supremacía de las empresas privadas sobre el Estado son los que consiguen la mayor difusión en todos los medios de comunicación en desmedro de los opositores pues es evidente que por encima de la razón de sus argumentos cuentan con las “poderosas razones” ($) de esas empresas avariciosas a las que sólo les importan sus cuentas de resultados. Un explicación de esta situación se puede leer en el artículo publicado en este mismo blog “Las investigaciones del Banco Mundial, ¿son confiables?“).

Nunca, en la humanidad, se había visto una distribución más injusta de la riqueza y con ella unas condiciones de vida tan indignas para tantos millones de seres humanos.

¿Cuanto más aguantará la población mundial está situación?

Miguel Miguel de Arriba

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Una herida abierta en la sanidad de Bush

Por: Andy Robinson
The New York Times Syndicate

MCT/Direct

No se estrena en Estados Unidos hasta el próximo 29 de junio, pero la nueva película de Michael Moore, Sicko, sobre la crisis de la sanidad en Estados Unidos, ya ha generado un debate mediático que empieza a incidir en las campañas para las primarias de las elecciones presidenciales.

Moore, al igual que hizo con su documental sobre la guerra en Irak, puede haber anticipado un giro de la opinión pública en favor de un sistema universal de sanidad pública. Según la mayoría de los sondeos, la sanidad ya es el segundo asunto que más preocupa a los votantes estadounidenses (el número uno es la guerra en Irak).

Si en 1992 fracasó el intento de Hillary Clinton de instaurar un sistema universal de salud – un caso que recoge Sicko, fue debido en parte a que la gran mayoría de los estadounidenses con empleo tenía, en aquel entonces, seguro médico privado. Pero ése ya no es el caso.

Hoy en día hay más estadounidenses que nunca, desde los años 60, que carecen de cobertura médica – 46 millones, el 16% de la población- y otros cuantos millones descubren cuando enferman que su seguro deja mucho que desear. “Esta industria de la sanidad practica un fraude sistemático para optimizar los beneficios de sus accionistas negando cobertura a los pacientes”, dijo Moore en una entrevista.

Esto lo corrobora Jonathan Cohn, director de la revista New Republic, en un nuevo libro titulado Sick – enfermo- (Harper Collins, 2007).

MCT/Direct

Cohn cuenta ahí la historia de Janice Ramsey, una agente inmobiliaria de Florida a quien, por el hecho de ser diabética -una enfermedad que afecta a más de 18 millones de estadounidenses- le es negado el seguro médico y acaban estafándola. También narra cómo Elizabeth Hilsabeck, empleada de un banco en Austin (Texas), descubre que su aseguradora no cubrirá los costes sanitarios de su hijo, que padece parálisis cerebral.

Moore, por su parte, cuenta la historia de Donna Smith, de Denver, que tiene que vender su casa e instalarse con su hija porque – pese a tener seguro- no puede costearse lo que suponen sus múltiples problemas de salud.

En 1980, el 90% de los estadounidenses tenía cobertura, la gran mayoría a través de sus empresas, y “era una cobertura amplia y generosa”, afirma Cohn. Ahora, “la gente intenta comprar su propio seguro (…), lo que será todavía más difícil cuando las pruebas genéticas permitan a las aseguradoras ser más selectivas”, advierte.

Paradójicamente, quienes acceden a los dos programas públicos de salud – Medicaid para pobres, normalmente sin empleo, y Medicare para jubilados- pueden tener menos problemas que la clase media sin seguro. Muchos de los arruinados en EU lo son debido a una enfermedad y los costes que se derivan de ella. Aunque la sanidad en EU proteja cada vez a menos gente y de forma cada vez menos fiable, su coste se dispara.

El país gasta en sanidad un 16% del PIB frente al 10% de países como Francia o Canadá, y el 7.7% en el caso de España. El contribuyente no tiene poder de negociación ni para exigir mejor cobertura a las aseguradoras ni para negarse a pagar los prohibitivos precios de los fármacos.

La última reforma de Medicare ha supuesto 30 mil millones de dólares en beneficios excesivos para las empresas farmacéuticas, sostiene el economista Dean Baker del CEPR.

Pese a ello, y a juicio de Moore y otros comentaristas, la calidad del tratamiento en sistemas universales como el francés o el canadiense es muy superior al de Estados Unidos, según casi todos los criterios de medición.

MCT/Direct

“Ningún país del mundo se aproxima al gasto del 16% de su riqueza en cuidados médicos (…) pese a ello, existen escasos indicios de que nuestro gasto adicional nos haga más sanos”, explica Cohn.

Según el informe del 2005 de la OCDE Healthat a glance enfatizada por la administración- de que el de EU es el sistema que ofrece más posibilidades de selección. Pero “un paciente francés puede elegir al médico que quiere, y las listas de espera son inexistentes”, dice Cohn.

Aún más chocante es que Cuba – que gasta 230 dólares anuales per cápita en sanidad, frente a los 6 mil que invierte EU -registre resultados mejores en mortalidad infantil. Cuba forma a más médicos que todo el país norteamericano. Moore ha levantado ampollas en Washington al incluir en su documental escenas en las que acompaña a Cuba a tres trabajadores del desescombro de la zona cero con enfermedades respiratorias y a otros cinco enfermos para que reciban tratamiento al que no accedían en EU.

Más vale que sea una urgencia

El problema con el sistema de sanidad en EU no es, como a veces se piensa, que un indigente atropellado por un autobús moriría sangrando en la calzada. Eso no sucedería. Existe una ley federal de 1986 que obliga a un hospital a atender a cualquier persona en una urgencia. Es cierto que en Los Ángeles algunos hospitales han sido recientemente multados por echar a pacientes indigentes a la calle inmediatamente después de tratarlos.

El más infame es el Hollywood Presbyterian Medical Center, que dio de alta a un hombre que fue hallado a cuatro patas en los barrios bajos, con su bata hospitalaria y la bolsa de la colostomía colgando. Pero el verdadero problema aparece cuando no hay urgencia. Para los que carecen de buena cobertura, el miedo a tener que pagar miles de dólares por un tratamiento hace posponer cualquier visita al médico. “Los estadounidenses sin seguro que tienen una enfermedad crónica como la diabetes o hipertensión no van a recibir las revisiones que requieren”, advierte Cohn.

Asimismo, no se permite responder a los primeros síntomas de enfermedades graves. Eso conduce a tratamientos costosos. O peor: a muertes evitables.

Según un estudio del New England Journal of Medicine, las mujeres que carecen de seguro médico tienen un 50% más de posibilidades de morir de cáncer de mama que las mujeres con seguro, ya que tardan más en ser diagnosticadas.

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Patas Arriba. La Escuela del Mundo al Revés

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Eduardo Galeano es un montevideano nacido en 1940 con una larga carrera dentro del mundo periodístico, premiada en diversas ocasiones. En este libro pretende y consigue demostrar que el mundo está “al revés” y que el comportamiento humano no sigue la lógica “humana” y ni siquiera la “animal” en miles de casos, premiando al “malo” y castigando al “bueno”, los que deberían hacer algo, hacen justo lo contrario, lo valioso se minusvalora y lo absurdo se adora…

El libro es una guía de las barbaridades que el género humano es capaz de cometer. Por supuesto, no es una guía completa, porque para ello harían falta, por desgracia bastantes libros como ese. Es, en definitiva, una guía para aprender a mantener el “mundo al revés”.

Puede dar la sensación de que el autor es un poco exagerado y poco parcial. No obstante, antes de hacer esa afirmación se debe hacer un examen de la parcialidad personal, porque antes de juzgar es bueno y necesario ponerse en el lugar de todas las partes y, especialmente de los que más sufren para entender su sufrimiento. Es esa “empatía” que reclama el Nobel de Economía, Amartya K. Sen en su obra “Nuevo examen de la desigualdad” (1992). El error de no usar la empatía está magistralmente expresado en unos versos del dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht (1898-1956): “Primero se llevaron a los comunistas, pero a mi no me importó porque yo no era comunista. Enseguida se llevaron a unos obreros, pero a mi no me importó porque yo tampoco era obrero. Después detuvieron a los sindicalistas, pero a mi no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es demasiado tarde”.

Al principio del libro se exponen unas palabras de Al Capone, uno de los mafiosos más famosos de toda la Historia de Estados Unidos: “Hoy en día, ya la gente no respeta nada. Antes, poníamos en un pedestal la virtud, el honor, la verdad y la ley… La corrupción campea en la vida americana de nuestros días. Donde no se obedece otra ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas.”

Según Galeano “la economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas. (…) Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. (…) Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles. En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las empresas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.”

Así, no es extraño que el eterno personaje de Quino, esa entrañable Mafalda se preguntara si los derechos humanos los escribió Esopo.

Tampoco la ambición está libre de las críticas en esta obra: “Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.”

En el capítulo titulado “Curso básico de injusticia” se critica la publicidad que fomenta el consumo desmedido, porque ese consumo no es sostenible: “La publicidad, ¿estimula la demanda o, más bien, promueve la violencia? La televisión ofrece el servicio completo: no sólo enseña a confundir la calidad de vida con la cantidad de cosas sino que, además, brinda cotidianos cursos audiovisuales de violencia”.

“La economía mundial exige mercados de consumo en perpetua expansión, para dar salida a su producción creciente y para que no se derrumben sus tasas de ganancia, pero a la vez exige brazos y materias primas a precio irrisorio, para abatir sus costos de producción. El mismo sistema que necesita vender cada vez más, necesita también pagar cada vez menos.” Como dice Galeano esto es fuente de desigualdades sociales graves, principalmente pero no exclusivamente entre los países ricos y pobres. Porque en demasiadas ocasiones las cosas no se venden a su auténtico costo. El precio de las cosas no suele incluir, por ejemplo, los costos de los daños producidos a la naturaleza, ni los costos de pagar salarios dignos y respetar derechos básicos. Así, concluye diciendo que “nunca ha sido el mundo tan escandalosamente injusto”, algo en lo que también coincide el teólogo jesuita José Mª Castillo, en su libro “La Iglesia que Quiso el Concilio” (2001).

Algunos de los datos que demuestran esa asombrosa injusticia no pueden justificarse fácilmente sin hacer un esfuerzo para autoperdonarnos, sobre todo, porque los que están a favor de las ventajas de la globalización suelen evitar descubrir los inconvenientes de ésta, o bien, los esquivan como si fueran los “daños laterales” de cualquier guerra: “Una mujer embarazada corre cien veces más riesgo de muerte en África que en Europa. El valor de los productos para mascotas animales que se venden, cada año, en los Estados Unidos, es cuatro veces mayor que toda la producción de Etiopía. Las ventas de sólo dos gigantes, General Motors y Ford, superan largamente el valor de la producción de toda el África negra. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, diez personas, los diez opulentos más opulentos del planeta, tienen una riqueza equivalente al valor de la producción total de cincuenta países, y cuatrocientos cuarenta y siete multimillonarios suman una fortuna mayor que el ingreso anual de la mitad de la humanidad.” A pesar de los datos, el autor no pierde el humor y cita una pintada callejera que parece resumir el espíritu del mundo: “¡Combata el hambre y la pobreza! ¡Cómase un pobre!”. “Cada vez cuesta más lo que el sur compra, y cada vez vale menos lo que vende” y encima “el sur lleva muchos años trabajando de basurero del norte”.

“Paradójicamente, muchos trabajadores del sur del mundo emigran al norte, o intentan contra viento y marea esa aventura prohibida, mientras muchas fábricas del norte emigran al sur. El dinero y la gente se cruzan en el camino. El dinero de los países ricos viaja hacia los países pobres atraído por los jornales de un dólar y las jornadas sin horarios, y los trabajadores de los países pobres viajan, o quisieran viajar, hacia los países ricos, atraídos por las imágenes de felicidad que la publicidad ofrece o la esperanza inventa.” Ejemplos no faltan como el escándalo de algunas empresas deportivas (Nike, Adidas…) que emplean mano de obra infantil sin las más mínimas medidas de seguridad. O empresas petrolíferas que esquilman la naturaleza (como Texaco en Ecuador). “La cadena McDonald’s regala juguetes a sus clientes infantiles. Esos juguetes se fabrican en Vietnam, donde las obreras trabajan diez horas seguidas, en galpones cerrados a cal y canto, a cambio de ochenta centavos. Vietnam había derrotado la invasión militar de los Estados Unidos; y un cuarto de siglo después de aquella hazaña, que muchos muertos costó, el país padece la humillación globalizada.” Y estas empresas lo tienen y lo ponen muy claro: “Si no se portan bien, nos vamos a filipinas, o a Tailandia, o a Indonesia, o a China, o a Marte. Portarse mal significa: defender la naturaleza o lo que quede de ella, reconocer el derecho de formar sindicatos, exigir el respeto de las normas internacionales y de las leyes locales, elevar el salario mínimo.”

Centrándose en Latinoamérica, indica que “es una economía esclavista que se hace la posmoderna: paga salarios africanos, cobra precios europeos, y la injusticia y la violencia son las mercancías que producen con más alta eficiencia.” Y hace una aclaración muy grave: “nunca nadie en la historia de América latina ha sido obligado a devolver el dinero que robó”. Pero claro, y esto en todo el mundo, el mayor problema es que “los políticos sin escrúpulos no hacen más que actuar de acuerdo con las reglas de juego de un sistema donde el éxito justifica los medios que lo hacen posible, por sucios que sean”.

En todo el mundo la pobreza mata, pero “desde el punto de vista del poder, el exterminio no viene mal, al fin y la cabo, si en algo ayuda a regular la población, que está creciendo demasiado. Los expertos denuncia los excedentes de población al sur del mundo”, aunque sea en los países ricos donde se vive con menos espacio y con más despilfarro.

“El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso”. Como ejemplo de esto se cita el caso de “Robert McNamara, que fue uno de los responsables de la guerra del Vietnam” y que “reconoció que la guerra fue un error”, pero “no fue un error porque fuera injusta, sino porque los Estados Unidos la llevaron adelante sabiendo que no la podían ganar. El pecado está en la derrota, no en la injusticia. (…) Que la primera potencia militar del mundo haya descargado, sobre un pequeño país, más bombas que todas las bombas arrojadas durante la II Guerra Mundial es un detalle que carece de importancia. Al fin y la cabo, en su larga matanza, los Estados Unidos habían estado ejerciendo el derecho de las grandes potencias a invadir a quien sea y obligar a lo que sea.” Otro curioso ejemplo es el del “almirante retirado Gene LaRocque, de la marina de guerra de los Estados Unidos”, que a propósito de la Guerra del Golfo comentó: «Ahora matamos a la gente sin verla jamás. Se aprieta un botón a miles de millas de distancia. Es la muerte por control remoto, sin sentimientos ni remordimientos… Y entonces, regresamos a casa en triunfo».”

Eduardo Galeano critica la ligereza y el partidismo con el que se usa el término “libertad de comercio”. Por ejemplo, “Inglaterra, Holanda y Francia ejercían la piratería, en nombre de la libertad de comercio, mediante los buenos oficios de sir Francis Drake, Henry Morgan, Piet Heyn, François Lolonois y otros neoliberales de la época”. Otro ejemplo: “Cuando los Estados Unidos se independizaron de Inglaterra, lo primero que hicieron fue prohibir la libertad de comercio y las telas norteamericanas, más caras y más feas que las telas inglesas, se hicieron obligatorias (…) después, sin embargo, los Estados Unidos enarbolaron la libertad de comercio para obligar a muchos países latinoamericanos al consumo de sus mercancías”. También, “los soldados británicos impusieron el consumo de opio en China, a cañonazos”, ya que “la reina Victoria fue, además la mayor traficante de drogas del siglo XIX”, convirtiendo al opio como la mercancía más valiosa del comercio imperial. La guerra del Opio (1839-1842) comenzó cuando el emperador Chino, preocupado por el incremento del consumo de opio, prohibió la importación del opio el cual era comercializado por contrabandistas británicos. La respuesta de Gran Bretaña fue bombardear Cantón y ocupar Shanghai. En 1841, por ejemplo, en la toma del puerto de Tin-hai, murieron 3 británicos y más de 2000 chinos. Al término de la guerra, los británicos se quedaron con Hong Kong y China tuvo que abrir más sus fronteras al “libre comercio”. Más cosas: “la industria británica redujo a la India a la última miseria, y la banca británica ayudó a financiar el exterminio del Paraguay”. Al fin y al cabo, la era colonial necesitó del racismo tanto como necesitó de la pólvora”. Pero el fin de la era colonial no fue el fin del racismo ni el fin de la injusticia. Veamos dos ejemplos: “En 1986, un diputado mexicano visitó la cárcel de Cerro Hueco, en Chiapas. Allí encontró a un indio tzotzil, que había degollado a su padre” el cual “llevaba tortillas y frijoles, cada mediodía, a su hijo encarcelado. Aquel preso tzotzil había sido interrogado y juzgado en lengua castellana, que él entendía poco o nada, y con ayuda de una buena paliza había confesado ser el autor de una cosa llamada parricidio.” El otro ejemplo, en Europa: “En la Copa del Mundo que ganó Francia en el 98, eran inmigrantes casi todos los futbolistas que vestían la camiseta azul y al son de la Marsellesa iniciaban cada partido. Una encuesta realizada en esos días confirmó que cuatro de cada diez franceses tienen prejuicios racistas, pero todos los franceses celebraron el triunfo como si los negros y los árabes fueran hijos de Juana de Arco.”

En definitiva, “países en desarrollo es el nombre con que los expertos designan a los países arrollados por el desarrollo ajeno”. Otras frases para reflexionar: “Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.”

Este libro plantea que en muchos casos y en ciertos países las cárceles están llenas de presos por ser pobres o por actos a los que la pobreza les empuja, mientras los que mantienen esa pobreza no sufren condena: “Los presos son pobres, como es natural, porque sólo los pobres van presos en países donde nadie va preso cuando se viene abajo un puente recién inaugurado, cuando se derrumba un banco vaciado o cuando se desploma un edificio construido sin cimientos.” Como el caso del terremoto de México en Septiembre de 1985 que provocó unos 5000 muertos.

Contra la hipocresía de los países ricos también arremete, especialmente contra los grandes vendedores de armas, principalmente “Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Rusia. En la lista, algunos lugares más atrás también figura China. Y estos son, casualmente, los cinco países que tienen derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. (…) O sea: la paz mundial está en manos de las cinco potencias que explotan el gran negocio de la guerra“: “Los países que más armas venden al mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial. (…) La industria de las armas, venta de muerte, exportación de violencia, trabaja y prospera. El mundo ofrece mercados firmes y en alza, mientras la siembra universal de la injusticia continúa dando buenas cosechas y crecen la delincuencia y la drogadicción, la agitación social y el odio nacional, regional, local y personal.” Se pueden citar muchos casos: como las injusticias cometidas por Israel (como estado) contra los palestinos con el apoyo directo e indirecto de Estados Unidos. Otro caso es el de Arabia Saudita, un país muy criticado por Amnistía Internacional por sus continuas violaciones de los Derechos Humanos, pero que no teme a nada porque sus intercambios de “petróleo por armamentos, permite a la dictadura saudí ahogar en sangre la protesta interna, y permite a los Estados Unidos y a Gran Bretaña alimentar sus economías de guerra y asegurar sus fuentes de energía (…) [mientras] jamás vemos, escuchamos ni leemos ninguna denuncia de las atrocidades de Arabia Saudita”, ya que el rey saudí “paga esas millonadas por las armas y, de paso, compra impunidad”.

“Los miembros permanentes del Consejo de Seguridad gozan del derecho de hacer lo que se les cante”, de forma curiosamente legal. Ejemplos no faltan: “Estados Unidos pudieron bombardear impunemente el barrio más pobre de la ciudad de Panamá y, después, pudieron arrasar Irak; Rusia pudo castigar a sangre y fuego los clamores de independencia en Chechenia; Francia pudo violar el Pacífico sur con sus explosiones nucleares; y China puede seguir fusilando, legalmente, cada año, diez veces más gente que la que cayó acribillada, a mediados del 89, en la plaza de Tien An Men. Como antes había ocurrido en la guerra de las islas Malvinas, la invasión de Panamá sirvió para que la aviación militar probara la eficacia de sus nuevos modelos; y la televisión convirtió a la invasión de Irak en una universal vidriera de exhibición de las nuevas armas que se ofrecían al mercado; Vengan a ver las novedades de la muerte en la gran feria de Bagdad. (…) Bien decía don Teodoro Roosevelt que «ningún triunfo pacífico es tan grandioso como el supremo triunfo de la guerra». En 1906, le dieron el Premio Nobel de la Paz.”

“La industria norteamericana de armamentos practica la lucha contra el terrorismo vendiendo armas a gobiernos terroristas, cuya única relación con los derechos humanos consiste en que hacen todo lo posible por aniquilarlos.” Por desgracia, tiene razón el autor al afirmar que “nunca falta alguna guerra”, aunque nunca los periodistas se planteen “¿A quien da de ganar esta tragedia? «La cara del verdugo está siempre bien escondida», cantó alguna vez, Bob Dylan.”

“Hay treinta y cinco mil armas nucleares en todo el mundo. Los Estados Unidos poseen la mitad, y la otra mitad pertenece a Rusia y, en menor medida, a otras potencias. Los dueños del monopolio nuclear ponen el grito en el cielo cuando India, o Pakistán, o quien sea, realiza el sueño de la explosión propia, y entonces denuncian el peligro que el mundo corre: cada una de esas armas puede matar a varios millones de personas, y unas cuantas bastarían para acabar con la aventura humana en el planeta, y con el planeta también. Pero las grandes potencias jamás dicen cuándo ha tomado Dios la decisión de otorgarles el monopolio, ni porqué siguen fabricando esas armas. (…) ¿Para asustar a quién? ¿A la humanidad entera?”. Resumiendo el sentido de su “lucha” contra las armas podemos incluir una expresiva frase: “Si se prohíbe la industria de la droga, industria asesina, ¿por qué no se prohíbe la industria de armamentos, que es la más asesina de todas?”, y con respecto a la industria de las drogas, “¿Por qué los traficantes son los más fervorosos partidarios de la prohibición?”.

¿Alguien se atreve a calcular la crisis económica que afectaría a Estados Unidos si, de repente, no hubiera ningún conflicto armado en el mundo que estuviera alimentado con sus armas?

Pero hay muchas formas de robar y abusar y muchas de ellas son legales. “Suiza no participó en la guerra. Participó en el negocio de la guerra, vendiendo sus servicios a muy buen precio a la Alemania nazi. Un negocio brillante: la banca suiza convertía en divisas internacionales el oro que Hitler robaba a los países ocupados y a los judíos. (…) El oro entraba en Suiza sin ningún inconveniente, mientras los perseguidos por los nazis eran devueltos en la frontera. Bertold Brecht decía que robar un banco es delito, pero más delito es fundarlo. Después de la guerra, Suiza se convirtió en una cueva internacional de Alí Babá para los dictadores, los políticos ladrones, los malabaristas de la evasión fiscal y los traficantes de drogas y de armas.” También Galeano arremete contra la especulación, el negocio de multiplicar el dinero sin aportar ningún trabajo: “En 1997, de cada cien dólares negociados en divisas, apenas dos dólares y medio tuvieron algo que ver con el intercambio de bienes y servicios. En ese año, en vísperas del huracán que barrió las Bolsas de Asia y del mundo, el gobierno de Malasia propuso una medida de sentido común: la prohibición del tráfico de divisas no comerciales. La iniciativa no fue escuchada. El griterío de las Bolsas mete mucho ruido”.

“En los Estados Unidos, la venta de favores políticos es legal y puede realizarse abiertamente, sin necesidad de disimulo ni riesgo de escándalo. Trabajan en Washington más de diez mil profesionales del soborno, que se ocupan de influir sobre los legisladores y los inquilinos de la Casa Blanca. (…) Johnnie Chung, un hombre de negocios que reconoció haber hecho donaciones ilegales, explicó en 1998: «La Casa Blanca es como el Metro: para entrar, hay que poner monedas».” Una de las más recientes demostraciones de esto está en el caso del presidente Bush hijo: Antes de las elecciones prometió medidas de protección del medio ambiente. Después de salir elegido, en las elecciones más dudosas de la historia de los Estados Unidos, hizo los favores pertinentes a la industria del petróleo, olvidando las promesas electorales que había vociferado algunas semanas antes. También la industria armamentística es conocida como una de sus mayores fuentes financieras y, a ello se debe gran parte de las bombas tiradas en Afganistán, y su “mirar hacia otro lado” en el caso de la violencia de Israel contra el pueblo palestino.

“La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.” En definitiva, “poco pueden las leyes jurídicas contra las leyes económicas, y la economía capitalista genera concentración de poder tan inevitablemente como el invierno genera frío. (…) La tecnología pone la imagen, la palabra y la música al alcance de todos, como nunca antes había ocurrido en la historia humana; pero esta maravilla puede convertirse en un engaña pichanga si el monopolio privado termina por imponer la dictadura de la imagen única, la palabra única y la música única. (…) Como dice el periodista argentino Ezequiel Fernández-Moores, a propósito de la información: «Estamos informados de todo, pero no nos enteramos de nada».”

En el capítulo “Lecciones contra los vicios inútiles” critica un mundo en el que “El trabajo es el vicio más inútil. No hay en el mundo mercancía más barata que la mano de obra. (…) El desarrollo de la tecnología no está sirviendo para multiplicar el tiempo de ocio y los espacios de libertad, sino que está multiplicando la desocupación y está sembrando el miedo. (…) Cada vez hay más desocupados en el mundo. Al mundo le sobra cada vez más gente. (…) La globalización es una galera, donde las fábricas desaparecen por arte de magia, fugadas a los países pobres; la tecnología que reduce vertiginosamente el tiempo de trabajo necesario para la producción de cada cosa, empobrece y somete a los trabajadores, en lugar de liberarlos de la necesidad y de la servidumbre; y el trabajo ha dejado de ser imprescindible para que el dinero se reproduzca. Son muchos los capitales que se desvían hacia las inversiones especulativas. Sin transformar la materia, y sin tocarla siquiera, el dinero se reproduce con más fecundidad haciendo el amor consigo mismo. Siemens, una de las mayores empresas industriales del mundo, está ganando más con sus inversiones financieras que con sus actividades productivas. (…) El asombroso aumento de la productividad operado por la revolución tecnológica no sólo no se traduce en una elevación proporcional de los salarios, sino que ni siquiera disminuye los horarios de trabajo en los países de más alta tecnología.” Hay una excepción: “Francia decidió, en mayo del 98, reducir la semana laboral de 39 a 35 horas, dando así una elemental lección de cordura”, aunque no todos estuvieron de acuerdo en la medida.

En el capítulo “Clases magistrales de impunidad” se revelan algunos de los casos más escandalosos de este mundo al revés. Por ejemplo: “Las empresas petroleras Shell y Chevron han arrasado el delta del río Níger. El escritor Ken Saro-Wiwa, del pueblo ogoni de Nigeria, lo denunció «Lo que la Shell y la Chevron han hecho al pueblo ogoni, a sus tierras y a sus ríos, a sus arroyos, a su atmósfera, llega al nivel de un genocidio. El alma del pueblo ogoni está muriendo, y yo soy su testigo». A principios de 1995, el gerente general de la Shell en Nigeria, Naemeka Achebe, explicó así el apoyo de su empresa al gobierno militar: «Para una empresa comercial que se propone realizar inversiones, es necesario un ambiente de estabilidad… Las dictaduras ofrecen eso». Unos meses más tarde, la dictadura de Nigeria ahorcó a Ken Saro-Wiwa. El escritor fue ejecutado con otros ocho ogonis, también culpables de luchar contra las empresas que aniquilaron sus aldeas y redujeron sus tierras a un vasto yermo. Muchos otros ogonis habían sido asesinados, antes, por el mismo motivo. (…) El presidente de los Estados Unidos declaró entonces que su país suspendería el suministro de armas a Nigeria, y el mundo lo aplaudió.” Con eso, realmente “Estados Unidos reconocía que su país había estado vendiendo armas al régimen carnicero del general Sani Abacha, que venía ejecutando gente a un ritmo de cien personas por año, en fusilamiento o ahorcamientos convertidos en espectáculos públicos.”

Y es que “los Estados Unidos venden cerca de la mitad de las armas del mundo y compran cerca de la mitad del petróleo que consumen. De las armas y del petróleo dependen, en gran medida, su economía y su estilo de vida.” Por desgracia, la historia de la empresa anglo-holandesa Shell es más larga: En la isla de Curaçao, en el Caribe, instaló “una gran refinería que, desde entonces viene echando humos venenosos sobre esa isla de la salud. En 1983, las autoridades locales mandaron parar (…) los expertos calcularon en 400 millones de dólares la indemnización, mínima, que la empresa debía pagar por los males que la naturaleza había sufrido. La Shell no pagó nada”. También es más larga la historia de la empresa norteamericana Chevron, que “gastó muchos millones de dólares en una campaña publicitaria que exaltaba sus desvelos por la defensa del medio ambiente en los Estados Unidos. La campaña estaba centrada en la protección (…) de unas maripositas azules que corrían peligro de extinción. El refugio costaba cinco mil dólares anuales; pero la empresa gastaba ochenta veces más para producir cada minuto de la propaganda que alababa su vocación ecologista, y mucho más todavía por cada minuto de emisión del bombardeo publicitario” en TV. También es curioso que ese refugio estuviera “instalado en la refinería El Segundo, en las arenas del sur de Los Ángeles. Y ésta sigue siendo una de las peores fuentes de contaminación del agua, el aire y la tierra en toda California.”

En definitiva, parece que “La salvación del medio ambiente está siendo el más brillante negocio de las mismas empresas que lo aniquilan. En un libro reciente, The corporate planet, Joshua Karliner brinda tres ejemplos ilustrativos de alto valor pedagógico: el grupo General Electric tiene cuatro de las empresas que más envenenan el aire del planeta, pero es también el mayor fabricante norteamericano de equipos para el control de la contaminación del aire;” También se citan los casos de la empresa química DuPont y de la “multinacional Westinghouse que se ha ganado el pan vendiendo armas nucleares”. Otro ejemplo, “la mismas fábricas de armamentos que han vendido las minas (…) ofrecen su know how para limpiar los vastos terrenos minados (…) Un negocio redondo: arrancar minas resulta cien veces más caro que colocarlas.” Es bueno aclarar que muchos países vendedores de armamento, como España, han firmado un acuerdo para no vender ni fabricar este tipo de artefactos, aunque otros tipos los siguen vendiendo sin remordimientos.

Más de esto se expone en el capítulo titulado “La impunidad de los exterminadores del planeta”, donde se aclara, por si hiciera falta que: “Las empresas que más éxito tienen en el mundo son las que más asesinan al mundo; y los países que deciden el destino del planeta son los que más méritos hacen para aniquilarlo.” Galeano critica como muchas “expresiones de la preocupación oficial por la ecología” son mera hipocresía “que nadie cumple”, porque “el lenguaje del poder otorga impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo universal en nombre del desarrollo y también a las grandes empresas que, en nombre de la libertad, enferman al planeta, y después le venden remedios y consuelos. (…) La humanidad entera paga las consecuencias de la ruina de la tierra, la intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el enloquecimiento del clima y la dilapidación de los bienes mortales que la naturaleza otorga. (…) Es el veinticinco por ciento de la humanidad quien comete el setenta y cinco por ciento de los crímenes contra la naturaleza. (…) Cada norteamericano echa al aire, en promedio, veintidós veces más carbono que un hindú y trece veces más que un brasileño.” Así, los países ricos son “países y clases sociales que definen su identidad a través de la ostentación y el despilfarro. La difusión masiva de esos modelos de consumo, si posible fuera, tiene un pequeño inconveniente: se necesitarían diez planetas como éste para que los países pobres pudieran consumir tanto como consumen los países ricos, según las conclusiones del fundamentado informe Bruntland, presentado ante la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo en 1987. Las empresas más exitosas del mundo son también las más eficaces contra el mundo. Los gigantes del petróleo, los aprendices de brujo de la energía nuclear y de la biotecnología, y las grandes corporaciones que fabrican armas, acero, aluminio, automóviles, plaguicidas, plásticos y mil otros productos, suelen derramar lágrimas de cocodrilo por lo mucho que la naturaleza sufre.”

Los abusos son incontables y van desde patentar plantas amazónicas por parte de empresas bioquímicas (como la ayahuasca patentada por la empresa estadounidense International Plant Medicine Corporation), hasta el desastre de la ciudad india de Bophal en la que otra empresa estadounidense, Union Carbide, fue la causante de unas 6600 muertes con escasas o nulas subvenciones por culpa de no aplicar las más básicas medidas de seguridad que en Estados Unidos son obligatorias. Actualmente “Union Carbide y Dow Chemical venden, en América latina, numerosos productos prohibidos en su país, y lo mismo ocurre con otros gigantes de la industria química mundial. En Guatemala, por ejemplo, las avionetas fumigan las plantaciones de algodón con pesticidas que no se pueden vender en los Estados Unidos ni en Europa: esos venenos se filtran en los alimentos”. La empresa alemana Bayer, que ya usó la “mano de obra gratuita de los prisioneros de Auschwitz”, es el “segundo productor mundial de pesticidas” y vende, a Uruguay por ejemplo, más de “veinte agrotóxicos no autorizados en Alemania”, algunos considerados “altamente peligrosos por la Organización Mundial de la Salud”.

Otro de los efectos de la globalización es que el aluminio japonés se fabrica en Brasil. “En Brasil, la energía y la mano de obra son baratas y el medio ambiente sufre, en silencio, el feroz impacto de esta industria sucia. Para dar electricidad al aluminio, Brasil ha inundado gigantescas extensiones del bosque tropical. Ninguna estadística registra el costo ecológico de este sacrificio. Al fin y al cabo, es costumbre: otros muchos sacrificios sufre la floresta amazónica, mutilada día tras día, año tras año, al servicio de las empresas madereras, ganaderas y mineras.” Más datos: “en Taiwán, un tercio del arroz no se puede comer, porque está envenenado de mercurio, arsénico o cadmio; en Corea del Sur, sólo se puede beber agua de la tercera parte de los ríos. Ya no hay peces comestibles en la mitad de los ríos de China. En una carta, un niño chileno retrató así a su país: «Salen barcos llenos de árboles y llegan barcos llenos de autos»”. Por estas causas, ya se sabe que “la degradación ambiental será, en los próximos años, la principal causa de los éxodos de población en los países del sur.”

En otro capítulo, “La impunidad de los cazadores de gente”, advierte que “no es negocio asesinar con timidez. (…) Ante la ley terrena, la igualdad se desiguala todo el tiempo y en todas partes, porque el poder tiene la costumbre de sentarse encima de uno de los platillos de la balanza de la justicia.” Aquí se pasa revista a los crímenes contra la humanidad y cómo estos resultan impunes: desde la dictadura de Uruguay hasta la de Argentina, pasando por Guatemala y el asesinato del obispo Juan Gerardi por la publicación de cierto informe.

En su capítulo “La impunidad del sagrado motor” critica con vehemencia el abuso de la industria del automovilismo y de sus usuarios. No se trata de criticar el progreso sino de criticar el abuso del progreso: “los automóviles usurpan el espacio humano, envenenan el aire y, con frecuencia, asesinan a los intrusos que invaden su territorio conquistado. (…) Este fin de siglo desprecia el transporte público” (y ya podemos añadir que el nuevo siglo XXI sigue en la misma línea. Para llamar la atención, Galeano hace la siguiente comparación: “La venta de autos es simétrica a la venta de armas, y bien podría decirse que forma parte de ella: los automóviles son la principal causa de muerte entre los jóvenes, seguida por las armas de fuego.”

“Según los cálculos del Worldwatch Institute, si se tomaran en cuenta los daños ecológicos y otros costos escondidos, el precio de la gasolina tendría que elevarse, por lo menos al doble. La gasolina es, en los Estados Unidos, tres veces más barata que en Italia, que ocupa el segundo lugar entre los países más motorizados; y cada norteamericano quema, en promedio, cuatro veces más combustible que un italiano, lo que ya es decir. Esta sociedad norteamericana, enferma de autismo, genera la cuarta parte de los gases que más envenenan la atmósfera. (…) Cada vez que algún loco sugiere aumentar los impuestos a la gasolina, los big three de Detroit (General Motors, Ford y Chrysler) ponen el grito en el cielo y desatan campañas millonarias, y de amplio eco popular, denunciando tan grave amenaza contra las libertades públicas. (…) Es raro el caso del político, demócrata o republicano, capaz de cometer algún sacrilegio contra el modo de vida nacional, fundado en la veneración de las máquinas y en el derroche de los recursos naturales del planeta. Impuesto como modelo universal, ese modo de vida, que identifica el desarrollo humano con el crecimiento económico, realiza milagros que la publicidad exalta y difunde, y que el mundo entero querría merecer.(…) Sólo el 20% de la humanidad dispone del 80% de los autos, aunque el 100% de la humanidad tenga que sufrir el envenenamiento del aire. Como tantos otros símbolos de la sociedad de consumo, el automóvil está en manos de una minoría, que convierte sus costumbres en verdades universales y nos obliga a creer que el motor es la única prolongación posible del cuerpo humano.”

En resumen, “en nombre de la libertad de empresa, la libertad de circulación y la libertad de consumo, se está haciendo irrespirable el aire del mundo.” Galeano insiste en la necesidad de fomentar el transporte público y las bicicletas (y sus carriles). Un dato resulta revelador: “el dinero que Colombia gasta cada año para subsidiar la gasolina, alcanzaría para regalar dos millones y medio de bicicletas a la población.” Por supuesto, esta es otra cuestión de discriminación con los países de sur ya que en ellos se sigue usando gasolina con plomo. Resultan didácticos algunos de los casos expuestos en el libro: ciudad de México, San Pablo, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Buenos Aires… por el contrario, algunas ciudades ya se han dado cuenta de la necesidad de reducir el espacio por donde circulan los automóviles: Amsterdam o Florencia son un buen ejemplo de ello.

Este autor también critica el modo de vida de la sociedad de consumo que obliga a obtener rápidos beneficios en poco tiempo: flores sometidas a luz continua para rápido crecimiento, gallinas a las que se les reduce las horas de sueño y se las hace vivir hacinadamente sin casi poder moverse… y gente que vive siempre deprisa y corriendo pero sin hacer deporte alguno… por que además “en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30% entre la población joven de los países más desarrollados”, especialmente Estados Unidos en el que la obesidad ya se trata como epidemia nacional, y determinados tratamientos son subvencionados por el gobierno. “El país que inventó las comidas y bebidas light, la diet food y los alimentos fat free tienen la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa 4 horas diarias devorando comida de plástico. Triunfa la comida basura disfrazada de comida: esta industria está colonizando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local” en la “globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food“. Así no es extraño que la empresa McDonald’s sea denunciada por ecologistas y activistas antiglobalización, acusando a esta empresa de “maltrato a sus trabajadores, la violación de la naturaleza y la manipulación comercial de las emociones infantiles: sus empleados están mal pagados, trabajan en malas condiciones y no pueden agremiarse; la producción de carne para las hamburguesas arrasa los bosques tropicales y despoja a los indígenas; y la multimillonaria publicidad atenta contra la salud pública, induciendo a los niños a preferir alimentos de muy dudoso valor nutritivo” y de un altísimo contenido en grasa como lo han demostrado multitud de estudios.

Pero, en este mundo al revés, la publicidad hace milagros y los anuncios embaucadores saben cómo conseguir que el consumidor obedezca sus dictámenes. “En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. (…) No se sabe si en Navidad se celebra el nacimiento de Jesús o de Mercurio, dios del comercio, pero seguramente es Mercurio quien se ocupa de bautizar los días de la compra obligatoria: Día del Niño, Día del Padre, Día de la Madre, Día del Abuelo, Día de los Enamorados”… “La cultura de consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso inmediato. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender.” La televisión tiene aquí su parte de responsabilidad y “el televisor es inocente del uso y del abuso que se hace de él”, aunque los medios dicen siempre lo mismo: “Ofrecemos a la gente lo que la gente quiere, y así se absuelven; pero esa oferta, que responde a la demanda, genera cada vez más demanda de la misma oferta: se hace costumbre, crea su propia necesidad, se convierte en adicción. En las calles hay tanta violencia como en la televisión, dicen los medios; pero la violencia de los medios, que expresa la violencia del mundo, también contribuye a multiplicarla. (…) Trabajar, dormir y mirar la televisión son las tres actividades que más tiempo ocupan en el mundo contemporáneo. Bien lo saben los políticos. (…) Gracias a la pantalla chica, el presidente Reagan pudo convencer a la opinión pública norteamericana de que Nicaragua era un peligro. Hablando ante el mapa del norte de América, que progresivamente se iba tiñendo de rojo desde el sur, Reagan pudo demostrar que Nicaragua iba a invadir los Estados Unidos, vía Texas.”

“Las imágenes del hambre jamás aluden, ni siquiera de paso, al saqueo colonial. Jamás se menciona la responsabilidad de las potencias occidentales, que ayer desangraron al África a través de la trata de esclavos y el monocultivo obligatorio, y hoy perpetúan la hemorragia pagando salarios de hambre y precios de ruina. Lo mismo ocurre con la información sobre las guerras; siempre el mismo silencio sobre la herencia colonial, siempre la misma impunidad para el amo blanco que hipotecó la independencia africana, dejando a su paso burocracias corruptas, militares despóticos, fronteras artificiales y odios mutuos; y siempre la misma omisión de cualquier referencia a la industria de la muerte, que desde el norte vende las armas para que el sur se mate peleando.”

“Quizás el más certero símbolo de la época sea la bomba de neutrones, que respeta las cosas y achicharra a los seres vivos. (…) La ciencia y la técnica que han sido puestas al servicio del mercado y de la guerra, nos ponen a su servicio. (…) La injusticia, motor de todas las rebeliones que en la historia han sido, no sólo no se ha reducido en el siglo XX, sino que se ha multiplicado hasta extremos que nos resultarían increíbles si no estuviéramos tan entrenados para aceptarla como costumbre y obedecerla como destino. Pero el poder no ignora que la injusticia está siendo cada vez más injusta, y que está siendo cada vez más peligroso el peligro. Desde que cayó el Muro de Berlín, y los regímenes llamados comunistas se derrumbaron o cambiaron hasta hacerse irreconocibles, el capitalismo se ha quedado sin pretextos. En los años de la guerra fría, cada mitad del mundo podía encontrar, en la otra mitad, la coartada de sus crímenes y la justificación de sus horrores. Cada una decía ser mejor, porque la otra era peor. Ahora, súbitamente huérfano de enemigo, el capitalismo celebra su hegemonía, y de ella usa y abusa sin límites; pero ciertos signos indican que empieza a asustarse de sus propios actos. (…) A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder. (…) Las grandes potencias que gobiernan al mundo ejercen la delincuencia internacional con impunidad y sin remordimientos. Sus crímenes no conducen a la silla eléctrica, sino a los tronos del poder; y la delincuencia del poder es la mamá de todas las delincuencias.” Razones no le faltan a Eduardo Galeano para esas afirmaciones y para ello cuenta algunos casos bastante interesantes (como los de Chile, Nicaragua o Cuba), pero más recientemente podemos también citar el caso de Palestina, torturada hasta el horror por Israel (matanzas y ocupación de principios de 2002) y cómo las “grandes potencias” a las que se refiere el autor, son cómplices por omisión, ya que se limitan en el mejor de los casos a condenar los asesinatos, pero no toman otras medidas (dejar de vender armas, romper relaciones comerciales y diplomáticas…).

“Los estados socialistas del este de Europa tenían mucho de estados y poco o nada de socialistas. (…) En nombre de la justicia, ese presunto socialismo había sacrificado la libertad. Reveladora simetría: en nombre de la libertad el capitalismo sacrifica la justicia cada día.” El caso de Rusia y su Moscú actual es un buen ejemplo.

Para terminar, el libro reivindica “El derecho al delirio”, el derecho a soñar con un mundo mejor, aunque posiblemente eso no sea posible. Podemos elegir algunos versos de ese sueño:

  • “en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;”

  • “los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;”

  • “el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;”

  • “nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;”

  • “los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;”

  • “la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;”

  • “la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;”

  • “la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;”

  • “la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;”

El libro termina diciendo que se terminó de escribir en agosto de 1998 y que para saber cómo continúa basta con seguir las noticias de cada día. Y efectivamente, así es. Después de 1998 han ocurrido multitud de cosas que sin duda deberían estar incluidas en un libro así. Por ejemplo, tras los atentados del 11 de Septiembre, Estados Unidos se autoproclamó como líder en la lucha contra el terrorismo y, sin embargo ha cometido actos terroristas por los que no sólo no ha sido condenado sino ni siquiera juzgado. No nos referimos a los ataques contra Afganistán, de lo que mucho se podría decir, sino por ejemplo a la matanza que durante esa guerra produjeron en una cárcel de ese país atacándola incluso con bombas desde el aire y matando a todos los reclusos que no tuvieron ninguna oportunidad. Estados Unidos también pretende ser firme defensor de los Derechos Humanos y se vanagloria de ser un defensor de los mismos y, sin embargo, a los detenidos de Afganistán, presuntos terroristas, los torturó en la base de Guantánamo sin haber sido sometidos a juicio justo. Tampoco podemos olvidar que en ese país se sigue aplicando la pena de muerte. Otro ejemplo, en la invasión de Israel a Palestina de 2002, con el exterminio que las tropas judías ejercieron destrozando multitud de ciudades, Estados Unidos tardó mucho tiempo en condenar la invasión y, en todo caso, no tiene sentido que exigiera a Israel que se retirara de los territorios ocupados a la vez que le vende armas a gran escala.

También en 2002 saltó la noticia de que una empresa había conseguido descifrar el genoma del arroz y que esto llevaría a paliar el hambre del mundo. Esa empresa pretende hacer creer al mundo que el hambre que padece es por culpa de que el arroz que la naturaleza ha creado es imperfecto. Pretende hacer creer al mundo que son capaces de mejorar el arroz, sin ningún efecto secundario, por supuesto, y que además, todo ese inmenso trabajo lo realizan por amor a la humanidad. Los millones de dólares que cuesta esa investigación pretenden lógicamente ser recuperados con creces vendiendo ese arroz cuando supuestamente lo consigan, lo cual, generará más hambre, más diferencias sociales, más injusticia y más dependencia de los países pobres de las multinacionales de los países ricos. Así, los países ricos pueden sentirse bien al facilitar un arroz “con vitaminas” evitando que los pobres tengan derecho a buscar una alimentación rica y variada.

Por desgracia, el mundo está lleno de noticias como esta y mientras no lo remediemos seguirá estándolo. “Pero alguien, quién sabe quién, escribió al pasar, en un muro de la ciudad de Bogotá: Dejemos el pesimismo para tiempos mejores.”

Eduardo Galeano – (1998)

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“Why Socialism?” (Por qué el Socialismo) – Albert Einstein

Sociedad 1 Comentario »

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Einstein

¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo?

Por una serie de razones creo que sí.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico.

Puede parecer que no hay diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible.

Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil porque la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado.

Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana –como es bien sabido– ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen.

Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó “la fase depredadora” del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases.

Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines.

Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y –si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos– son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.

Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad.

Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen.

Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro.

Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: “¿por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?”

Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo.

Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales.

Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida.

Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos, por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determinan el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad.

Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente.

Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento.

El concepto abstracto “sociedad” significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores.

El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por sí mismo; pero él depende tanto de la sociedad –en su existencia física, intelectual, y emocional– que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad.

Es la “sociedad” la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra “sociedad”.

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido, –exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas.

Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio.

La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas.

Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte.

Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana.

Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia.

Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad.

Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.

Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar.

Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable.

Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse.

En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios.

Los tiempos –que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos– en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre.

Es sólo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.

Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo.

Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica.

Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente.

Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.

La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal.

Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo, –no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas.

A este respecto, es importante señalar que los medios de producción –es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional – puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.

En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré “trabajadores” a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción –aunque esto no corresponda al uso habitual del término.

Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real.

En cuanto que el contrato de trabajo es “libre”, lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar.

Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas.

El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática.

Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura.

La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población.

Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación).

Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre.

Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de “contrato de trabajo libre” para ciertas categorías de trabajadores.

Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho del capitalismo “puro”. La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso.

No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un “ejército de parados”.

El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación.

El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas.

La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné antes.

Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo.

Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.

Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales.

En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada.

Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño.

La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo.

La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?

*Publicado por primera vez en la revista Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949
Albert Einstein

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ULRICH BECK

La relación entre economía, Estado y movimientos sociales siempre fue un juego de poder. Las reglas estaban controladas por el Estado de la nación y por ello eran más o menos perceptibles para el individuo particular. Así era antes, pero el nuevo mundo digital no tiene por qué atenerse a las fronteras estatales. Sobre todo, la economía ha roto la jaula del juego de poder dominado por el Estado de la nación y ha descubierto nuevas salidas para este juego del poder. Es como si se hubieran inventado nuevas reglas para el juego del ajedrez. Bajo las condiciones de movilidad de las tecnologías de la información, el peón –la economía– se convierte de repente en alfil, pudiendo incluso atacar al rey –el Estado– y hacerle un jaque mate.

La economía global emplea para ello su medio de poder más eficaz: las inversiones. “Perdonamos a los cruzados y que vengan los inversores”, decía en sus titulares un periódico de Europa del Este con motivo de la visita del canciller alemán. La inversión exacta de la idea clásica de dominio maximiza el poder de las empresas multinacionales. El medio coercitivo no es la invasión amenazadora, sino la amenazadora no-invasión de los inversores o su amenazador abandono. Sólo hay una cosa peor que ser arrollado por las multinacionales: no ser arrollado por ellas.

Esta forma de dominio ya no está ligada a la ejecución de órdenes, sino a la posibilidad de invertir de manera diferente –en otros países– de forma más rentable. Con ello se crea un nuevo tipo de amenazadores bastidores: no hacer algo, es decir, dejar de invertir en ese país. En este sentido, el nuevo poder de los consorcios no está basado sobre algo tan pasado de moda como el poder como última ratio para imponer a los demás la voluntad propia. Este poder es móvil, independiente del lugar donde se encuentre y, por consecuencia, “de aplicación global”. Una no-conquista premeditada –ese “No” invisible, carente de violencia y plenamente intencionado de la renuncia– ni está sujeto a acuerdo ni es apto para el acuerdo.

Consecuentemente, “Gobernar” tiene lugar también de forma cada vez más privada. “Estamos escribiendo los estatutos de una economía global y única”, presagiaba en este sentido el director general de la Organización Mundial del Comercio en el año 1997, Renato Ruggerio. Según esto, las reformas políticas deben orientarse, a nivel mundial, por los baremos de los objetivos económicos: una baja inflación, unos presupuestos equilibrados, el desmantelamiento de las barreras comerciales y los controles de divisas, una máxima libertad para el capital, una regulación mínima del mercado de trabajo y un Estado del bienestar esbelto y con capacidad de adaptación, que instigue a sus ciudadanos al trabajo; éstos son los objetivos de reforma del neoliberalismo que actúa a nivel mundial. De este modo, el dominio económico puede seguir siendo “apolítico”, ya que la adaptación a los mercados financieros de la globalización se ha convertido en el compás interno de la política supuestamente “reinante”.

Las empresas multinacionales, así como la Organización Mundial del Comercio, se convierten en este sentido en “semiestados”, con una consecuencia fundamental: en su calidad de semiestados, esas empresas, tienen que adoptar también decisiones semipolíticas, como hoy en día se ve, claramente, en la tecnología genética, por ejemplo. Las cuestiones de si está permitido, y bajo qué circunstancias, experimentar con el material genético de los animales, e incluso de los hombres, son temas políticos absolutamente neurálgicos. En la realidad, los gobiernos nacionales son, si acaso, asesores en esa clase de cuestiones. La ejecutiva de los consorcios adopta finalmente sus decisiones sin su consentimiento y las ejecuta también del mismo modo. Si a una institución nacional se le ocurriera restringir el ámbito de actuación de una empresa, ésta se buscará otro lugar donde actuar. La cuestión ya no es, por tanto, si algo se puede hacer o no, sino simplemente, dónde realizarlo.

Por consiguiente, los agentes de la economía mundial adoptan decisiones políticas sin una legitimación político-democrática. Este vacío de legitimación es, por otro lado, una fuente de poder para los movimientos sociales. Éste es el punto en el que se centran. El movimiento contra la globalización, a pesar de no estar tampoco organizado ni legitimado democráticamente, es, para muchos, una especie de movimiento a lo Robin Hood. Por ejemplo, si se pregunta a los jóvenes cuáles son los agentes políticos que más estiman, conceden a los movimientos de este tipo –Greenpeace o Amnistía Internacional– los mejores puestos. Ello quiere decir que hay una paradoja entre poder y legitimación: los consorcios internacionales disponen de un gran poder y de una escasa legitimación. Los movimientos sociales, por el contrario, sólo tienen un reducido poder, pero una legitimación alta. Y el ritmo acelerado de la interconexión económica mundial acelera la caída de la legitimación de los nuevos amos.

Esta pérdida de legitimación del poder económico mundial representa un considerable potencial de politización. La carencia crónica de legitimación hace extremadamente frágiles a los mercados mundiales, ya que también los grandes consorcios están sometidos a relaciones de dependencia. Cuanto más se emancipen de los votantes o de las instituciones estatales, tanto más dependientes se harán de los consumidores, de los clientes y de los mercados. La credibilidad se convierte en un capital decisivo, pues los mercados mundiales dan por sentada la existencia de confianza de la opinión pública y de los consumidores. Como pongan en juego su confianza –tal y como le está ocurriendo actualmente a parte de la industria internacional de la alimentación con sus productos cárnicos– se puede poner en peligro la existencia de mercados enteros. La fragilidad de la confianza en los mercados de consumo globales muestra la fragilidad de la legitimación de los consorcios de actuación mundial. Éste es su talón de Aquiles.

Ésas son las miras de los movimientos sociales y también de los manifestantes que han alzado su voz en el congreso de Davos. Los programas informativos nocturnos en las televisiones mundiales pueden hacer que estas estrategias de provocación de los movimientos sociales obtengan muchas oportunidades y adquieran un gran poder. Las redes quieren poner al descubierto ante la opinión pública, con alfilerazos informativos, la contradicción que existe entre la maximización del poder económico mundial y la minimización de la legitimación del poder económico mundial.

Para las redes sociales, se trata de cuestiones esenciales para la humanidad: la destrucción del medio ambiente, los peligros económicos a nivel mundial, los derechos humanos, los derechos de los ciudadanos y la pobreza global no son “asuntos internos” de los Estados nacionales o de los consorcios internacionales. Por esa razón, es legítimo mezclarse en ellos. Por todas partes, a nivel mundial. Aunque los distintos grupos, y especialmente los del movimiento contra la globalización, sigan peleando resueltos por el proteccionismo y en contra de una interconexión mundial de la economía, su propio compromiso tampoco puede detenerse ante límites fronterizos. La lucha contra la globalización hace ya mucho que se convirtió en una lucha globalizada. Sólo su actuación dentro de una red mundial hace que los movimientos sociales se conviertan en la única oposición política a tomar en serio dentro del ámbito del dominio de la economía mundial. Los consorcios frente a los movimientos; éstos son los dos grandes bloques que se enfrentan a nivel internacional.

Para ello, el único instrumento de poder del que se pueden servir estas redes es la honestidad. En un mundo en el que se miente por principio, y no sólo ocasionalmente, todo aquél que diga lo que hay es peligroso. Los Estados y consorcios suelen tener un trato estratégico con la verdad, es decir, solapan las realidades que les perjudican, y propagan aquellas con las que se prometen obtener ventajas. Para este cometido se sostiene un aparato enorme y costoso. En su contra, el “poder de legitimación” de los movimientos sociales se basa en su credibilidad como productores de informaciones fiables.

Sabido es que hacer predicciones es difícil, sobre todo cuando se proyectan al futuro. No obstante, a raíz de la contraposición esbozada entre poder y legitimidad en la economía mundial, se puede extraer un pronóstico: a corto plazo, puede que triunfen las fuerzas proteccionistas, esa “coalición de contrarios”. Bajo su techo se revolverán agrupaciones con objetivos en parte contradictorios: nacionalistas, anticapitalistas, protectores del medio ambiente, defensores de la democracia y de la autoridad estatal, así como movimientos xenófobos. A largo plazo, sin embargo, una paradójica coalición entre los supuestos “perdedores” de la globalización económica (sindicatos, protectores del medio ambiente, demócratas) y los ganadores de la globalización (consorcios, mercados financieros, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio…) podría conseguir una revitalización, e incluso la invención de la vida política en el espacio internacional, porque ambas partes tendrán que reconocer, antes o después, que lo mejor para los intereses de ambas son unos sistemas de regulación supranacionales.

Los representantes de los trabajadores, los protectores del medio ambiente y los defensores de la democracia abogarán por unas normas de derecho internacional. Esto también es válido para las empresas multinacionales, o al menos para su fracción cosmopolita. A fin de cuentas, éstas sólo podrán triunfar a nivel económico bajo unas condiciones básicas que les garanticen a ellas y a los demás un mínimo de seguridad jurídica, política, social y, por tanto, también económica.
Una ampliación del compromiso estatal democrático-social que constituya el capitalismo nacional de la primera modernidad, que se abra al espacio multinacional, podrá finalmente garantizar también los intereses de los beneficios de las empresas. Ciertamente, el camino para llegar a ello es un camino inseguro y pavimentado a base de desmoronamientos. Pero actualmente hay ya muchos indicios –ya no sólo en las actuaciones de los movimientos sociales, como ahora en Davos, sino también en las actividades de empresas y gobiernos– que permiten empezar a entrever este nuevo mundo político.

*Ulrich Beck es catedrático de sociología de la Universidad de Munich

29 de enero de 2001

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